/Archivo

Fuerte Apache: “No somos cultura, pero somos una realidad”.-

En tiempos donde las bandas nominadas con referencias geográficas tienden a europeizarse (Bristol, Glasgow, London), cuatro raperos decidieron llamar a su grupo como el apodo del bosque de monoblocks donde viven: Fuerte Apache. Antes de su disco debut, de reciente publicación, se hicieron escuchar fuera del barrio Ejército de Los Andes mediante su MySpace y el boca en boca. Luego de Estilo Monoblockero les sucedió lo irrisorio: los medios los apuntan como criminales y la policía los reconoce como artistas. “La idea es cantar la realidad, pero no para que todos se maten entre sí, sino todo lo contrario, para que vean lo que pasa”, releen para Agencia NAN los autores de un verdadero fresco de la vida en un tipo de comunidad demasiado volátil para los ajenos.

Por Luis Paz
Fotografía de prensa de Fuerte Apache

Buenos Aires, febrero 17 (Agencia NAN-2009).‑ Fuerte Apache, como Piedrabuena, Lugano o Flores, alberga un misterio difícil de resolver: ¿cuántos viven en ese gran camping de casas de cemento (en el mejor de los casos)? Los medios arriesgan que entre 40 mil y 90 mil, inconsistentemente. Promediando 65 mil, ¿cuántas combinaciones de habitantes pueden lograrse para un resultado artístico? Muchísimas. Lo mismo que las preguntas que esos mismos medios, inconsistentes y aleatorios, se hacen sobre estos barrios: ¿Cuántos homicidios por día? ¿Cuántas violaciones? ¿Cuántos afanos? Así es como, habitualmente, grandes conglomerados saltan al conocimiento público. Aunque, cada tanto, una cachetada de rock como Viejas Locas desbarranca las prejuiciosas fichas del tablero. Fuerte Apache es, quince años después, el grito irreverente del monoblockero de esta década. Y reúne, en su MySpace, la suma de todos los arriesgues de los medios, pero como oyentes de su música: tres cuartos de millón de visitas tienen los temas de su debut, Estilo Monoblockero. Cuatro veces la tirada de cualquier gran diario. Aunque muchos no lo quieran ver, eso los convierte en contracultura popular, en arte de base y en vox populi.

Tranzas, descuidos, migrañas policíacas aparecen cajeteadas en el primer disco de una banda que lleva diez años en el camino. “Meter todo eso en un álbum que esté al alcance de la mano en cualquier disquería, es todo un gesto”, concede Esteban, principal MC del cuarteto del barrio Ejército de Los Andes, como realmente se llama Fuerte Apache. Massi y Pato aprueban. Picky no está.

¿Qué tipo de gesto? Bueno, ellos creen que uno ciudadano y artístico, pero no necesariamente cultural. “No podemos ser ejemplos de nadie cuando hablamos de marihuana y de fierros. Por eso decimos que no somos cultura, somos una realidad”, fundamenta Massi. Y Pato arremete con una redefinición: “La idea es cantar la realidad, pero no para que todos se maten entre sí, sino lo contrario, para que vean lo que pasa. Fijate si en un tema nuestro un pibe tiene fortuna. No, ningún tema nuestro tiene un final feliz, no decimos ‘con esta te salvás’, estamos contando miseria”.

Cuentan que todo comenzó con charlas entre Edu y Massi, luego entró Picky, y cuando ya no intercambiaban cassettes sino discos, llegó Pato, hace cinco años. “Lo nuestro empezó ensayando y grabando en una casa. Una vuelta, el dueño de esa casa se lo pasó no sé a quién, porque le cabía y lo escuchaba siempre. De ahí, alguien subió eso a un MySpace y después fue todo boca en boca hasta que pegamos disco, video, sello y fechas. Pero F.A. se escuchaba de mano en mano en los barrios hacía más tiempo y con una aceptación re piola”, recuerda Edu.

Una escucha a Estilo Monoblockero o –mejor– una charla con los del F.A. llevan a una certeza irrefutable para los que comparten lado en la raya divisoria: son vecinos de este lado de la General Paz, el de la marginalidad y el hambre, como definió Luis Alfa, de Resistencia Suburbana. Se conocieron entre pintadas al Gauchito Gil y avivadas de giles, entre sangría y sangre, entre papi fútbol, metegol y bailanta. Y sus palabras son, por tanto, no otra cosa que folklore.

— Tal vez con ustedes pase lo que con Pizza, Birra y Faso, que fue “apología” y hoy es de “lo mejor” del cine independiente argentino.
— Sí, capaz no están entendiendo que usamos la jerga de la calle como metáfora y por esa jerga no ven que es algo artístico. El fierro es el micrófono, las balas son las palabras. “Escuchen atrevidos como suenan las pistolas” quiere decir “escuchen como sonamos”, y en la tele te ponen placa roja, un cadáver y dos pistolas cruzadas atrás. Pero una parte de la sociedad es así y quiere simplificar los problemas que hay, sociales, en la educación, económicos, con “los cuatro negros”. Y les cuesta entender que estos “cuatro negros” hacen música y les pica el orto pensar que progresamos. El laburo suyo es odiar, el nuestro es cantar.

