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sobre hijos, aguas en llamas y poesías trancas

reseñas

Fotografía: Federico Rotstein

AGUA ARDIENTE – LOS ESPÍRITUS

Como un flete robusto de chapas oxidadas, el tercer larga duración de la banda comandada por Maxi Prietto y Santiago Moraes suena como el soundtrack de una road movie de Conurbano donde las paredes yacen sin rebocar y las incertidumbres están pintadas de amarillo. Lejos de las pretensiones plásticas que hacen pico en los billboards, Agua Ardiente acrecienta el carácter aurático y visceral de su predecesor (Gratitud, 2015)  y nos sumerge en un ambiente de cuerdas inquietas y ruidos sureños de una América linchada por el calor del verano que pasó y el capital que enhebra ilusión a suerte de derrames. “La rueda alimenta a unos pocos, para nosotros no hay más que palizas y entretenimiento”.

 

Grabado en estudio El Attic por Patricio Claypole, el disco deambula entre vaivenes de groove, bajos copeteados y ganchos piolas de psicodelía. Entre la lírica que relata cotidianeidades, un estilo de blues despojado y frenético se condensa sólido en una obra que se consume en el otoño llano. El fuego sagrado de las diez canciones se propone intacto en lo más parecido a la performance que muestran sobre los escenarios. En este marco, las brumas rockeras dicen presente con algunos tintes rioplantenses.

 

El resultado del flamante albúm del grupo que se completa con Miguel Mactas, Martin Ferbat, Pipe Correa y Fer Barrey es un frenesí de 45 minutos que se hace monolito de los leones de Manal y del folclore de los cosquines menos eclipsados.  “Como mares que quiebran las rocas / O huracanes que llevan las olas / Así de fuerte somos”, la frase corresponde al primer track pero bien podría servir como epílogo./Walter Sosa.doc

 

 

EL HIJO PRÓDIGO – LIMBO JUNIOR

 

Las películas, periodismo, autogestión, una ciudad de diagonales, calvario, visión panorámica y el tempo motorizado en la vertiente. Sintetizadores también. Los ejes están por doquier y como alegorías de la vida que te adopta un bajón o te enchufa de nostalgias símiles sin ponerte Coca-Cola en los vasos, El Hijo Pródigo nace de la post-desfachatez, del sin-fin de la historia y de la soledad de las distancias de la casa de tu vieja. El segundo álbum de la banda nacida en La Plata es un muestrario de canciones de melodías grises y ensueños sonoros retros rotos. Bajo el umbral conceptual producido a partir del videoclip de “La vida de Brian” (del álbum anterior: Club Secreto, 2014), la flamante obra se estructura en cinco canciones, una intro y un final instrumentales que brindan un climax de sospecha y regocijo.

 

Con una estética pop a base de pantallas olvidadas, la banda de Juan Artero, Axel Inda y los hermanos (Salvador y Juan) Barcellandi hace militancia de los días desperdiciados, del 2001 y los comedores escolares, del agradecimiento a la luz por el cine, de los fantasmas del coach y la ausencia de vientos, y de la conciencia de ser jóvenes y tener cicatrices. Las canciones parpadean cierto clasisismo new wave, algunos puentes son propicios y se destacan las guitarras elípticas y el uso de artificios electrónicos.  Una muestra de coraje fino y encantador propia de la era de mucha música en las nubes./Walter Sosa.doc

 

 

 

ROCK AND ROLL TRANCA – ANDROIDE MARIANA 

 

Pasaron seis años del debut en Camboriú y el público se preguntaba si ya habían colgado los botines. El cuarteto de zona sur se tomó un tiempo de retiro junto El jefe hippie, cargó GNC, pidió Salchicas con pan y una botellita de yogur con L.Casei en el Am/Pm y dejó los meteoritos en el baño público. Volvieron a los ensayos, entre partidos de fútbol cinco, y en marzo confirmaron: “Rocanrolerox100pre”.

