Este espacio multifacético de Lanús este opera desde la “resistencia”, sostiene Mariana Ortíz Losada, una de las fundadoras de la compañía teatral. Su nacimiento fue un “disparate” para su época –la del reinado de Quindimil–. Hoy cuenta con 200 alumnos.
Por Natalia Arenas
Fotografía gentileza de Espacio Disparate
Buenos Aires, noviembre 16 (Agencia NAN-2011).- No hay posibilidad de equivocarse. Saliendo de la estación de Lanús hacia el lado este, cuando uno dobla en Sitio de Montevideo al 1200, una casona vieja, con prolijos tonos naranjas y amarillos, se asoma entre los impecables edificios que parece estrenar el barrio. A lo alto –aún más alto que la enorme puerta– un cartel luminoso anuncia: Espacio Disparate.
El “Disparate Violeta” se constituyó hace 11 años como una compañía de teatro y afines. Y es esta última palabrita un concepto fundamental para contar lo que hoy son. Y lo que hacen, porque, en definitiva, si hay algo que lograron durante todo este tiempo es hacer lo que son y ser lo que hacen. De eso se trata la autogestión, después de todo.
Después de pasar seis años de prestado en la sede de SUTEBA de Lanús y deambular por otros espacios con talleres y espectáculos para niños, surgió la necesidad del espacio propio. Y encontraron la casa que hoy alquilan y habitan como grupo. Una casa tipo chorizo, inmensa, con varias habitaciones y un pasillo amplio que es un patio, con baldosas negras y blancas. Unos metros más arriba, enredada en si misma y ocupando parte de las paredes enfrentadas, la parra, bajo la que pasan frescos momentos de mate y charlas al aire libre.
“Iniciamos la empresa de montar, en principio, la casa del grupo. Pero a partir de la estructura de esta casa, enseguida el proyecto creció y ya teníamos en la cabeza un centro cultural, que es lo que hoy, seis años después de ese ímpetu, somos”, cuenta Mariana Ortíz Losada, una de las fundadoras de la compañía. En el “Dispa”, como se escucha a Mariana llamarlo, se dictan talleres no sólo de teatro, sino también de música, trabajo corporal y artes visuales. La “casa de artes” cuenta, además, con lo que le da continuidad de ser al grupo teatral: una sala de teatro.
“De entrada, fue una propuesta muy bien recibida en el barrio y eso hizo que se pudiera sostener y autogestionar, porque no fue sólo un sueño, sino que fue más bien una necesidad para poder darle cauce a un montón de trabajo que ya existía”, detalla Mariana, aunque reconoce que sostenerlo “siempre es una remada”. Porque, claro, la autogestión en si misma lo es.
El Disparate cuenta hoy con unos 200 alumnos, en su mayoría niños. Se autoproclaman el único espacio independiente del distrito y acusan una larga militancia sobre tablas.
–Hace poco hablamos sobre la Red Teatral Sur y, al referirte al Espacio Disparate, lo definiste como un espacio de resistencia. ¿Un espacio de resistencia a qué?
–No sé si ahora es un espacio de resistencia (risas). La militancia artística en el Conurbano creo que es un espacio de resistencia, no sé si específicamente el Disparate. Compartimos esta cosa de la invisibilidad, del prejuicio. Hay que resistir el prejuicio del que te dice en la cara “en Lanús no hay nada” y vos estás hace 12 años remándola. O el que te dice “yo me voy a Capital, porque lo que hay acá es malo”. Como si no hubiésemos estudiado todos en los mismos lugares. La mayoría de los artistas del Conurbano nos formamos en Capital. Decidir invertir, apostar y replicar esos saberes en el barrio de uno en el medio de callecitas donde no hay carteles ni marquesinas es una militancia… y fue una resistencia. Tal vez ahora estamos más en un momento de cosechar, pero la siembra fue en circunstancias adversas, es cierto.
