El filme, realizado por un grupo de estudiantes de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Plata y ganador del festival «Festifreak», reinterpreta el mundo desde una mirada animal. Surrealismo al palo.
Por Nahuel Gomez
Buenos Aires, marzo 11 (Agencia NaN-2013).- Hay varias maneras de dejar de lado lo preconcebido, los modelos e instituciones sociales que a uno le inculcan desde chico. En cualquier actividad creativa, pero principalmente en las artes, mirar la vida como lo haría un niño suele ser una alternativa válida. GRRR, el cortometraje dirigido por Manque La Banca y realizado en conjunto por un grupo de estudiantes de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Plata, va un poquito más allá: pretende mostrar las cosas desde un punto de vista animal; una perspectiva que intente simular la capacidad instintiva con la que los humanos nacemos, pero perdemos con el primer roce cultural.
El corto, ganador del último Festival de Cine Independiente de La Plata o «Festifreak», llevado a cabo en octubre último, hace una aguda crítica a los cánones del arte, a la industria y a la auto-censura escondida en las profundidades de la cultura que impone qué hacer y cómo. Para criticar eso, propone una narrativa no tan «establecida». Lo intenta desde imágenes oníricas, que remiten inevitablemente al surrealismo de Luis Buñuel, sobre todo por mostrar el patetismo del mundo de lo humano y sus formas, y, a la vez, ese temor morboso a la animalidad tan común en las personas. Las escenas de sexo y de desnudo de los personajes funcionan encarnando esa animalidad, construyendo una narración que conmueve, horroriza y altera los sentidos del espectador. El montaje, que por momentos toma un ritmo vertiginoso, golpea con las diferencias y matices en la composición de cada una de las imágenes de una manera sorprendente. El ambiente se completa con sonidos de animales que se cuelan por los parlantes, entre muchos otros ruidos y voces de difícil comprensión, que conforman una experiencia aún más perturbadora y psicodélica.
Lo narrativo y argumental es guiado por una voz en off, que en más de una vez muestra alteraciones, cambios en el ánimo percibidos en el tono del que cuenta. Lo que se escucha es una especie de juego de palabras constante, similar a un Motion Poem: esta chica cabeza de coneja/ cabeza de chica de cabeza de coneja o coneja con cabeza de chica/ odiaba a los putos caretas que estudiaban cine en sus universidades privadas. Es un estilo empleado con regularidad en el cine independiente de los últimos años, pero que germina en películas añejas, como Roma Ciudad Abierta (1945), de Roberto Rosellini. Mezcla el cine con la poesía, proponiendo una estructura literaria conformada por el ritmo de las imágenes y el de una voz que recita, muchas veces en consonancia con lo que se ve.
Más allá de las virtudes estéticas, lo destacable del filme es su rol meta-linguístico; funciona como un manifiesto filosófico y político desde el cine y para el cine. Los palos a las escuelas y a los cineastas que salen como por una la línea de montaje de éstas se presentan todo el tiempo, y golpean de la forma que más duele: con una obra alternativa.