 

El primer corte de Rock and Roll tranca, el segundo disco de Androide Mariana, marca el cambio de táctica: hay tiempo para jugar con la música, para que el 10 con su guitarra (Leandro Quiroga) cree ambientes lisérgicos apoyado en a las paredes levantadas por Luis Paz (bateria) y Beto Galápagos (bajo). El partido arranca así nomás, con el tema más largo y único instrumental de la banda. Y sigue tranca, con el tema hómonimo del disco, cuando aparece con protagonismo la voz histriónica (Ezequiel Visconti). El 9 sabe que “Todo el mundo quiere flash”, entre Los del Fuego y Babasónicos: rock, pop, conurbano sur y un poco de lentejuelas.

 

El tiempo fuera de las canchas maduró otros tempos, pero todavía se sienten unos pibes en la “Pensión atómica” y se animan a “El shake”. En esos temas, Androide recupera el despliegue, el juego de las primeras épocas: el origen indie intacto y la capacidad de acelerar con potencia sin perder la prolijidad en la ejecución. La camiseta transpirada, el cuchillo entre los dientes./Nahuel Lag.doc

 

 

LA DUEÑA DE MI POESÍA – PABLO GRINJOT
Pablo Grinjot anda “con un cuaderno buscando la manera para escribir lo eterno en el silencio del ruido moderno”, como dice un fragmento de “Maniquí”, tal vez la canción más pop del disco. Sin embargo, lo del Grinjot es una “milonga playera”, es decir, una milonga criolla bañada de mar uruguayo pero con los pies enterrados en este lado del Río de la Plata. El cantautor, pianista y violinista argentino le rinde en su nuevo disco un tributo a la gran musa inspiradora: la canción pura. El material fue editado en formato libro de poemas por la editorial Alto Pogo. Si bien el eje está puesto en la música, el libro ofrece las letras de las canciones, unos apuntes del periodista Martín Graziano, prólogo de Daniel Melingo, un texto de la escritora Macarena Moraña y dibujos de Ale Sequeira. Con una formación en música clásica, Grinjot construyó un sonido que dialoga tanto con el rock —una cuestión de pertenencia generacional— como con la música criolla —de Yupanqui a Zitarrosa, pasando por Fernando Cabrera, el Príncipe y Melingo—. El resultado es una canción con predominio en la instrumentación acústica (cuerdas y piano clásico) y una poética sensible que recurre al amor y sus desencuentros. En este disco, en particular, se respiran aires de candombe (“Vanidad arrabalera”), milongas preciosas como “Corazón” y “Casas círculos” y sentidos pasajes en voz y piano, como “Tren llegando”. Otra con vuelo propio es “Peronismo y Cultura”, un diálogo entre la política y la música./Sergio Sánchez.doc

 

 

LA SAN LLAMARADA: 8 CANCIONES DE LINARES CARDOZO – POL NADA

 

Pol Nada es uno de esos músicos difíciles de definir o poner en comparación. Y ahí radica, tal vez, la riqueza de su obra. Pablo Jacobo, tal su nombre verdadero, es un músico versátil que deja su sello personal tanto cuando compone como cuando interpreta. Nació en La Paz, Entre Ríos, pero hace veinte vive en Rosario, con estadías también en Buenos Aires. En este disco, Pol Nada tradujo el universo folklórico, paisajista (pero no ingenua), existencial y tradicional del emblemático músico entrerriano Linares Cardozo (1920-1996) en un código contemporáneo, pop y urbano. Una lectura respetuosa que va más allá del hecho artístico. Este trabajo es una excusa también para reencontrarse con sus raíces musicales y proyectarse desde ahí.