–¿Cuál es la vinculación entre lo disparatado y lo artístico?
–Disparate Violeta es un nombre que inventamos, fruto de un cadáver exquisito. Lo inventamos con Juan Cruz, el hermano de Sofía, mi hija, cuando él era chiquito. Es una raíz que tiene que ver, tal vez, con un posicionamiento artístico. Es un juego surrealista, un punto de vista que nosotros tenemos. No por definirnos surrealistas, pero sí por estar muy ligados al absurdo y al juego con las formas como artistas. De ahí viene Disparate Violeta que tiene el chiste de no tener nada violeta en su logo ni en su imagen. Espacio Disparate alberga a la compañía, es un nombre que pensamos con mi hija Sofía, de diez años. La génesis de este proyecto tiene un espíritu muy familiar. Algunos éramos familia desde antes y otros nos constituimos como familia en todo este tiempo.
–¿Qué recordás del momento en que surgieron?
–Lo disparatado implica cierta cosa de aventura, de asumir empresas disparatadas. De por sí, pensar un lugar como Disparate en el momento en que lo pensamos en Lanús era un disparate. En esa época, en Lanús estaba (el ex intendente, Manuel) Quindimil, no había espacios culturales, nosotros trabajábamos como payasos contratados en la Secretaría de Cultura, donde siempre nos trataron muy bien, pero el proyecto estaba muy invisible porque no les interesaba dar difusión y no había una gran inversión ni de dinero ni de energía en lo cultural. Era un disparate poner un espacio cultural en Lanús, con tanta puerta cerrada como había. Ahora es distinto. Y no es casual, me parece. El país es distinto ahora. Hoy sigue siendo bastante disparatado para nosotros sostener la sala de teatro y, tal vez, la escuela de teatro está súper instalada como una opción del distrito. Somos un referente de lo que es la vida cultural de un distrito, que es chiquito a nivel superficie, pero somos muchos, es fácilmente abarcable la oferta que hay.
–En cuanto a esa invisibilidad, ¿qué estrategias utilizan para hacerse visibles?
–En principio, siempre fuimos muy transparentes sobre cuál era nuestro modo de laburo. Nosotros damos talleres de educación por el arte, no formamos niños actores, no trabajamos con la expectativa de que los chicos hagan castings y sean estrellitas. Ese es nuestro posicionamiento ideológico con respecto a la formación artística, que hizo que circulara un boca en boca claro, porque era una propuesta que no existía en el distrito, con esta estructura institucional. Nosotros invertimos mucho dinero en que nuestra gráfica sea representativa y en comunicarle a la gente quiénes somos. Los primeros años explicamos mucho cuál era nuestro posicionamiento ideológico en cuanto a la educación artística, hoy ya no necesitamos hacerlo, la gente que viene sabe adonde viene. También abrimos mucho las puertas a los vecinos, todos los años hacemos una fiesta a fin de año, cortamos la calle y recalcamos: “acordate que acá a la vuelta hay un espacio donde encontrarte, un lugar donde tomar un taller de arte o ver una obra…”. Tratamos también de recepcionar qué es lo que está pidiendo el barrio.
Con precios populares (“entendemos que el barrio no puede bancar una entrada de 30 pesos para un espectáculo infantil”), el Dispa se sostiene como escuela de artes y, de a poco, también se va instalando como la opción para ver una buena obra cerca de casa. Los disparatados, chochos. “Tal vez no vivimos específicamente de la actuación, pero sí podemos decir que vivimos del teatro: de dar clases, de pensar proyectos, de dirigir, de armar, de gestionar”, relata Mariana y define, tal vez sin proponérselo, el perfil del teatrero del conurbano. Como lo serán algún día los que andan por los pasillos del Dispa, estudiando, practicando, aprendiendo. Ahí, a pasos de la estación.
*Espacio Disparate está ubicado en Sitio de Montevideo 1265, Lanús Este. Teléfono: 4241-6975.
