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“La cultura no se clausura”

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Espacios autogestivos movilizaron a una multitud hacia Av. de Mayo para denunciar los cierres “ilegítimos” realizados en los últimos meses por el gobierno macrista. Fotografía: Pedro Braga Sampaio

Por Agustina Sulleiro

Esta vez la faja de clausura fue para la Jefatura porteña. Pero, en este caso, aunque simbólica, la medida fue justa. No como la que sufren muchos centros culturales que tienen que lidiar con la arbitrariedad de los inspectores de la Agencia Gubernamental de Control (AGC), quienes clausuraron alrededor de veinte espacios autogestivos en los últimos dos meses. Los trabajadores de la cultura atravesados por una misma coyuntura de persecución se juntaron y organizaron una movilización. El miércoles pasado, el Movimiento de Espacios Culturales y Artísticos (MECA), la Asamblea de Espacios Culturales en Lucha, y peñeros y milongueros independientes colgaron un pasacalle en la puerta del edificio del gobierno porteño que decía “Clausurado por obstruir el acceso a la cultura”. Además, cortaron Avenida de Mayo y montaron un escenario donde tocaron bandas. Esas bandas que, sin los centros culturales, tendrían graves dificultades para encontrar dónde tocar y encontrarse con su público.

Artistas, gestores, talleristas y espectadores formaron parte de una intervención multicultural en la que se bailó, se cantó y, sobre todo, se afirmó que “la cultura no se clausura”. La movida contó con innumerables adhesiones, como las de Espacios Escénicos Autónomos (Escena), Unión de Músicos Independientes (UMI), Encuentro Nacional de Espacios Culturales Autónomos (Eneca), Músicos de la Calle y Sobrevivientes de Cromañón.

Porque, más allá de la diversidad respecto a la programación, la infraestructura o las formas de organización, estos espacios entendieron que tienen muchas cosas en común. En primer lugar, allí es donde circulan manifestaciones artísticas participativas; experiencias autogestivas diseminadas por el territorio que esquivan la lógica mercantil dominante y que, juntas, conforman una escena independiente. Escena que habilita el entrecruzamiento entre disciplinas, que fomenta la creación colectiva, que desarrolla procesos de construcción social de la identidad porteña. Son organizaciones culturales, la mayoría sin fines de lucro, que se consolidaron como incubadoras de arte alternativo y de encuentro entre ciudadanos. Es bastante probable que por compartir estas características también sufren la misma problemática: las clausuras compulsivas.

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Los manifestantes colgaron un pasacalle en la puerta del edificio del gobierno porteño que decía “Clausurado por obstruir el acceso a la cultura”. Fotografía: Pedro Braga Sampaio

Ridículos. Así son los argumentos de los inspectores para cerrar estos lugares. La experiencia reciente del Café de los Patriotas es bien ilustrativa: lo clausuraron porque se estaba dictando una clase de tango gratuita y el espacio no tenía habilitación de baile. Habilitación que es para los locales bailables “clase C”: esto es, los boliches. O sea, los funcionarios de la AGC homologaron una clase de baile a un boliche.

“Conformamos una asamblea apartidaria donde se nuclean los espacios que sufrimos la persecución gubernamental; del encuentro surgió esta movilización multicultural, que es un puntapié inicial”, explica Sheila Loy, del colectivo Abrazo Abierto, de folklore y danza. En esta línea, Pablo Farías, del Multiespacio Pasco y miembro de MECA, sostiene: “Las clausuras dispararon discusiones internas y provocaron nuestra unificación. Si bien los lugares tenemos diferentes conformaciones, es muy fructífero trabajar con organizaciones diversas para llegar a un pedido conjunto”.

Las demandas de esta agitación artística son, ante todo, legítimas. Porque según la Ley 2146 de la Ciudad de Buenos Aires, la cultura en un derecho humano, y es función del Estado establecer mecanismos flexibles que impulsen la descentralización y la transferencia de acciones culturales y artísticas barriales a organizaciones vinculadas al arte y la cultura. Pues bien, si es el gobierno el que, bajo criterios arbitrarios y contradictorios, lleva a cabo una política de clausuras y multas (impagables en la mayoría de los casos), entonces no son los centros culturales sino la gestión macrista la que realiza prácticas ilegítimas. En este sentido, Franco Dorio, de la milonga El Gardel de Medellín, describe: “Los centros culturales son espacios donde se adquiere una conciencia colectiva a partir de trabajar en conjunto; son lugares de discusión donde uno aprende a organizarse con los vecinos. El gobierno se tiene que encargar de fomentar los centros culturales. Pero en lugar de contenerlos y protegerlos, los cierra”.

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“La intención es que no se desarrollen espacios de organización”, denunciaban mientras las bandas pasaban sobre el escenario. Fotografía: Pedro Braga Sampaio

Que quede claro: estos espacios están luchando para que las reglas sean precisas y explícitas. No se cuestiona la función del inspector en tanto garante de las condiciones de seguridad y habilitación. Porque todos —artistas, gestores y público— sufrimos el mazazo de Cromañón: se prendió fuego un boliche y, con él, una manera de vivir la juventud, de hacer cultura y, también, de legislar. Así, en la última década se fueron sancionando diversas normas que buscaron llenar el vacío legal relativo al funcionamiento de estos espacios: tras la emisión del Decreto 3/05 que creó la figura de “Club de Cultura”, se aprobaron las leyes 2147, 2542 y 2806 para “Salas de Teatro Independiente” en 2006 y, un año después, las 2321 y 2324 para “Clubes de Música en Vivo”, y la 2323 para “Peñas y Milongas”, entre otras. Resta incorporar al corpus legislativo una normativa específica para los centros culturales que contemple la multiplicidad de lenguajes que se despliega en estos lugares. MECA redactó un proyecto en esta línea y, para evitar el padrinazgo partidario, buscan 40 mil firmas para que la iniciativa adquiera carácter parlamentario.

En paralelo a esta discusión, es urgente que se conforme una mesa de diálogo entre referentes de estos espacios y el Ministerio de Cultura para encontrar una pronta solución a las clausuras. Objetivo un tanto difícil de alcanzar con un gobierno que plantea un proyecto político-cultural unilateral. Como afirma Lisa Kerner, de Casa Brandon e integrante de MECA: “Ellos quieren monopolizar su forma de hacer cultura, que consiste en organizar mega festivales y grandes actividades a las que les destinan millones de pesos. Pero somos nosotros los que trabajamos todos los días en los barrios, ejerciendo un rol social muy importante. Acá hay animosidad, ellos buscan que no trabajemos”. Lucía Conde, de Compadres del Horizonte y miembro de ENECA, coincide: “El gobierno protege sus propios intereses: no se mete donde tiene su industria cultural funcionando, sino que clausura los proyectos comunitarios. La intención es que no se desarrollen espacios de organización”.