 

Editado por Fértil Discos y Mamboreta Records, la canciones que integran el disco son “Como los pájaros”, (“Soy como la calandria que florece en su decir, antes que verse apresada prefiere morir”, dice Linares), “Ausencia de río con luna”, “Canto a la paz” (una oda al entrerriano paceño), “La palma con agua”, el chamamé “Peoncito de estancia”, “Canción de cuna costera”, “Lázaro blanco” y “Carrerito del Montiel”. Todas atravesadas por la voz oscura pero optimista, serena y misteriosa de Pol Nada y la resonancia actual de los delays y reverbs digitales. El músico y psiquiatra ya había hecho un “experimento” similar con canciones de Patricio Rey, He estado en varios lugares a la vez (2011). Lo realmente valioso de Pol Nada es que logra convertir en otra cosa cada versión. Una nueva composición, sin más. Nada de covers. Se las apropia y propone algo distinto./Sergio Sánchez.doc

 

 

HALO – JUANA MOLINA

Alrededor del lanzamiento de Halo (Crammed Discs), el séptimo disco de Juana Molina, se empezaron a mover estructuras. La salida del seguidor de Wed 21 (2013) se acercaba, y la intensa campaña de pre-promoción logró hacer que la mirada penetrante que protagoniza su arte de tapa aparezca en todos lados. Pero Halo llegó y develó otro misterio: un sonido introvertido y disperso. En uno de los trabajos más austero de su discografía, Juana funde tonos y colores fríos con su calidez natural. La ambición de sus últimos discos se rememora con la suavidad de sus primeros, Tres cosas (2002) y Segundo (2000). Si se puede seguir su discografía como un progresivo descacaramiento de su persona, Halo es una develación a puro hueso: una abstracción esquelética.

 

A pesar de ser su primer disco con una banda estable que la acompañe, Halo es disperso y tiene mucho de Juana sola. Después de la fuerza de composiciones como “Un día” o “Ay no se ofendan”, que construían sus climas eufóricos a través de la repetición, las canciones de Halo se enfocan en una árida búsqueda de texturas. Momentos excelentes como “Paraguaya” o “Cálculos y oráculos” tienen espacio para respirar un aire de creatividad desprendida. Será porque el trabajo más sustancial del dúo que la acompaña, el guitarrista/tecladista Odín Schwartz y el baterista Diego López de Arcaute, está en el otro extremo del estudio. Schwartz co-produjo el disco junto a Eduardo Bergallo en el desierto de Sonic Ranch. Parte de su trabajo parece haber sido darle un lugar a Juana para que irradie por sí sola, saber capturar con precisión sus ideas íntimas. En ese sentido, canciones como “Lentísimo halo” demuestran este método de desvestir de arreglos la composición, dejar lo esencial, y trabajar desde ahí.

 

La fuerza de la banda también se hace sentir, especialmente en las piezas cuasi-instrumentales “In the Lassa” o “A001 B01”. Este año se van a cumplir cuatro desde que vienen tocando juntos por todo el mundo, y esas canciones concretan la química de sus improvisaciones juntos. Todos los que fueron a una de sus presentaciones en vivo saben que Schwartz y López complementan muy bien con el estilo de Juana, pero en Halo ella también demuestra que no necesita a nadie para zapar, como en los finales de “Sin dones” y “Cara de espejo”.
Las letras dispersas se centran en relaciones que van y vienen, se prenden y se apagan. En “Paraguaya” se prepara una poción de amor que después se revierte, en “Cosoco” aparece una atracción mutúa cuyos tiempos nunca coinciden. Esta narración está también simplificada como dualidad en los cambios del “yo” a “vos” de “Cálculos y oráculos”. Más que una indecisión, las idas y vueltas de las letras forman una circularidad, una especie de limbo que remite a “una claridad inesperada” como en “Sin dones”. “Algunos dias irás, algunos días iré” concluye Juana en “Estalactitas”, la culminación de esta relación “que alguna vez nos pareció eterna”.

 

Es difícil hablar de una nueva dirección o un nuevo sonido en el séptimo disco de Juana. Están la repetición y la búsqueda de texturas que siempre la obsesionaron, pero esta vez estos recursos tienen una función incidental, casi natural. Hay momentos que la presentan en una claridad inédita, por más que lo que está cantando siempre estuvo en el corazón de todo lo que hacía. Halo es por ahí el registro más fiel de lo que es su estilo único y personal, la inmersión a un lenguaje que le llevó toda su carrera afirmar./Eric Olsen.doc

 

 

escucha@lanan.com.ar
 
Nº de Edición: 1740

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