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“El tiempo todo entero” en Espacio Callejón.-

La nueva pieza teatral de la dramaturga y escritora Romina Paula es una metamorfosis vernácula de El zoo de cristal, de Tennessee Williams, que indaga en los vínculos familiares.

Por Esteban Vera
Fotografía gentileza de El tiempo todo entero

Buenos Aires, abril 22 (Agencia NAN-2010).- A partir de una lectura de El zoo de cristal, de Tennessee Williams, la joven dramaturga y actriz Romina Paula (31) retrata a una familia sin horizontes claros en El tiempo todo entero. La directora monta una versión libre de ese clásico, pero totalmente transformada a la actualidad local. De esta manera, provoca una metamorfosis en el texto de Williams, aunque los conflictos y los cuatro personajes permanecen, lo que le permite al espectador buscar las diferencias y coincidencias. La acción tiene lugar en el living de la casa que comparten los metamorfoseados Amanda Wingfield y sus dos hijos, ahora Úrsula o Uschi, Antonia y Lorenzo (ambos nacidos en México, durante el ¿exilio? de sus padres). Mas allá de algunos parecidos, ningún personaje es igual a su antecesor, sobre todo, en la construcción psicológica.

Como sucede con Laura, Antonia (interpretada brillantemente por Pilar Gamboa, con su voz aniñada, al manejar los ritmos y cambios de emociones) es el foco de la acción. Ella es sagaz, frágil, antisocial y “rara”, aunque a diferencia de la primera su alejamiento de la sociedad no se debe a una cojera, sino a una decisión propia. Antonia abandona la sociedad, pues decide que fuera de su casa no hay nada interesante, nada que pueda conocer mejor que a través de libros, relatos, descripciones de su familia. “¿Qué es conocer?”, interroga defensivamente ante las ventajas de salir de casa, conocer gente, viajar a otros sitios, países.

Es así que no trabaja ni estudia (si se entiende por estudiar ir una universidad), aunque sí lee. Antonia elige estar con su hermano y su madre, escribir, chatear, ver videos en la notebook, leer, hablar de libros, música y plástica, con una maestría un poco irritante para los demás. Incluso es un poco arrogante. De todos modos, con su reclusión busca revelar la alienación de la sociedad y valorizar al ocio como tiempo reflexivo.

Su hermano Lorenzo (interpretado con aciertos por Esteban Bigliardi) piensa ir vivir a España para liberarse (y liberar) a su hermana y madre de las ataduras que tienen (según presupone él), aun sabiendo que eso significa herirlas, sobre todo, a Antonia, con quien tiene una relación de cariño y confianza. Aunque sumergido en la lectura de libros, es forzado por su madre da a conocer sus planes. Ya en la respuesta a una hipótesis que le plantea su hermana al comienzo de la obra, anticipa sus planes de poner distancia por el bien de ellas. Porque la quiere la abandona, le dice. En la canción “No hay nada más difícil que vivir sin ti”, del mexicano Marcos Antonio Solís, que escuchan en el minicomponente al comienzo y al final, está el desazón que sentirá Antonia ante la huida de Lorenzo.

Mientras Úrsula (Susana Pampín), un poco narcisista, desea que su hija abandone la casa y la soltería, ante el miedo de que su hija se quede sola. Y si bien en El zoo de cristal, Amanda era una madre dominante, Úrsula es más flexible, más agradable. Al igual que en su predecesora, también hay un pretendiente. Se llama Maximiliano (Esteban Lamothe), un pibe plano de barrio que trabaja en una parrilla, a diferencia de Jim que lo hace una zapatería. Aparece en la casa a partir de la culpa de Lorenzo por dejar sola a su hermana: es un posible candidato para Antonia. Ella flirtea con él, cuya presencia deja marcas en la familia, dado que con sus preguntas a Antonia pone de manifiesto todo lo no dicho en la casa.

En la obra de Romina Paula –que también es actriz y autora de las novelas ¿Vos me querés a mí? y Agosto— la puesta en escena que se ve en el acondicionamiento de la sala de Espacio Callejón, a cargo de Alicia Leloutre y Matías Sendón, es una estructura metálica, ambientada con unos pocos muebles, una computadora portátil y adornos infantiles como objetos en miniatura o un títere de la Rana René.

Pese a la metamorfosis de El zoo de cristal, en El tiempo todo entero no se trata de una mutación negativa como le ocurre al desdichado (y mesiánico) Gregorio Samsa al transformarse en una cucaracha, sino que se trata de una versión inconmensurable, distinta, y a la vez brillante del clásico de Williams. E igual que La metamorfosis, de Franz Kafka, la pieza también es un estudio de los vínculos familiares. Aunque, claro, distintos a los de la familia de Samsa, pero con las mismas chispas de humor que atraviesan los diálogos.

* El tiempo todo entero, galardonada con el Premio S al teatro alternativo, se presenta los miércoles a las 21 y los domingos a las 17 en Espacio Callejón, Humahuaca 3759, Ciudad de Buenos Aires.