Con elementos sorpresa que dominan toda la puesta, el primer espectáculo de la compañía Las Lacias –formado por las actrices Josefina Recio y Jimena González y el director Matías Nan– combina el uso poético del espacio y la iluminación con escenas claramente delimitadas en las que se representan personajes incomprendidos y fantasmáticos.
Buenos Aires, noviembre 15 (Agencia NAN-2011).- Si un adjetivo le cabe a Visitas, primer espectáculo de la compañía Las Lacias, es“inesperado”. Esa palabra llena de misterio representa lo que pasa en la obra desde el primer momento, desde antes, incluso, de entrar en la “sala”. Las comillas no son casuales: la sala es el tercer piso del IMPA Fábrica Cultural, que a la medianoche no es nada agradable y menos si se tiene en cuenta que la única luz que conduce al público hasta allí es la de una linterna gastada de una actriz/ayudanta que simula ser una enfermera (se agregarán más a lo largo de la función). Lo que viene no es mucho más deseable: esa misma enfermera anuncia que está próxima la entrada al hospital (escenario ficticio de la pieza) y que hay que agarrarse de las manos y caminar todos juntos “por las dudas”.
Protagonizada por Jimena González y Josefina Recio y dirigida por Matías Nan (!), Visitas acerca a un mundo poco conocido: el de seres incomprendidos, fantasmáticos, solos. Mujeres al borde de un ataque de nervios y también mujeres nerviosas que atacan los bordes, aquellos delgados límites entre la vida y la muerte que hacen pensar que nunca es suficiente para recuperar un alma agonizante. Así, con brillantes actuaciones en todos los casos, las actrices se van corporizando en distintos personajes –en algunos casos hacen intervenciones juntas, en otras pequeñas escenas solistas con monólogos bien logrados- que habitan todos los rincones de ese oscuro y silencioso hospital (mental). Personajes que se van sucediendo en la oscuridad (hay un uso de la iluminación que acentúa lo poético de la pieza y le otorga sentido), y a los que los espectadores deben seguir, deambulando de pie junto a ellos por la sala.
En las escenas en las que trabajan juntas, González y Recio interpretan a una dupla de doctora y enfermera (van rotando los roles) que conversan, hacen participar y hasta incomodan –aunque siempre con humor– al público, que durante todo el espectáculo debe tener un rol activo si no quiere perderse del efecto de ninguno de los elementos de la representación, que son varios y combinados entre sí de manera orgánica e inteligente. En las escenas en las que trabajan por separado, cada una se luce con un personaje muy distinto al anterior, donde la voz y la palabra, pero también la caracterización (se destaca, en este punto, el uso de pelucas de todo tipo), tienen un papel fundamental. Escenas en las que el hospital se ve desde otra óptica, desde un lado B, que sin embargo no es más que la realidad de lo que pasa dentro de las paredes de esa institución tan tenebrosa.
Lo más inesperado, más allá del lugar, la oscuridad, las abruptas apariciones y los ruidos de las máquinas de otras salas de la fábrica (ah, sí, porque de noche el IMPA no duerme), son sin dudas las apariciones, cortas, inesperadas, de “las lacias” (se entenderá, una vez que se vea la pieza, el porqué del nombre del grupo) en estado de trance, caminando el silencio hacia una nada que ni siquiera ellas registran. Es en esos momentos en que el público está más desconcertado, pero seguro de estar viviendo una experiencia que excede por mucho lo puramente teatral.
Con todo, Visitas es una puesta difícil de digerir, lo que no quiere decir que no sea placentera. Lo es, y eso es gracias a sus logros escénicos y de dirección: arriesgado uso del espacio y la iluminación, correcto manejo de los tiempos (y climas) dramáticos, astucia en la manera de contar historias que en realidad son más radiografías de personajes que paquetes cerrados de relatos coherentes y manipulación de lo inesperado. Ese maldito adjetivo que no deja respirar hasta que la enfermera se pone nuevamente al frente de la fila para conducir la salida.
*Visitas se exhibe los viernes a las 23 en IMPA Fábrica Cultural, Querandíes 4290, Ciudad de Buenos Aires
Por Paula Sabatés
Fotografía gentileza de Sebastián Videgaray
Fotografía gentileza de Sebastián Videgaray
