En un show íntimo y amoroso, por el día de San Valentín que pasó, el virtuoso dúo se ganó tema a tema los aplausos del público, que se deleitó escuchando las canciones del disco editado por ambos en 2012, piezas solistas, covers y hasta un inédito.
Por Nahuel Gomez
Fotografía de Federico Moscoso
Buenos Aires, febrero 18 (Agencia NAN-2013).- “¿Qué carajo aplauden? Los aplausos hay que ganárselos”, respondió Ariel Minimal a los espectadores que lo ovacionaban al verlo pisar, junto a Flopa Lestani, el escenario del bar Ultra (San Martín 678, Ciudad de Buenos Aires), el pasado jueves de los tortolitos. El público, compuesto casi sin excepción por parejas, un poco lejano al del rock y a años luz del desaforado que participa en los recitales de Pez, respondía con risas tenues. Así, poco más de una hora después de lo pautado (el show se anunciaba para las 21, pero los primeros acordes se oyeron entradas las diez de la noche), el dúo folk anticipaba una velada en la que el chiste y el ida y vuelta con el gente, favorecido por los vasos de fernet y whisky que los interpretes llevaban en sangre, iban a ser una constante.
Después del retraso, y con las disculpas de rigor, empezaron a responder con música. Con la distensión del que toca en el living de la casa –el escenario de Ultra, ya sea por su mesita ratona o el piso de madera clara, remite inevitablemente a la calidez de un hogar- los músicos empezaron a susurrar los versos y pulsar con ritmo sincopado las cuerdas de “Las momias”, el tema con aires de bossa que se destaca en el disco La piedra en el aire (2012), el primer larga duración que editan como Flopa Minimal. La primera parte del show continuaría con sonidos más cercanos al folk y a la canción, como “Los días por llegar” o “La voz del viento”, ambos pertenecientes al disco Flopa-Manza-Minimal –que editaron junto a Mariano Esaín-, y alguna que otra nueva composición como la apacible “Metal”.
Ya con la presencia de la armónica de “Checho” Marcos, Flopa anuncia el cover de “Don´t cry, no tears” de Neil Young, reconocido por ambos como el “tío putativo” del dúo. La influencia queda en el aire y deja en claro cuál va a ser el destino musical de la noche. Tiempo después, Lestani se baja de la escena y le da la posta a Minimal para que cierre, antes de un intervalo de quince minutos, con “Bettie al desierto”, obra de Pez que despierta una pequeña ovación y deja escuchar a los fanáticos de la banda diseminados entre el público. La segunda parte tendría a los artistas más frescos y recuperados de los buenos tragos del comienzo.
Iniciado el segundo acto, Flopa se da el gusto y arranca con un tema solista, “La mañana”, para compensar la licencia que se había permitido Minimal antes del descanso. El show continúa con gran parte de las canciones de la última placa, la mayoría de ellas cantadas al unísono por los dos artistas. Entre varias, sobresalieron “Es invierno”, “¿Cuánto más tengo que pagar?” y la dulce y melodiosa “¡Así se trabaja!”. Entre tanto, Ariel se abre paso con otra canción solista, “Compañera” -inspirada en Nadina, su mujer- del disco El maravilloso mundo de Ariel Minimal. Entre dientes, casi como si no quisiera sacarse el traje de rockero duro, dedica la pieza a las parejas presentes y pasa rápidamente a otro tema.
El show cierra con “La máquina de hacer todo mal”, otra de las creaciones del más reciente disco, que sobresale tanto por la lírica propuesta por Flopa, como por los arreglos sencillos pero efectivos del ex guitarrista de Los Fabulosos Cadillacs. El tema culmina la velada pero además resume la lógica del dúo; cómo se trabaja, cómo se compone la fórmula, qué interviene para que la cosa funcione: la poesía introspectiva de ella, la guitarra y los vestigios de virtuosismo de él; las cualidades de ambos resistiéndose a renunciar al atractivo de lo simple. ¿Los aplausos? Los aplausos se los ganaron.

