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Cuando el morbo es tan solo una llave.-

Por los vagones del tren Sarmiento pululan historias –¿de ficción?– de gays, lesbianas, bisexuales, travestis. Hace 15 años que Gastón Almada las vende. Antes viajaron por el Roca y los subtes porteños. Allá por 1996, el joven amaneció un día con la idea de utilizar las literatura para “empujar” a la gente a comprender la diversidad. Su novia lo ayuda sostener la editorial Alterarte –S- tudios. “Lo que me seduce es el mensaje que puede llegar a las manos de gente que no”.
Por Nahuel Gomez
Fotografía de Federico Moscoso
Buenos Aires, enero 11 (Agencia NAN–2012).- Para el pavor de la dama y la indignación del caballero. Para el rechazo o el asombro. Para guardar y leer a escondidas. Para la señora conservadora o el pibe chorro. Para el lector frecuente, pero mucho más para el que aun no se asomó al mundo de los libros. Desde 1996, Gastón Almada escribe, edita y distribuye cuentos  y poemas para cualquiera que se halle de paso en los vagones de un tren.  Historias de sexo protagonizadas por lesbianas, bisexuales, gays y travestis, entre otras, que considera “impactistas”, son las que nutren a cada una de las publicaciones de Almada.
Alterarte-S-tudios es el nombre de la editorial autogestionada que Gastón conduce junto a su novia, también escritora, Gisela Deferrari. Pene XXL, Conchudas, Rouge, La bombacha apretaba sus testículos, Tortas…recetas con amor son algunos, entre muchos otros títulos, que publica la editorial. Se editan en formato de fanzine, en blanco y negro, y se venden (según él, de a miles por día) a 4 pesos por libro. Viene repartiendo todos los días desde hace 16 años; en un principio en subtes, después en el  ex Ferrocarril Roca, y por estos días en el ramal Sarmiento. Es por esto que este “cachivaliterato” –así es como se define- calcula que ya es el escritor argentino más leído de los últimos años.
La propuesta busca mostrar la diversidad como una manera de generar empatía, de empujar a las personas al simple hallazgo de permitirse ponerse en el lugar del otro. Gastón lo hace al escribir sobre experiencias que, aunque quizás no haya vivido, igual intenta recrear en un papel. Invita a compartir su búsqueda porque cree  que “la literatura o cualquier tipo de arte provoca en el individuo algo inevitable, el hecho de pensar; y si uno piensa está bien, pero si puede otorgarle eso al otro, es mucho mejor”.
Aunque Almada reconoce que le iría mejor “si vendiera poemas de amor”, la masividad lo acompaña inevitablemente y le permite llegar a un público heterogéneo, que muchas veces no está acostumbrado a tratar con libros–y mucho menos con este tipo de lecturas-.  “Imaginate un obrero comprando un libro de travestis, tiene su encanto. A veces sale muy bien y otras veces no, pero mi intención va más allá de que funcione o no”,  dice  y cierra la idea parafraseando a Todos Tus Muertos: “Lo que me seduce es el mensaje que puede llegar a las manos de gente que no”.
–¿De dónde surge la idea de crear tu propia editorial?
–Este es el problema de las entrevistas, no sé si mentir o no. Fue una casualidad, un día llegué de la costa en marzo y me hice un librito con el que salí a mentir a Cabildo y Juramento. Decía que vendía mis libros de poesía porque estaba por abrir un centro cultural. Estuve 3 o 4 días ahí y no me compraron nada. Cuando ya me estaba resignando me tomé el subte y me puse a vender ahí, llevaba veinte libros y vendí 17. La plata que gané la fui usando para editar más libros. Estuve  yendo y viniendo en el subte hasta 2000, cuando me fui al Roca y después al Sarmiento, hasta el día hoy.  Eso fue en un principio, hasta que en 2007 se me ocurrió publicar a otros autores que me gustaban, arranqué editando la antología  “Conchudas”.
–¿Cuál es la reacción de la gente al recibir este tipo de literatura?
–Desde “a vos quien te da derecho a darme pornografía a mí”,  hasta “sos un degenerado”. Pero también está el silencio del que te paga sin que nadie lo vea,  que no quiere ni el vuelto, desea nada más llevárselo y leerlo solo en su casa. Eso es encantador, el morbo es el encanto, está bueno generar eso y de paso incentivar a la lectura.
–¿Cuáles son los escritores que te incentivaron?
–No soy un gran lector, por lo menos no de grandes autores. Hace un tiempo me venían rompiendo las pelotas para que lea a Bukowski y a Miller, porque me encuentran un parecido con ellos. Yo no había leído a ninguno de los dos, y no los quería leer tampoco, porque si había un parecido seguramente ellos eran mejores que yo, quizás decían las cosas que yo quiero decir, pero de una manera mejor, y eso me iba a frustrar. No sé si soy parecido a ellos. En general tuve suerte,  mi biblia siempre fue Más allá del bien y el del mal de Nietzsche, con el que me topé de casualidad. Después me encontré con la obra de Sade: lo que me encantó del tipo fue que en sus libros te da morbo, te da chanchada, pero también te entrega mucho de su filosofía, de lo que quiere decir realmente. El tipo tiene un mensaje y te lo hace llegar enganchándote por otro lado.
–¿Y cual sería el mensaje que vos querés hacer llegar?
— Mirá, un buen ejemplo es el libro que escribí para chicos,  quería escribir algo así al ver que mucha gente adulta, incluso muchos que son como nosotros, gente con la que uno podría compartir cosas,  no agarraba mis libros. En cambio, los chicos siempre quieren comprármelos,  pero yo no les puedo dar mis libros a los pibes. Entonces cuando me propuse escribir pensé: ¿qué me hubiera gustado leer a mí de chico? Algo que nos pasa a todos es que vamos creciendo y creciendo y de repente nos iluminamos y nos damos cuenta de que somos hinchas de River y creemos en Dios, jamás lo decidimos, pero un día tenemos la remera puesta y estamos en misa. Entonces se me ocurrió escribir un cuento donde se incentivara al niño a elegir. Cuento un cuento donde llueven sándwiches completos de milanesa y todos dicen que es un milagro, pero se preguntan de quién es el milagro. Hablo de distintas religiones, cultos y demás, invento las religiones y doy opciones para elegir. Ese es el volumen uno del libro Juguetes, llamado “El libro del cuco”  y el volumen dos, que todavía no terminé, es  “Harry Poker y la piedra de Pasta Base”.  El volumen uno apunta al niño que tiene padres que le pueden explicar sobre ciertas cosas. En el dos,  trato de hacerle entender a los chicos que viven en medio de un mundo sin códigos, que un mono bien entrenado afana un celular y que hasta el más estúpido doblega a un indefenso estando armado. Trato de hacer llegar este tipo de cosas, ese es el mensaje.
–Teniendo en cuenta la repercusión que tuvo la reciente sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario ¿Notás alguna diferencia entre la manera en que tus textos eran recibidos cuando empezaste, en 1996, y ahora?
— Yo suelo decir que hago esto antes de que esté de moda el arte y el orto (risas). Por eso rezongo y por eso me peleo con casi todo el ambiente under. Por lo general es una pelea constante porque hay mucha gente imbécil, que porque mueve una pelotitas se cree que hace arte, o está el pelotudo que piensa que el artista es un ser más evolucionado de lo que sería un ama de casa o un obrero. Y eso me duele porque por mi trabajo conozco gente que es artista de la vida, sin que escriba, sin que cante, sin que toque nada.