
Por Sergio Sánchez
Las canciones de Marina Fages parecen tener la estructura narrativa de una pieza dramática: comienzan desde una sutileza musical (un sonidito, una melodía acariciada, un arpegio modesto) y luego van creciendo, tomando forma, hasta llegar a una tensión dramática y desembocar en un desenlace catártico. Las canciones, y el disco entendido como un todo, van de lo particular a lo general. De la sencillez a la profundidad. Es decir, Fages moldeó nueve hermosas composiciones que no se pueden “consumir” en una sola escucha; no porque sean difíciles de abordar, sino porque están ornamentadas con sonidos que se manifiestan sin urgencia. Madera metal, su debut como solista, no es apto para los tiempos de la posmodernidad, aunque se pueda escuchar de manera gratuita por Internet.
Son canciones que llevan a un estado onírico, introspectivo, pero que a la vez son amplias, muy amplias (en texturas y climas), como la extensa llanura pampeana o como la voz de Fages. Que versan sobre la angustia ante la pérdida (“La tormenta, los acantilados, y el frío del sur/ ya no es lo mismo con vos” en “Acantilados”) o las posibilidades del encuentro (“No tengas miedo, amigo, prometo cuidar tu equipaje” en “Aeropuerto”). En fin, que contemplan los opuestos estados del ser. Que retumban con madera y metal, con ira y serenidad, con odio y amor. ¿O acaso no los separa apenas un paso?
En este disco, Fages deja un poco (sólo un poco) de lado su faceta más experimental —que desarrolla en proyectos musicales como El Tronador, R353 y Los Hnos. Turdera— y se sumerge en una canción con impronta acústica y bien personal. Lo más sobresaliente quizás sea el poder lúdico que consigue con su voz. En temas como “Madera metal”, la cantante y guitarrista despliega la voz que mejor le queda: una cargada de misterio, desvelo y riesgo. Igual sensación transmite la instrumentación, encabezada por su versátil guitarra. Sin embargo, la también artista plástica no estuvo sola en la grabación del disco: Fernando Kabusacki (guitarra eléctrica), Nacho Czornogas (saxo barítono, clarón y clarinete), Lucy Patané (bombo, banjo, latitas) y Martín de Lassaletta (contrabajo) fueron invitados a “flashar y arreglar”. La misma amplitud y entrega que exponen las canciones se refleja en el arte de tapa, a cargo, claro, también de Fages.