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Culturama: con los pies sumergidos en el barro.-

La agrupación independiente de Florencio Varela –un distrito grande, pobre y de escueta coherencia política entre sus funcionarios– propone a la cultura como una herramienta de trasformación social, con participación de los vecinos, para modificar la “modorra generalizada” y reactivar la cultura y el barrio, tomando al concepto de la cultura como “algo que va más allá, que tiene que ver con el trabajo social, la transmisión de valores, la educación, la salud y todas las cuestiones que hacen a la riqueza de un pueblo”. Su trabajo es la antesala al trabajo práctico y cotidiano de los vecinos, “chicos” de entre 12 y 40 años.

Por Nicolás Sagaian
Fotografía de prensa de Culturama

En todo pueblo, grande o pequeño,
el pobrerío vive al otro lado de la vía.
Ahí, donde el humo de la basura que se quema
no alcanza nunca una altura digna.

[Jorge Durán]

Buenos Aires, febrero 12 (Agencia NAN-2009).‑ Al otro lado de la vía viven la mayoría de los habitantes de Florencio Varela, uno de los municipios más relegados del país que, como tal, pincela un bosquejo más que desolador. Como lo marcan las estadísticas oficiales, las carencias superan ampliamente a las suficiencias en un barrio en el que viven poco más de 400 mil personas, de las cuales el 54 por ciento subsiste por debajo de la línea de la pobreza, el 39 no tiene las necesidades básicas cubiertas y el 19 sufre un alto riesgo sanitario. Todo eso, sumado a que en algunas zonas ni siquiera llega el agua corriente, la electricidad y ni hablar de las calles de asfalto, termina de moldear una lúgubre pintura de esa dolorosa realidad que tienen que padecer los habitantes de Varela ante la vista gorda de las autoridades de turno. Por eso, en ese sinuoso terreno, con la intención de cambiarlo, trabaja desde comienzos de 2008 Culturama Re-activación Cultural, una agrupación independiente que propone a la cultura como una herramienta de trasformación social, con participación de los vecinos, para modificar esa “modorra generalizada” y reactivar la cultura y el barrio, “desde Varela hasta cualquier lado”.

Puede sonar raro hablar de reactivación cultural en un contexto como el reinante, en el que prima el individualismo y desde hace tiempo se dejó de lado el trabajo en y para la comunidad. No obstante, desde Culturama mantienen su compromiso social creyendo que ese objetivo es totalmente realizable. “Es una cuestión de despertarse y despertarnos para que la gente vuelva a tener una responsabilidad social y deje de esperar que le lluevan cosas de arriba”, le explica Emilse Moldován, una de las integrantes de la agrupación, a Agencia NAN.

La idea es simple y a la vez compleja: trabajar desde la cultura. Pero no entendiendo a la cultura desde el sentido común, lo que llevaría a cualquiera a pensarla sólo como una institución relacionada con el arte y el divertimento, sino algo más profundo: “Tomando el término cultura como algo que va más allá, que tiene que ver con el trabajo social, la transmisión de valores, la educación, la salud y todas las demás cuestiones que hacen a la riqueza de un pueblo”, remarca al unísono con el grupo, dejando explícita toda la labor social que existe por detrás del concepto.

Por ello, desde ese convencimiento, arraigado en esas bonitas pretensiones, utópicas quizá, la máquina de la organización comienza a engranar. Y las ideas no terminan muriendo como meras palabras, sino que se materializan en la realidad. Porque desde al año pasado, se cuenta en la lista de proyectos realizados por la organización una pila muy variada de actividades, que van desde una jornada de concientización para el 25 de Mayo hasta la refacción de una salita barrial. Desde actividades callejeras hasta talleres de alfabetización. Desde jornadas literarias hasta la creación de una sociedad de fomento. Y desde cursos de teatro hasta encuestas para conocer las necesidades de los barrios. Una serie importante de movimientos, que muestran con claridad que la agrupación tiene los pies bastante sumergidos en el barro.

“Se trata de abrir posibilidades, que lamentablemente escasean, sobre todo en Varela, con el objetivo de que conozcan lo que es un taller de teatro, aprendan música y además se concienticen de que es posible trabajar para el barrio”, puntualiza Leonardo Ojeda, otro de los miembros de la agrupación integrada por “chicos” de 12 a 40 años y más. “De todas maneras, la idea no es que trabajemos nosotros por nuestra vocación. La idea es más profunda: reactivar. Que el barrio se reavive y reaparezca esa solidaridad y que la gente se pueda juntar sola a hacer lo mismo u otras cosas”, ilustra Leonardo, dejando en claro que ellos sólo marcan el camino que pretenden surcar como antesala de la labor continuada por los vecinos.

De esa unión “en el camino” crece Culturama. Aunque su nacimiento, en el barrio La Colorada –a 3 kilómetros del centro de Varela-, fue a principios de 2008. De ese transitar progresa, trabajando hombro a hombro y ayudado por los vecinos, en los distintos barrios de ese distrito del Conurbano Sur. Y de ahí se completa, “con ese trabajo en conjunto”, como ellos sintetizan.

