“Queremos mostrar que no somos peligrosos, que estamos en peligro”, afirman los realizadores de un documental realizado por niños y jóvenes de la villa de San Isidro. Y continúan: «No vamos a negar que la basura y la droga existen en la villa, pero haceremos hincapié en las historias silenciadas». Se trata de un proyecto encabezado por la Asociación Civil Empleo Joven que busca financiamiento para llegar a las salas de cine de todo el país con una mirada completa sobre la vida en la marginalidad.
Por Nic0lás Sagaian
Fotografía de Bernardino Ávila, gentileza de Fotografía-Página/12
Buenos Aires, mayo 28 (Agencia NAN-2009).- Los angostos pasillos de La Cava están impregnados de miles de historias, pero muchas de ellas no se conocen. No son comentadas en los grandes medios de comunicación las propuestas y proyectos de los jóvenes para sacar adelante al barrio ni los trabajos que desarrollan desde hace años. «La delincuencia, la violencia y la drogadicción» son las bases sobre las que se construye el retrato más visible, aunque está a la vista que no es la única realidad. Por eso, con la idea de contar “ese otro costado”, un grupo de pibes de la villa más empobrecida de San Isidro llevará adelante la producción y filmación del documental Chicos Rodando, como una forma de canalizar todas las inquietudes de los jóvenes del barrio y para permitirles que impongan en imágenes su propia visión de La Cava.
“Con todo lo bueno y todo lo malo, tratando de sortear los miles de muros simbólicos que aíslan, discriminan y excluyen a los pibes por ser pobres y vivir en el barrio”, sostiene Josefina Chávez, coproductora de la filmación y presidenta de la Asociación Civil Empleo Joven (Acej), que brinda apoyo y asesoramiento a los chicos para la realización del documental, ideado a principios de año desde un taller de comunicación que se lleva adelante los sábados en la villa. Allí, desde hace cinco años, con idas y vueltas, participan alrededor 30 chicas y chicos de entre 15 y 21 años, protagonistas centrales del documental, la investigación y la toma de imágenes: “Queremos mostrar que no somos peligrosos, que estamos en peligro”, afirman.
Para eso salen a recorrer los pasillos, desde la entrada hasta los lugares “más duros” de La Cava, con el objetivo de retratar “todos los aspectos en los que se ven vulnerados, para luego difundirlo y salir a buscar explicaciones y respuestas u opiniones, tanto entre vecinos del lugar como ante algunos funcionarios”, explica Chávez. Y de a poco lo van logrando. Aunque recién la recopilación y la edición de las filmaciones estará lista para agosto.
— ¿Por qué surgió la idea de hacer un documental acá?
— Porque a principio de año los chicos estaban enojados y sensibilizados por cómo los catalogaban los medios y lo canalizaron pidiendo un espacio de comunicación en uno de los talleres que venimos haciendo hace cinco años. Surgió como una idea mediante la que pretenden mostrar su realidad y evidenciar que tienen proyectos y quieren desarrollarse. Es decir, tienen muchas ganas, demasiadas, aunque también vemos que existen infinidad de condicionamientos que les complican su desarrollo y por eso, a veces, terminan cayendo.
— ¿A qué se refiere?
— Son varios los pibes que por todos esos condicionamientos simbólicos y físicos, léase discriminación o falta de recursos, terminan dejando la escuela, cayendo en la droga y en el delito. Pero ese ambiente lamentablemente tiene que ver con cómo viven. Porque quieran o no, los chicos siempre tienen alguien cercano con esas problemáticas. Y eso es lo que el documental también va a intentar contar y debatir. Remarcando que ese costado no es el único que conforma a La Cava: no todo es droga y delincuencia acá.
