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Entre dioses y humanos: el arte de los Orixás.-

Una muestra que se extenderá hasta fines de mayo en el Centro de Estudios Brasileiros da cuenta de las implicancias de la cultura afro en la construcción de las costumbres nacionales, aunque la historiografía hegemónica haya dejado de lado el dato. Habrá muestras de danza, proyecciones, talleres y presentaciones de libros. “Pretendemos visualizar los aportes de la cultura afro en Argentina”, avisan sus organizadores.

Por Daniela Bonamino
Fotografía de Agencia NAN

Buenos Aires, mayo 5 (Agencia NAN-2009).- Para la mayoría de los argentinos, decir Candomblé, decir Umbanda, es decir “gualicho”. Pero para Victoria Díaz, son manifestaciones que “siguen generando un fenómeno artístico y religioso en una sociedad que niega sus orígenes negros”. Díaz y su par Miriam Gómez buscan desmitificar esa concepción prejuiciosa y por eso planificaron la muestra El arte de los orixás, que comenzó el 29 de abril y se extenderá hasta el 28 de mayo con variadas propuestas en la Fundación Centro de Estudios Brasileiros, Esmeralda 969, con entrada gratuita. A lo largo del mes, el evento abordará las diferentes manifestaciones culturales del pueblo negro, a través de las obras de arte de Cristina Fazzito, Juan Batalla y el acervo del Instituto de Investigación y Difusión de las Culturas Negras “Le Ase Osun Doyo”.

El repiquetear de los tambores, junto a la danza afro, cargó la atmósfera de la inauguración con un misticismo propio de la esencia característica de este arte que fusiona música, cantos y bailes. El profesor Valdir Silva hizo latir su cuerpo al compás de los atabaques que, entre golpe y golpe, fueron abriendo los portones del mundo africano. Con su mirada perdida en un punto fijo, Silva fue diciendo con su cuerpo diciendo todo lo que sus palabras ausentaban. Su sudor brotaba a borbotones mientras sus pies marcaban el sendero por el que los presentes trascendieron el cuarto de la fundación desde el que estaban observando. Y allí un nuevo encuentro con la mirada de Valdir, que ya no era un simple profesor de danzas, sino el legado vivo de su cultura.

Según cuenta la leyenda, “la actividad ritual que conforma a las manifestaciones religiosas del candomblé y el umbanda surge como resultado del cruce entre el mundo de los dioses y el de los humanos por medio de los orixás”. Y precisamente son dos orixás en forma de escultura los que custodian esta leyenda plasmada en un atril que invita a inmiscuirse a este mágico ciclo, enmarcado en el “Proyecto de apoyo a la población afrodescendiente y a sus organizaciones de base”, que se extenderá por un año. “Pretendemos visualizar los aportes de la cultura afro en la cultura argentina”, enfatizó Miriam Gómez, directora del proyecto, que cuenta con el apoyo de la Embajada de España en Argentina.

Además, habrá proyecciones de documentales: Santo Forte, de Eduardo Coutinho, esboza la manera en que los habitantes de una favela viven la experiencia religiosa; la otra opción, Pierre Verger: Mensageiro entre dos mundos, de Lula Buarque de Hollanda, narra la historia del famoso fotógrafo y antropólogo. También se realizaran mesas redondas sobre las danzas vinculadas a la religión, que contarán con la participación del bailarín y profesor Valdir Silva y el maestro de capoeira Marcos Gytauna, entre otros. Además, muestra de danza, recorridos por la musicalidad africana y presentaciones de libros.

La historia oficial no registra los nutrientes de la cultura afro. Sin embargo, hay evidencias de que sí tuvo incidencia en la cultura argentina: “(Juan Manuel de) Rosas amaba ir al candombe. Hay fotos de él sentado en medio de todos los negros. A Mariano Moreno le decían ‘chocolate moreno’, porque también tenía descendientes afro –detallo Díaz a la hora de dar cuenta de la presencia de las raíces negras en nuestro país–. Muchos argentinos ignoran la incidencia afro que tienen en sus árboles genealógicos”. Por sus venas también corre sangre africana.

Según investigaciones realizadas por Gómez, la población negra en Argentina llegó a conformar más de la mitad de los habitantes de algunas provincias durante los siglos XVIII y XIX; y ejerció un profundo impacto sobre la cultura nacional. Aunque disminuyó marcadamente en número a lo largo del siglo XIX, por el efecto conjunto del aluvión migratorio fomentado por la Constitución de 1853 y la elevada tasa de mortalidad de los negros, su aparente desaparición fue más el resultado de una representación historiográfica que los daba por exterminados que una realidad empírica. De hecho, según un estudio del Centro de Genética de la Facultad de Filosofía y Letras-UBA, se estima que un 4 por ciento de los habitantes de Buenos Aires y del conurbano tiene marcadores genéticos africanos.

Además, en 2006 se realizó un censo piloto en los barrios de Monserrat (en la Ciudad de Buenos Aires) y en Santa Rosa de Lima (Santa Fe), cuyos resultados evidenciaron que el 5 por ciento de la población argentina sabe que tiene antepasados provenientes de África y un 20 por ciento considera que podría tenerlos pero no lo sabe a ciencia cierta. Por eso, el instituto “Le Ase Osun Doyo” propone la difusión de su milenaria tradición para colaborar en el esclarecimiento de quienes “por desconocimiento o actitudes prejuiciosas” califican a su religión de “absurdo y extraño fetichismo”. En ellas se percibe no sólo el culto religioso, sino también la cultura oprimida de los africanos en su llegada al continente americano entre los años 1562 y 1888, a partir de la comercialización de esclavos africanos en manos de mercaderes europeos.

El lenguaje argentino está plagado de términos africanos. Muchos de ellos tienen un uso peyorativo. Un tipo especial de discriminación se ha generalizado desde mediados del siglo XX utilizando términos despectivos como «cabecitas negras», «negros», etc. Los cuales están relacionados fundamentalmente con trabajadores de clases bajas. “Con el proyecto buscamos la difusión de los aportes de la cultura afro para luchar contra la discriminación de la cultura negra”, amplió la directora.

Sitio: www.funceb.org.ar