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Cultura Profética en La Trastienda.-

Los boricuas ofrecieron una tripleta de conciertos en el intimista club musical de San Telmo, celebrando sus diez años de contribución discográfica al reggae panamericano. Un destacable aforo de 850 personas –entre las que se escabulló, saltó y vibró Agencia NAN— pudo disfrutar la semana pasada de una de las mejores performances del género. Tanto que la banda puertorriqueña debió volver a escena para ofrecer más canciones.

Por Adrián Pérez
Fotografía de Agencia NAN

Buenos Aires, octubre 7 (Agencia NAN-2008).‑ La expectativa de los 850 asistentes a la tercera velada ofrecida por Cultura Profética en La Trastienda puede ser bosquejada en un verso de “La noche vibra”, canción de M.O.T.A. (2005), su último disco de estudio. La sinopsis perfecta de una noche que dejó marcado el pasado miércoles como un cauce de ríos que se cruzan y no tienen desembocadura, un racimo de intensas sensaciones: “La noche vibra historia/dice que esta tierra es rica/Siglos de vibra/despiertan mi sorpresa/Canta la noche una sonrisa/que estremece y aquieta/Y se respira en el aire/el fresco olor del sereno”. Frases que compendian dos horas de entrega –con bis incluidos a pedido de los presentes, que no se retiraban del local luego de que la banda hubo dada por “finalizada” su presentación– en un paisaje musical que madura a paso de ritmos regados de matices pertenecientes a Brasil, Uruguay, Venezuela, Chile, Colombia y Argentina.

Y Puerto Rico, esa tierra que hunde su cuerpo en las aguas tropicales del Caribe, rodeada de mares turquesa, de frondosa vegetación, recostada casi en el centro de ese conjunto de pequeños jirones de tierra y arena, no sólo envió como embajadora de su arte a Mimi Maura. También regaló la fusión musical de Cultura Profética, que con un swing electrizante hasta la médula cocina a fuego lento su receta a base de raíces afro-caribeñas y reggae-roots, salpicados con pizcas de jazz, salsa, ska, bomba, mento y funk. Y que incluso no teme al sonido electrónico de sintetizadores y laptops. Todo eso, fundido en un abrazo que vibra y hace estremecer.

Un melange de ritmos y estilos acompasados, propuestos por Willy Rodríguez en voz y bajo; Eliut González en guitarra; Omar Silva en guitarra; Boris Bilbraut en batería; Juanqui Sulsona en teclados; Daniel Ramírez en teclados; Ilang Gutiérrez y Kiani Medina en coros; Eduardo Cosme en trompeta y Milton Barreto en saxofón. Y también una de las más completas performances de la escena del reggae en Latinoamérica, junto a los brasileros Natiruts, Tribo de Jah y Cidade Negra, Gondwana (Chile), o bandas vernáculas como Nonpalidece, Riddim o Dancing Mood.

Cincuenta minutos después de lo anunciado en las publicidades, una versión instrumental en clave introducción de “Siguiendo la luna” de Los Fabulosos Cadillacs inauguraba la presentación de Cultura, y pegadito, como si fuera un medley, le daba paso a “Ritmo que pesa”, corte de M.O.T.A. El primer rincón metafóricamente bello llegó en forma de canción con “Árboles” (Diario, 2002): “Estos árboles/ que no se llenan los bolsillos de aguaceros/que no sólo viven de verdes pensamientos amarillos/sino que le sacan puntas a las hojas/para adelantarse al rumbo venidero de sus frutos/Estos árboles/que aprenden con la lluvia a no mojarse los pies/aún cuando el agua les suba a la cintura”.

La delación artística hacia lo banal, superficial y plástico se hizo presente con las estrofas, el funk y soul de “Nadie se atreve”: “¿Y tú que crees?/ ¿Qué es lo que esperabas de mí escuchar?/No soy de esa gente que canta/y no piensa ni siente ni ve, no/Yo lo sé hacer, me sé expresar/La musa es mi razón de ser/Sólo se crear, a mis sentidos fiel/ nada comercial”. “Canción despojo” continuó la seguidilla musical con su base hip-hop y en la línea lírica de su predecesora, cuando de la voz de Boris Bilbraut brotaba: “So, entre el trajín del diario vivir/y los problemas/olvidamos que somos humanos/y que en las venas corre sangre/que este sistema es demasiado grande/donde muchos se hacen ricos/y otros mueren de hambre”.

Para darle descanso a la trajinada voz de Rodríguez, que pidió disculpas por un resfrío que lo tuvo a mal traer, Bilbraut lució sus dotes de cantante una vez más en la exquisita versión del clásico de Bob Marley “Is this love” (Kaya, 1978). Luego llegó “Rompiendo el letargo” (Ideas nuevas, 1999) y, a continuación, “La plaga”, donde el baterista dejó bien en claro lo que significa el difícil arte de batir los parches y cantar.

Promediaba el show y el clima de celebración y comunión entre Cultura y su gente no mermaba en absoluto. En el último tramo se escucharon “Canto en la prisión” (M.O.T.A.); “Enyoyando”, “Con truenos hay que hablar” y “Fruto de la tierra”, todas de Canción de alerta, su álbum debut de 1998.

Clima y profundidad, reflexión y trashumancia se desprendían de la boca de Rodríguez cuando alertaba en “Insomnio” (Diario) sobre la situación vivida por muchos por estos días, en forma de fotografía instantánea: “No se siente fresco/me estoy perdiendo en un viaje de humo de camión/Y hace tanto calor/calor de cemento/hace falta aire fresco/porque me estoy perdiendo/Me estoy perdiendo/en la ciudad de la prisa/la ciudad del consumo/la ciudad de las rejas/del bloquejo y del impuesto/La ciudad que es embudo”.

Para el final quedaron “Un deseo”, bellísimo corte de M.O.T.A., y “Advertencia” (Canción de alerta), una historia borrada de muchos textos de historia que describe el pasado, se inmiscuye en el presente y se vuelve canción: “En borinquen en tiempo de conquista/de los españoles esclavistas/no bastaba explotar a los taínos/Trajeron africanos a nuestra isla/los sacaron de su tierra querida/de la naturaleza que tenían/Les arrancaron la vida”.

Como corolario del show, una amalgama dorada de palabras, imágenes, olores y sonidos manchaba todo el salón con su luz, en el cierre que coronó la despedida de los escenarios porteños de la big band boricua. Sólo por un tiempo, porque para los amores que el arte sella con su musa no existen fronteras, idiomas ni bandera que los puedan separar.

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