La compañía brasileña Fábrica de Teatro invita a pensar las diferencias sustanciales en la producción teatral entre Argentina y Brasil, y bajo esa lógica teorizan sobre la actualidad del teatro latinoamericano, al que realizan su aporte para fogonearlo: “contemporáneo y dialoguista con la cotidianidad”.
Por Emmanuel Videla
Fotografía Gentileza de Fábrica de Teatro
Buenos Aires, diciembre 28 (Agencia NAN-2012).- ¿Qué es el pensamiento contemporáneo? La pregunta se impone, deja perplejo, obnubilado a cualquiera que lo quiera responder. Así son los interrogantes que se anclan en lo profundo de la reflexión. Incontestable por su naturaleza, la compañía brasileña Fábrica de Teatro se anima a dialogar desde las artes escénicas con esta pregunta, a la que mastica y confronta con la realidad de la producción teatral de Brasil y con el asombro de las producciones independientes de Buenos Aires. No es un dato menor que, en medio de la gran década de crecimiento macroeconómico en Brasil, destaquen que hablar de teatro independiente es difícil en su país, donde las compañías sean pocas en comparación con su par argentino. A pesar de todo, la pregunta por el teatro contemporáneo se hace, se rehace y se deshace en las voces de los actores y, a la vez, directores Josuel Junior y Tássia Aguiar, quienes dejan de lado las críticas para hablar de lo que aman: el teatro per se. “La mitad de mí es el amor por el teatro, y la otra mitad es amor por mi trabajo que es el teatro”, consiente a Agencia NaN Aguiar.
–¿Cómo se dialoga desde el teatro con la contemporaneidad y con el pensamiento latinoamericano?
Josuel Junior:–La mejor forma de dialogar con el teatro es poder ser parte de los cambios que sufre. Por ejemplo, nuestras obras están pensadas para representarlas en Brasil. Si nosotros llevamos esas mismas funciones para Argentina, Perú y Venezuela, tenemos que adaptar el lenguaje, para empezar. Creo que eso es dialogar con lo contemporáneo. No puedo llevar el espectáculo ya construido, porque eso no es dialogar. Dialogar es pensar cómo el teatro puede llegar al público. No solamente hacemos teatro brasileño, sino que hacemos teatro que se adapta al público brasileño, latinoamericano o de otros países.
–¿Se modifican las estéticas, entonces?
J.J:– Claro. No estoy diciendo que eso es lo correcto, pero eso es lo que nosotros sostenemos. Tenemos una obra que llevamos a Argentina que trata de la influencia de la televisión. Acá hablábamos de las novelas brasileñas, pero cuando viajamos para allá, tuvimos que adaptar la dramaturgia de acuerdo a sus costumbres. Nosotros percibimos, por ejemplo, que en Brasil como en Argentina es conocido el programa de Xuxa. Entonces, comenzamos a montar la estructura de la dramaturgia, criticando en base a esas cosas comunes. O, por ejemplo, en los ‘90, muchos niños miraban Chiquititas, entonces, el público tiene cierta nostalgia. Desde ahí, se consigue criticar y hablar más cerca del público.
–Siempre investigan antes de comenzar el diálogo…
JJ:–Sí, por ejemplo, ¿qué telenovela en Perú es reconocida? ¿Qué publicidad es conocida en Perú y también en Brasil? Desde ahí nosotros encaramos nuestro basamento para producir y comenzar con la estructura dramática. Dentro de una misma obra, no cambiamos de conceptos, sino que cambiamos la estética.
–Sin una mirada crítica, ¿se puede producir un teatro que dialogue con esa contemporaneidad?
J.J:–El teatro contemporáneo, antes de todo, tiene que pertenecer a nuestro tiempo y nuestro tiempo es ahora. Aunque no exista una crítica social en una obra, es posible percibir un conflicto; y cuando hay conflicto, hay comunicación. Y el teatro es comunicación. La crítica social, además, no precisa estar ligada al género –comedia, drama, tragedia– sino que se da en el momento de la asociación con el mensaje, en la humanización del tema. Es posible reflexionar y aprender sonriendo. El desafío es saber cómo comunicar, independientemente del género. Creo que el teatro contemporáneo incomoda al púbico.
Tássia Aguiar:– ¡Claro que sí! El arte existe para comunicar algo, sea éste, antiguo o contemporáneo. Lo que buscamos es comunicar. Luego, la reflexión es individual. El hecho de que una obra no tenga una crítica social no hace de ella una obra fuera de nuestro tiempo. Lo espectacular en el arte es que se puede hablar de cualquier cosa y eso es contemporáneo.
