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el nacimiento de una nueva era

nuevo disco de él mató

Son las 9 y es el primer jueves de invierno. Sobre la vereda de Niceto hay una fila condescendiente de caras sin Snapchat que se disipa en la esquina de Humboldt. Un embudo deforme de gente donde algunos pierden el tiempo mirando la nada, otros vacían sus latas y se convidan la vida con palabras en el relieve de una pared pintada que pregona las cuatro fechas que El Mató a un Policía Motorizado va a dar en Buenos Aires, en el marco de la presentación de su quinto álbum de estudio: La Síntesis O’Konor, su disco más romántico y electrónico, crónica hegeliana de un desapego imposible.

 

Adentro todo es música o al menos intenta serlo. El tracklist de la espera se llena de lindas guasadas británicas. “¿No lo tenes en cassete?”, la pregunta se reitera ante la mesa de siempre cubierta cada vez de más discos y remeras. El fetiche de la retromanía siempre se conjugó correspondido en la maravillosa autogestión motorizada, pero aun “La Síntesis…” no ha sido editado en el formato requerido o por lo menos la cinta no está en la mesa. Se llevan el disco igual. No hay daltonismo melómano que le clave el visto al nuevo digipack y las razones son obvias y más que pertinentes: los estrenos están llenos de magnetismo.

 

“Y toda la gente que se juntó ahí”. La expectativa se hace más eterna sobre la pista inundada de cabezas que como satélites van reflejando matices y formas por el lila de luces que cuelgan del techo y los armazones. Hay rastros y cabelleras llenas, nuevas y menguantes. Una convocatoria satisfactoria para día de semana. La demanda del repertorio comienza a trastabillarse de manera tenue y tras dos halos de silencio, el telón de la discoteca palermitana se abre a la par de un loop denso y potente que avanza como un tractor al brindar los indicios de “Madre”, oda a la protección maternal que fluye furtiva para terminar entre los primeros aplausos. Son las 22 y la celebración del fuego ha comenzado. El sonido es óptimo y en el cuadro de escena se muestra un sexto integrante, cercano a los teclados y sintetizadores.

 

 

Al toque, Niño Elefante eleva sus cuerdas y con los primeros arrastres “La Cobra” desordena las lunas en un pogo rozagante mientras que en el fondo algunos yonis van celebrando la fiesta entre cigarros, rubias y camparis. Las chicas cantan todas bien y a la par de las motocicletas que se proyectan ochentosas desde el cañón, el movimiento se va pausando en la rabia calma de “Aire Fresco”. Ahora las imágenes mostradas en la pantalla son de árboles sin hojas en modo sepia. El otoño ya pasó y es tiempo de “El Tesoro”. La euforia sacude al boliche y un halo de pantenes rosados gira sobre el campo. Continua “Postales Negras” y el humo malva se va condensando en nubes y rayos de una película de terror Clase B para volver al ritual de saltos y empujones con “Violencia” y “Nuevos discos”.

 

“Sacamos un disco nuevo y esta canción es la de un disco que sacamos hoy”, las palabras son del Chango, las primeras luego de algunos gracias, y da pie a uno de los estrenos: “Noche eterna”. “Dame algo esta noche, esta noche es especial, tan brillante como el olor de la oscuridad”, reza la canción. Con “Las Luces” el clima sigue renovándose a la par de un cosmos manijado por la sugestión y potencia de Doctora Muerte. El cuadro enarbola diagramas espaciales y sobre las pupilas de los espectadores se replican universos de ciencia ficción. El jueves nunca fue tan kubrickiano. La Síntesis O´Konor sigue en acecho con “Excalibur” y “El Mundo Extraño”: la incertidumbre hecha baladas. Tras cincuenta minutos de show y antes del intervalo, suenan “Amigo Piedra” y “Mujeres Bellas y Fuertes”, “La Cara en el asfalto” y “El fuego que hemos construido”. Ya nada va a ser igual y eso está muy bien.

 

El recital renace con “El Magnetismo” cuyo canto sufrible anticipa la empatía de “El Baile de la Colina”. “Chica de Oro” y la flamante “Ahora Imagino Cosas” refuerzan la inquietud y los cuerpos se dirimen frenéticos sobre el radar que circulo de media cancha cercano al escenario. El salto es una risa y algunos desbordes te llevan hacía atrás. Es el momento de mayor adrenalina, tibia pero enérgica que se expresa gutural en la voz del Chango. Es el tiempo de la derrota que se enfrenta a todos y no importa.

 

Las fuerzas se confluyen con “Navidad de los Santos” y la conclusión es que los clásicos ya dejaron de ser pocos. “Destrucción” será el último de los estrenos que El Mató… dará esta noche y en la prostrimería del primero de los cuatros shows porteños llegarán otras canciones scorpianas como “Yoni B” o “Mas o menos bien”. Hay tiempo también para clásicos como “Mi Próximo Movimiento” y “Chica Rutera”.

 

La fidelidad clásica se mantiene como bandera de guerra en el coro de los presentes pero es en el aseo de las nuevas canciones donde quedó marcado el eje de la puesta en escena. El estreno de La Síntesis O´Konor nos permitió ver mayor presencia de artilugios electrónicos, los teclados protagonistas y un sonido más grandilocuente y ordenado. Rasgos que hicieron de este show, tal vez, una bisagra, el comienzo de una nueva etapa, la emergencia de la constante creación. El cierre es para “Sábado” que se lleva a todos contentos pero más de uno hubiera preferido “Fuego”; sabés que no podés tener todo en la vida. El desapego es inevitable, vieja.

 

Son las 12 y es el primer viernes de invierno. Sobre la vereda de Niceto aguardan algunos taxis hambrientos junto a algunos emprendedores que se manejan con conservadores de telgopor. Afuera nada ha cambiado.

 

 

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