El sexteto más alocado de la música neuquina vuelve a parir un disco. Esta vez se anima a mezclar el rock con todo.
Guillermina Watkins
Neuquén, enero 23 (Agencia NAN-2012).- Desde hace tres años que El Bicho Bolita ya no está solo. Y vaya que no. No sólo se cruzó con un par de músicos desperdigados por las áridas zonas musicales de Neuquén, sino que se encontró con un par de amigos/ hermanos que –como afirman– van todos para adelante. Por eso, El Universo no se equivoca se convierte en el manifiesto de estos muchachos que son una de esas “joyitas” musicales que surgen de la vida autogestiva de años y el pleno amor por la música, características que los convierten en una de las bandas más convocantes de la escena local.
Con 17 temas, el sucesor de “Una lobotomía frontal” (2010) les quedó corto pero no en el sentido musical. Es que, si uno se pone a hurgar por la vida de El Bicho Bolita, encontrará que tanto solo como acompañado en diversas formaciones, tiene más temas compuestos que La Mona Giménez. Bueno, no tanto. Pero casi. Inclusive, para la composición de este disco, tuvieron que recortar los temas que habían compuesto.
A nivel sonido, todo está escrito en clave de rock. Sin embargo, el público encontrará un disco que está orquestado profesionalmente y que reinventa acordes de varios géneros musicales, dándole forma a un estilo propio que prioriza la canción, pero se codea con todo.
Por eso, el público se topará con gemitas latinas como una samba con la voz de la cantante neuquina Isabel Vaca Narvaja, o los coros de una murga, La Porfiada Postalina. También, además de los clásicos instrumentos del rock, se pueden escuchar una trompeta, una armónica y coros de varias invitadas (hasta la hija del técnico de sonido y “séptimo París Gatitos” puso su aguda voz de tres años).
Suenan conceptos de revolución, de furia, de explosión, de amor, desamor, ansiedad y sobre todo, pero sobre todo, deseo. Vuelven lo oscuro en una canción alegre, el amor en una balada triste, lo alegre en algo que se convierte una fiesta rock, pero sobre todo, en una maquinaria de buenas canciones “escupidas” por el Bicho. Ese flaneur que a veces se parece a Palo Pandolfo, a Sandro, a Leo Masliah, a Devendra Banhart, pero siempre es él mismo, con una poesía libertina, zigzagueante y ágil que patea los cánones de la canción.
Definitivamente el disco se queda corto. Corto para aquellos que recién empiezan a entrar en calor cuando suena el tema número 8, “Estrellas de papel”, y sólo les queda la mitad de un disco cargado de subibajas sonoros (pasa del rock a la balada en un segundo).
Pero con la cantidad de poesía que se desprende de cada uno de los temas, y con las obras de arte que acompañan al disco (cada uno de los integrantes de la banda y amigos relacionados al diseño y la plástica aportó lo suyp), es seguro que nadie va a sentir un vacío. Y menos cuando a ese vacío le pone contenido el Bicho Bolita y sus París Gatitos.