–Entonces, desde el humor también se puede mirar críticiamente la actualidad…
T.A:– Por supuesto. No se trata del género artístico sino de cómo se lo utilice. Podemos criticar desde el humor, el drama, la tragedia. La diferencia es que con el humor uno critica riendo, lo que hace que la crítica se vuelva más leve. Sin embargo, no le saca fuerza. Muchas veces con humor al darse cuenta que se está riendo, la crítica pesa mucho más.
Teatro contemporáneo brasileño ¿dependiente de qué?
La diferencia con Argentina surgió, según ellos, al ver que el teatro contemporáneo brasileño no se involucra en una gestión independiente como ocurre en nuestro país. Al contrario, este grupo brasileño se califica como dependiente. ¿Pero de qué? “Para hacer una obra, un espectáculo que tenga éxito en Brasilia, uno necesita una buena prensa, un buen periódico, una campaña publicitaria. Para poder vivenciar otras formas de hace teatro, nosotros trabajamos mucho aquí. Para hacer teatro independiente en América Latina, precisamos trabajar en el teatro comercial”, explica Junior desde Brasil, en la sede de la Fábrica de Teatro.
Junior abre el panorama, contextualiza: “En Brasilia solamente se cuenta con 20 compañías de teatro dominantes, mientras que en Buenos Aires sólo en la avenida Corrientes conviven más de 20” . No se queda ahí en su análisis y remata: “Cada estado de Brasil es diferente. El movimiento teatral en Brasil es muy fuerte para la televisión o para el teatro antitelevisión. Por ejemplo, en Río de Janeiro o en San Pablo, muchos hacen teatros para ser vistos por productores de televisión. En Brasilia, no. Hacemos teatro para el público teatral y para nuevos públicos”. Los nuevos públicos son el puntapié para seguir dialogando de la actualidad teatral.
Buenos Aires, ¿un oasis para el teatro independiente latinoamericano?
La compañía visitó en septiembre el país, invitada a participar en el Primer Encuentro Latinoamericano de Teatro Independiente. Junior cuenta que fue un choque ver tantos teatros en actividad.
–¿Qué percibieron de la escena porteña?
J.J:– Percibimos que hay una fuerte tendencia a discutirse la opresión y los resquicios de una dictadura fuerte y cruel vivida no solamente por Argentina, sino por varios países de América Latina. Eso es un factor curioso, porque se vuelve casi un factor estético. Nosotros hoy, en Brasil, no tenemos ese sentimiento de protesta tan fuerte. Es claro que vemos obras que poseen tal discusión, pero no es una regla.
–¿Y de la relación con el público?
J.J:–Sobre formas de interpretación, lo que percibimos es que hay un hábito de siempre estar mirando al público. Es una estética interesante y diferente. También practicamos, dependiendo del lenguaje que trabajaríamos, pero lo que vimos fue un aspecto común. Muy interesante.
T.A:– Nos dimos cuenta de que existen muchos teatros en Buenos Aires, lo que también nos sorprendió también fue observar que las salas están llenas todos los días. Es un factor importante y muy bonito. Está bueno ver que los argentinos adoran los teatros.
–¿Qué aportan los viajes que pueden hacer para construir un nuevo teatro?
J.J:– Aprendimos con el viaje que, a pesar de que no somos un grupo de teatro independiente, podemos contribuir, sí, ideológicamente y conceptualmente con nuestras obras. Ser o no ser independiente no es pre-requisito para un encuentro teatral. Lo importante, antes de pertenecer a alguna línea teatral es, sobre todo, hacer teatro.
T.A:– Viajar para festivales es siempre un gran aprendizaje y un intercambio muy interesante, primero, porque no se ve solamente al teatro local sino el de toda América Latina. Es mucha información. Pasamos un tiempo tratando de recolectar y organizar los datos en la mente. Observamos estéticas distintas, un trabajo del cuerpo diferenciado y todas son herramientas de investigación para nuestro trabajo.
–¿Cuál es el sentido del teatro para ustedes?
J.J:– En tanto haya inquietudes y mensajes, habrá teatro. Los artistas, llevamos al palco lo que es necesario ser dicho. En tanto que el ser humano tenga inquietudes y respuestas incompletas, el teatro se hará presente. La Fábrica de Teatro tiene esas inquietudes y las compartimos con el público.
T.A:– Es interesante que se pregunte esto, porque se trata del sentido mismo. El teatro forma parte de todos mis sentidos: visión, audición, tacto, paladar y olfato. El teatro es mi trabajo y por él es el que tengo el mayor placer del mundo en despertar y por lo exhausta que me deja ir a dormir. Acostumbro a decir: “La mitad de mí es el amor por el teatro, y la otra mitad es amor por mi trabajo”. Sé que podría ser otras cosas, pero también sé que nada me haría más feliz.