— Es decir que van a buscar romper con ese discurso que está muy afianzado en la sociedad que iguala al pobre con el vago o el delincuente…
— Claro, pero mostrando toda la realidad. No vamos a negar que la basura y la droga existen en la villa, pese que vamos a hacer hincapié en las historias silenciadas producto de distintos discursos que están instalados. Acá hay miles de chicos y pibes que laburan todo el día y nadie dice nada. Salen a cartonear y en 15 horas sacan 20 pesos ¿y de eso quién habla? Con el documental se van a contar esas historias, por ejemplo. Con la idea de que en un punto todos vean que es posible intentar salir adelante y cambiar la realidad. Es un camino que tranquilamente se puede transitar.
— ¿Y cómo harán para reflejar esa realidad de La Cava, sin caer en el discurso de los medios y por ejemplo, la imagen muy usada del pibe descalzo en el barro o jugando en la basura?
— Es que no vamos a caer en las imágenes sin contenido. En algún punto vamos a mostrar la droga y la pobreza, porque forman parte de la realidad de La Cava. Pero los chicos van a hacer un análisis mucho más amplio de lo que filmemos, no vamos a mostrarlas porque sí. Para eso en los talleres se van preparando la estructura argumental del documental, las entrevistas, el guión y las discusiones sobre el armado se van a seguir dando hasta la etapa final.
— ¿Cuál es la experiencia que tuvieron hasta el momento?
— Muy positiva. La verdad es que los chicos están llevando a cabo el documental casi sin ayuda y los vemos muy comprometidos, trayendo informaciones, ideas, vivencias y pensando todo el tiempo en contenido para darle forma al documental. También, en los talleres que hacemos los sábados, analizan cómo los reflejan los medios y plantean esta discusión: por qué no brindan recursos para leyes de promoción e inclusión de los pibes en lugar de reproducir un discurso que piensa encerrarlos desde los 13 años.
— En esa estigmatización constante de los habitantes de la villa, ¿qué tan difícil es problematizar la pobreza?
— Bastante, porque ellos viven cotidianamente eso. La vida de estos chicos es la estigmatización cotidiana. Salen del barrio y son apuntados porque la pobreza está criminalizada. Dentro del barrio a veces pasa lo mismo y es un tema que por los discursos mediáticos, políticos y sociales es muy complicado de tratar. Quizá lo digo en palabras muy universitarias, pero lo que ellos están planteando o lo que pretenden lograr es la redistribución del ingreso, cambiar la realidad. Están planteando tener la posibilidad de igualdad y piden a gritos que le den las mismas oportunidades. Eso se ve en el documental, por lo menos en el corto que fuimos filmando.
— ¿Cómo consiguieron los recursos, las cámaras o plata para rodar?
— En primera medida nos está ayudando la productora Urko Films, que nos está prestando algunas cámaras, pero en realidad estamos haciendo todo a pulmón. Los recursos los vamos sacando un poco de nuestra organización y también tratamos de no generar mucho gasto. De todas maneras, estamos apostando a que nos pueda salir un financiamiento a través del Incaa, exclusivamente para el rodaje y el documental, que luego de presentar un proyecto hace algunos meses al parecer podríamos conseguirlo.
— ¿Con ese financiamiento intentarán que el documental llegue a las salas de cine?
— Claro. Si sale ese financiamiento, nosotros podríamos conseguir un contenido de mucha calidad, para poder pasarlo en todo el país. Es decir dentro del financiamiento está esa parte de la difusión. Si logramos que sea fuerte vamos a poder cumplir uno de los grandes objetivos que tenemos con los chicos, para quienes también comenzaría a ser una posibilidad de trabajo y un comienzo para cambiar la dura realidad en la que viven.
— ¿Y a largo plazo qué objetivos tienen?
— Queremos que con esto se vaya realizando el mismo trabajo en otras villas del Conurbano o del Interior. Contar cómo viven, sus realidades y romper con el silencio, porque eso no sale en los medios. Así se permitiría contar la historia de miles de pibes silenciados. Para abrir la discusión del tema no sólo adentro de las villas, sino a toda la sociedad. Sería muy bueno y todo un avance que se comience a realizar una reflexión conjunta.