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«somos un espacio de arte, no una banda»

dietrich

Es poco probable que al recorrer los cientos de espacios de Buenos Aires que le dan lugar a músicos del under uno se encuentre con grupos que apuesten por armar shows “integrales”, donde la música sea el elemento central, pero también pueda conjugarse con la iluminación, la escenografía o el vestuario. Algunos aducen falta de presupuesto. Pero donde hay dinero tampoco intentan demasiado. Las dos grandes excepciones del under para quienes buscan este tipo de experiencias quizá sean bandas que, desde sendos estilos, vienen cautivando desde hace años por su despliegue escénico: Proyecto Gomez Casa y DIETRICH. Esta última, con su apuesta por el ambient, por las luces y el humo, por mantener en el misterio las caras de sus integrantes, es una de las pocas bandas argentinas que puede transportar al público hacia otra galaxia. ¿Rock espacial? Sí, pero no sólo por la música.

 

Es por eso que no alcanza con describir la tarea realizada con DIETRICH (2010) y Providencia (2014), sus discos de estudio hasta el momento. Estas dos placas, de tracks largos pero trabajados hasta en detalles mínimos, son sólo un punto de partida para la expresión del grupo. Los recitales de DIETRICH son una obra,en sí, una que guarda semejanzas con lo hecho en el estudio, pero que principalmente funciona como un punto de partida para abrir un abanico de sensaciones. Extrañamiento, asombro, hipnosis, encandilamiento; no basta con tocar en vivo un disco de punta a punta para hacer sentir todo eso. Y los integrantes de DIETRICH lo saben.

 

“Desde un primer momento DIETRICH fue concebido como un espacio de arte, no como una banda. No es que tengamos un problema con dicha palabra, pero siempre nos pareció un tanto simplista definir un espacio así como una simple banda. DIETRICH es un proyecto artístico, un espacio donde podemos unir muchas disciplinas”, conceptualiza Hakinen, quien junto a Frisco dio inicio al proyecto en los estudios, para después integrar a Rodo, F. Cobo, Gomez y Komarck y salir a las pistas.

 

Una vez que encontraron la música, se sumó la literatura “para dar nombre y orientar a quien la escuchara por el camino que queríamos mostrar”. La fotografía “para dar imágenes a estas creaciones”. Al poco tiempo vinieron los shows en vivo, “momentos únicos donde podíamos no sólo interpretar los sonidos, sino también nuestras propias sensaciones”. En ese momento sumaron la iluminación y la ambientación. “Creemos que un show de DIETRICH no es un show, es una intervención que nosotros realizamos al lugar donde nos presentamos. Dicho esto, en una intervención de DIETRICH la experiencia comienza desde el momento que uno entra al lugar. Desde la música que suena para recibir a la gente, hasta la que suena al retirarse”, resume Hakinen.

 

 

—A simple vista se nota que la mayoría de las bandas del under —y en ocasiones del mainstream— argentino no se preocupan por generar una experiencia integral que trascienda lo musical. ¿Por qué creen que sucede esto?
—Creemos que la música ha sido muy bastardeada. Se la movió de lugar, se la pasó del grupo de las artes al grupo del entretenimiento. Las bandas no suelen preocuparse porque lamentablemente en el under deben preocuparse por muchas otras cosas. En el mainstream es más por un caso de mediocridad, el mainstream nacional es mediocre, hace ya muchos años. El under no, pero son tantos los obstáculos que a la hora de elegir los músicos agradecen poder tocar y dejan de lado todo lo demás.

 

—Siguiendo esta línea, en sus presentaciones suele jugar un papel importante el uso de la luz. ¿Lo planifican ustedes? ¿Qué es lo que buscan en ese aspecto?
—Sí, lo manejamos nosotros. Tenemos gente de confianza con la cual nos asesoramos y con la que planificamos los shows. Todos los shows son diferentes. Buscamos impactar. Llevarte a otro lugar. Que te olvides de dónde estás parado y te vengas con nosotros a nuestro mundo.

 

—Se han presentado en vivo con bandas integrantes de Sadness Discos y han tenido numerosos shows en Niceto. ¿Son de seleccionar por cuestiones estéticas, de comodidad u otras con quién y dónde tocan?

—Hace ya dos años que preferimos tocar solos. No es un cuestión de compartir, sino más de practicidad. Al planear tanto las intervenciones nos sentimos más cómodos siendo sólo nosotros en el escenario y así poder dejar todo listo. Solemos compartir fechas con DJ ‘s y productores para que ambienten el antes y el después de la presentación. Nos resultan claves estos momentos, permiten que la experiencia sea completa.

 

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—¿Hay una mecánica de composición? ¿Cómo es el paso a paso del proceso creativo?
—No sé si se podría llamar mecánica, porque al ser todo tan intuitivo la música fluye. Pero sí, dentro de esa dinámica suele haber situaciones que se repiten. Alguien trae una idea, pueden ser dos acordes, y comienza la producción. Alguien canta sobre ellos, otro mete un bajo con el sintetizador y los de afuera dirigen. Hay cierto orden, pero no tanto. Lo que sí podemos asegurar es que no somos rápidos. Una canción suele tomar entre dos a cuatro meses para estar 100% terminada. E incluso en estos casos suele seguir sufriendo cambios.

 

—Si bien sus canciones son prácticamente todas instrumentales, en los títulos se vislumbran mensajes filosófico-políticos. Me refiero a canciones como el “El triunfo del hombre común”, que pareciera evocar a la obra de Ortega y Gasset y “Ejército del Norte Sur”, que remite a las batallas independentistas. ¿Hay un discurso de este tipo? ¿Cuáles son sus ejes?
—Efectivamente lo hay. Es nuestra intención mostrar nuestros mundos con los títulos de las canciones. Pero no tenemos ejes. En el 2010 estábamos muy metidos leyendo sobre historia argentina y eso llevó a muchas ideas, hoy estamos más conectados con otras cosas y el día de mañana quién sabe. Fluímos. Nunca sabemos qué libro, tópico, o tema nos puede inspirar.

 

—¿De qué manera se trasladan las influencias extramusicales (literatura, cine, historia) a la música cuando las canciones son instrumentales?
—Fluyen. No las podemos dominar, sólo las dejamos salir y las abrazamos. No las forzamos. Ellas salen y luego nosotros las codificamos y generamos las uniones.

 

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—¿Cómo es la relación con el sello Sadness discos? ¿En qué los ayuda?
—En la actualidad puramente de amistad. El sello nos ha representado en el pasado, y hemos sabido ir de la mano, nos ha ayudado mucho y nosotros a él. En el presente tenemos una muy buena relación pero desde que comenzó el 2016 hemos decidido continuar solos.

 

—¿Cuándo sale el próximo disco? ¿Qué están preparando?
—El próximo disco comenzó cuando terminamos Providencia. Hay ya mucho material. En este momento estamos entre la composición y el descanso. Hace nueve años que DIETRICH no frena. No estamos frenados ahora pero sí menos acelerados. La calma antes de la tormenta. En breve volverá el acelere y las ideas se materializarán en un disco. Este será un disco más directo. Será nuestra obra mas fuerte hasta ahora.

 

 

 

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