Por Luis Paz
Buenos Aires, mayo 16 (Agencia NAN-2011).-
Así en Barcelona como en Buenos Aires, el mestizaje es un caldo de cultivo en el que se incuban demasiados organismos sucedáneos a Manu Chao y muy pocos descendientes de la combinación de su fuerza, su capacidad melódica y su abierto albedrío. Puede que en la combinación de ritmos latinos, reggae, ska y punk exista a esta altura la imposibilidad genética de una frescura. Y lo peor, parece haberse puesto un punto final en la evolución intelectual de esta música. La banda 13H, nacida con la crisis en el barrio limítrofe de Barracas, puente de troncos entre la ciudad de Buenos Aires y el conurbano sur, no viene a enterrar ninguna de esas ideas, pero su disco debut trae las suficientes paladas de agilidad, contundencia, angustia adolescente, mambo y policromatismo como para reservarle a este octeto de juventudes encontradas un lugarcito en la huerta de discos.13H es una banda que está a favor del amor, del sudor, de la despenalización, del autocultivo, de la unidad y la resistencia latinoamericanas y de la música festiva con posibilidades reflexivas, y en contra de la prohibición, del cipayismo, de la hipocresía y del peine: la mitad de sus miembros usa el pelo rapado y la otra mitad, dreadlocks. Cone, Tío, Duende, Chris, Keni, Chueko, Negro Pedro y Facu, con esos apodos tan singulares y universales, catalizan en este primer disco una decena de temas tan deudores de sus influencias (todo cruce de ska con punk, desde NOFX a Sumo, de los Cadillacs a los gloriosos Operation Ivy) como energéticamente propios: todo este bloque de tres cuartos de hora de música está revestido de instantaneidad festiva, tropicalismo urbano, raggamufinismo hardcore y llamados a la no concordia con las metas y necesidades impuestas.
Pero a todo momento enfrentan un peligro: su raíz en esos temas los expone a cierta liviandad adolescente para encarar sus realidades poéticas de un modo maniqueísta, por el que lo común es que la Maldad sea el problema y la Bondad, la solución. En un nivel más profundo, sin embargo, la simpleza es bastante excusable cuando versos como «reggae in primavera caminando en Costanera», de la dulzona «La manija», proponen soluciones concretas para la única revolución que la clase media y los profesionales que se consideran obreros están mostrándose dispuestos a hacer actualmente, que es la de pintar el frente de la casa que alquilan para pintar el mundo.
En lo profundo, su mensaje convence, más allá de escepticismos, gracias a lo que en definitiva hace que se trate de una banda y no de otro grupo de voluntarismos no orgánicos. Es decir, su música. Como en lo más notable de Kapanga o Karamelo Santo, la cordialidad de momentos como «probé un tiempo de albañil, uh oh no no» agarra cierta velocidad en sus irrupciones de poder y se matiza en sus cambios de ritmos, afincados muchas veces en momentos de raggamufin explícito, halos de rocksteady y claves de ska para fiestas de quince.
Babylon, la cannabis e Irak aparecen (obviamente) nombrando a lo que acaban siendo los tres macrotópicos de su relato musical: la relación del hombre con la sociedad, la naturaleza y los derroteros políticos. Si son encarados desde un manifiesto de banda como «Marihuano», un llamado a la paz como arma de construcción masiva como en «Gente» o una crónica de calle como «Pajarista», no interesa demasiado: en las texturas que 13H abarca, se desarrolla musicalmente con buenos resultados; los juegos vocales son algo toscos, pero están lo suficientemente pulidos y bien entramados, y aunque su plan tímbrico vaya por dos o tres vías, las caminan con buena gracia.
Completa este no sorprendente pero sí muy simpático disco una presentación que también va en la misma línea de revisionismo de género, con un collage de identificaciones simples (una trompeta, un corazón, un tótem o una hoja de cannabis valen igual para entender los conceptos), pero bastante destacable en comparativa con otras presentaciones similares. Allí es donde 13H termina de aparecer como un grupo que tiene mucho en común con muchos otros, pero también un par de cosas que no es común en aquellos. Dos virtudes que, curiosamente, se corresponden con sus rasgos distintivos: su naturaleza noble y su fortaleza de espíritu musical. Lo demás es ir a verlos, bailarlos y volverse en colectivo pensando en tirar tus zapatos y ponerte a preparar una huerta donde cultivar tus propios tomates.
Sitio: http://www.13hska.com.ar/