Como cuando para el Día del Niño, con el apoyo y la ayuda de la gente, pudieron llevar a cabo una jornada distinta, como las que no se veían hacía casi 20 años. Claro, créase o no, desde la década de 1980 que no se hacía algo parecido en ese barrio: simplemente una tarde diferente, para que los niños disfruten su día con payasos, juegos, globos, juguetes, caramelos y demás. “Algo inolvidable, que hicimos por iniciativa propia, pero que tuvo mucha repercusión en los vecinos. Unos compraron chiches, otros consiguieron leche, galletitas y facturas para que los chicos puedan tener una merienda, nosotros confeccionamos unos trajes de payasos, armamos los juegos y le pedimos un terreno a un vecino del barrio. Y así se hizo, todo de la mano”, detalla Emilse, que le tiende un mate al cronista.

“Sin embargo -interviene Alejandro Disiullo, otro de los involucrados- lo esencial de esa jornada (en la que disfrutaron casi 80 niños) fue, además, que teníamos carteles para concientizar que había muchos derechos de los chicos que estaban, y están, olvidados”. O sea, una vuelta de tuerca a todo lo lindo que representaba el festejo de ese día.

Desde la agrupación le dan un giro, una perspectiva distinta a todo, entre ello, a la idea de trabajo social. Porque no lo toman desde el asistencialismo, que muchas veces se hurta desde lo político, sino desde otro sitio. “Y eso no quiere decir que estemos en contra de los comedores o de la ayuda social, sino todo lo contrario. Nosotros lo que no queremos es pan para hoy y hambre para mañana. No queremos hacer algo que siempre llega un punto en el que no lo vas a poder hacer más. Tampoco queremos ningún tipo de poder. La idea es otra”, sostiene Alejandro y vuelve nuevamente al concepto central que embandera al grupo: reactivar.

¿Y cómo no imaginarse la posibilidad de esa reactivación, de ese resurgimiento, si en jornadas como esa del Día del Niño y cuando se refaccionó la salita, la respuesta de la gente fue mucho mayor a la esperada? Díganselo a los integrantes de Culturama, esos seis “bichos raros”, como se caracterizan, maestros, músicos, artistas y estudiantes, que transitan este camino acompañados por más de una veintena de colaboradores estables, entre ellos, sociólogos, médicos, trabajadores sociales, a los que se suman copartícipes pasajeros. ¿Cómo quitarles la esperanza en un barrio como Varela, en donde, si estos movimientos no hacen algo, los funcionarios de turno –ahora al mando del intendente Julio Pereyra- se quedan de brazos cruzados? Todo tiene que nacer de ellos y de los vecinos. Y de lo que puedan hacer como objetivo a largo plazo. No pueden depender de nadie más que de ellos mismos.

Y ellos lo saben. Por eso surgieron. Pese a que aquel proyecto “ya estaba latente” desde hace algunos años, “en la cabeza de alguno”, y recién prendió a comienzos de 2008. La idea era comenzar con el movimiento desde un centro cultural en el barrio, La Colorada. Pero con el tiempo entendieron que su trabajo no necesitaba un lugar fijo. Si bien “una de las necesidades más grandes de Varela es la construcción de nuevos lugares culturales y sociedades de fomento”, ellos entendieron que “el trabajo era otro y se hacía caminando”. Aunque en la Casa de la Cultura municipal no alcancen las vacantes para los cursos y talleres, y de inmediato haya que rescatarla para que no siga siendo pisoteada. Y supieron leer bien el contexto, porque ese centro surgió solo, después de caminar y de todos los trabajos realizados: ahora están encargados de la flamante sociedad de fomento del nuevo barrio Santa Rosa, en las afueras de Varela. Una nueva opción más para los vecinos.

Entonces, ese camino del arte, que se mezcla con la labor social, parece mucho más real. Y surgen nuevos proyectos, como la creación de un museo barrial, para recuperar datos, personajes, mitos urbanos y “sobre todo la identidad”. Surge la idea de organizar un festival o un carnaval. No obstante, desde Culturama aseguran que todavía no se hizo demasiado: “queda mucho por recorrer, queremos llevar estas movidas a todos los barrios. No sólo de Varela, sino de otros lados. Es poco lo que hicimos por el momento, se puede hacer más”.

Para algunos quizá sea demasiado, pero para ellos es poco. Porque empiezan a vislumbrar otros horizontes, empujados por esa utopía que los ayuda a caminar. Y aparece la idea de funcionar en otros barrios, como en Lanús, donde se están asentando, y se asoma otra idea más. Quizá la más relevante, que surge desde el inconsciente: la de intentar borrar a largo plazo, esa división marcada que produce la vía, “con el objetivo de que la sociedad progrese”.

Sitio: http://culturamaong.blogspot.com