— ¿Y cómo se llevan con ese odio ustedes?
— No vivimos de los saludos de nadie, sino de la gente que compra nuestros discos y va a nuestros recitales. Si nos quieren sacar mano, que se vayan a diez cuadras y no los escuchen. Pero quieran o no, los escuchen o no, les tengan miedo o no, estas cosas pasan y la gente no es damnificada por esta banda. Es damnificada porque la seguridad no está. Y lo nuestro no es apología, es la denuncia de esa ausencia.

— Hay quienes no quieren que su patio trasero sea dado a conocer…
— Ése no es nuestro problema. Los problemas que tenemos son sociales, con una historia que se da en las calles, en los barrios bajos. Sentimentalmente no estamos para contar la vida de colores. Ojalá pudiéramos, pero no.

— Esa historia que se da en la calle y que vivieron, ¿los inclina al rap?
— Puede ser. Para hacer rap tenés que ser real. Hip hop hace cualquiera, metés un par de estrofas con rimas diciendo lo que te pareció tal cosa y fue. Pero decir un mensaje claro, siendo real y con buena música, no es tan fácil. Y eso es el rap.

— Gangsta rap, en su caso, pero no necesariamente el soporte musical tenía que ser ése, pudo ser el reggae, la cumbia, el rock…
— Conocemos y escuchamos cumbia porque en el barrio siempre estuvo. Incluso nos ofrecieron hacer cumbia y el F.A. aparece en compilados piratas de cumbia. Pero somos raperos. Fue. Elegimos remar en lo que nos gustó siempre y hacer un disco de rap y no de cumbia, porque no es la música que nos llama la atención.

— ¿Por qué ser músicos y no otra cosa?
— No nacimos músicos, la vida nos llevó donde estamos y acá andamos. La música nos sacó de la calle y nos metió en algo lindo. Para nosotros fue un descuelgue psicológico. Cuando estás con los pibes en una pieza y grabás, sabés que aunque te mueras tu voz va a estar ahí. Por eso decimos que la música gana vida. Y, mil veces, entre pasar cosas malas o buenas, uno va a elegir las buenas.

— A la vez, esa decisión y ese trabajo tienen un efecto: ¿se dan cuenta de que están logrando sonar en todos los estratos sociales?
— Los productores y los músicos estamos siendo más inteligentes. No te lo están dando así: “tomá, escuchá cumbia o rap”. En la industria hay un monopolio manejado por un par de tipos que te dejan seguir si quieren o te traban. Y ahí tenés que ser pillo: les das un beat y se quedan con eso, algunos incluso piensan en el negocio de dejarte contar cosas crudas porque la gente baila tus ritmos. Muchos capaz ni entienden las letras por vivir otras realidades, pero cuando se dan cuenta de que están tarareando la canción, conocen otra realidad.

— ¿Esto tiene que ver, también, con la expansión del reggaetón, que cruza elementos de la música tropical con raggamuffin’ y hip hop?
— Es como que a partir del reggaetón la gente le empezó a dar más bola al hip hop. Y lo nuestro, claramente, es rap pero tiene hip hop, arreglos tropicales y melodías rítmicas de la cumbia o la salsa, que es lo que hace a la gente bailar en nuestro barrio. Si el disco iba a ser un reflejo del Estilo Monoblockero, la parte tropical de la identidad musical del barrio no podía quedar afuera.

— ¿Por qué creen que las entrevistas con ustedes suelen no hablar de música?
— Porque somos músicos, pero antes de eso somos pibes del Fuerte Apache que vemos esas cosas toda la hora. Y somos músicos que quieren hablar de música, pero terminamos hablando de muerte y del barrio, porque hay gente a la que de verdad le interesa saber. Después tenés, qué se yo, un chabón de la tele que fue a vernos al Roxy y cuando terminamos vino, nos felicitó, nos contó que había ido por dos temas y se quedó todo el show porque le había copado la banda.

— Buena onda…
— No tanto, porque después prende la cámara y empieza: “La delincuencia, bla, bla”. Queremos hablar sobre el barrio para que se sepa lo que pasa pero nos preguntan por qué incitamos a matar policías, no están entendiendo nada de nada. En “Mañanas informales” hablamos de la depresión de un pibe al que se le murió el viejo y nos ponían “ahhhh, qué tierno”. ¡No es tierno, se le murió el viejo! Y después dicen que el F.A. incita a tirarse de un décimo piso. Falta que nos echen la culpa por tirar las Torres Gemelas, o como cuando culparon a Marilyn Manson por el loquito que se puso a matar gente. Capaz el loquito había escuchado cuatro discos seguidos de Serrat y le pintó el asesino serial.

— Para eso basta con dos discos seguidos de Serrat.
— Sí, con cuatro te ponés a matar hasta a las gallinas, jajaja.

Sitio: http://www.elfuerteapache.com
MySpace:
http://www.myspace.com/fuerteapache