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GAC: “Nuestro hacer siempre implica una lucha desde lo colectivo”.-

Hace trece años que el Grupo de Arte Callejero participa de reclamos sociales desde la apropiación del espacio público con pintadas, escarches y panfletos. Por eso, se definen más como un grupo político, que un colectivo artístico. “Buscamos la propagación de ideas, la ruptura del orden establecido, el repensar la realidad todo el tiempo”, asegura en una charla con Agencia NAN Lorena Bossi, una de las creadoras del grupo que trabaja junto a otras organizaciones sociales en cada una de esas “luchas utópicas” que desatan a
través del arte en la vía pública.

Por Ailín Bullentini
Fotografía gentileza GAC

Buenos Aires, 6 de noviembre (AgenciaNAN – 2009).-Nació sin nombre. No les importaba demasiado cómo llamarse. En realidad, se juntaron porque a todas ellas les interesaba decir algo sobre el reclamo docente contra la Ley Federal de Educación finalmente implementada durante el gobierno de Carlos Menem. Y decirlo públicamente. Aquel abril de 1997, fueron cuatro las jóvenes estudiantes de Artes Plásticas que se juntaron para pintar las paredes de la ciudad de Buenos Aires con guardapolvos blancos y negros. Los escraches a los genocidas de la última dictadura siguiendo los mapas de las casas marcadas y los panfletos que ironizaban la histeria consumista, todo aún en el anonimato. Pensaron en bautizarse como “Guerrilla Visual Urbana”, pero el nombre se les ocurrió el mismo día en que dos aviones derribaron las Torres Gemelas. “Mejor no”, dijeron. Hasta que un periodista del diario La Nación las definió en su artículo como “un grupo que hacía arte callejero”. Recién entonces, las ayer estudiantes y hoy, en su mayoría, docentes de arte, pasaron a ser el Grupo de Arte Callejero (GAC). “Un nombre de mierda”, opina Lorena Bossi, una de las creadoras que compartió con Agencia NAN las razones que forjaron al colectivo. “Más que artístico, somos un grupo político. Buscamos la propagación de ideas, la ruptura del orden establecido, el repensar la realidad todo el tiempo”, propone.

Participar de reclamos sociales y expandir determinados discursos, siempre desde la apropiación del espacio público. Ésa fue la condición primera del grupo que surgió en los pasillos y aulas de la Escuela Nacional de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón”, cuando sus creadoras dejaban la adolescencia. “Queríamos salir a la calle”, recuerda Lorena.

–¿Para hacer qué?
— Salir a hablar de cuestiones sociales y políticas, desde nuestra formación. Fuimos estudiantes de arte, y la idea era denunciar desde la imagen, lo simbólico, lo preformativo, aunque esa base se mezclaba con el salir por salir. Ninguna pasaba los 22 años, y necesitábamos movernos, decir lo que pensábamos acerca del contexto histórico, de cómo sentíamos el mundo del arte y sus circuitos; de cómo sentíamos la calle, la educación que recibíamos; los límites culturales, sociales y los nuestros propios.

— ¿Por qué la necesidad de decir desde el espacio público?
— El intercambio en imágenes es un ejercicio muy rico, que no tiene nada que ver con la actividad introspectiva del artista en un atelier. Es adrenalínico y festivo, es un descubrir total y permanente. Lo que juega es la comunicación permanente con el espectador, y se puede palpar cómo se amplía un símbolo, como se enriquece una visión ideológica en el encuentro con otras.

Por estos días, el grupo que cuenta con 13 años de historia y que llegó a reunir 20 integrantes, está integrado por tres docentes de arte, Lorena, Carolina Golder y Mariana Corral; una comunicadora social, Fernanda Carrizo; y una bailarina que es la fotógrafa del colectivo, Vanesa Bossi. No obstante, muchas de sus intervenciones las realizan junto a otras organizaciones. De todas, H.I.J.O.S. es la que sienten más cercana –-cuestiones de militancia–, pero también trabajaron con colectivos de lucha contra Gatillo Fácil y el Movimiento de Trabajadores Desocupados, entre otros.

— Definen las actividades del grupo como “luchas utópicas”. ¿Qué significa?
–Nuestras intervenciones son la expresión en símbolos del malestar, de hipocresías, mentiras, injusticias. Decimos que son luchas por la relación que se genera entre nuestra intervención y la gente desde la revelación del tema. Por lo general, esos malestares, denuncias, injusticias forman parte de un reclamo histórico de otros grupos. Por ejemplo, acompañamos a H.I.J.O.S. en los escarches marcando las casas de los genocidas con pintura roja. Nuestro hacer siempre implica una lucha desde lo colectivo.

— ¿A qué refiere la definición de arte político? ¿El arte es funcional a la política, la política al arte, o son dos esferas que consideran inseparables?
–Intentamos que lo artístico y lo político no sean entidades separadas. Queremos borrar los límites para que se entiendan como lo que son, dos partes de un mismo dispositivo de comunicación y pensamiento. El arte político como categoría nació mucho después. Entre los primeros referentes está la muestra Tucumán Arde, pero surgió de la relectura hecha, a principios de siglo, de lo que ellos hicieron en los 70. Nosotras tampoco éramos un grupo de arte político cuando empezamos, o por lo menos no nos definíamos así. El hecho de que se le llame arte político a lo que hacemos es producto de una relectura actual de la historia, algo que aparece en el espectador, más que nada en el crítico, en el tipo que necesita definirnos, encasillarnos.

–Entonces, ¿toman esa definición, reniegan de ella o no le dan importancia?
–La verdad es que no pensamos en lo político, la militancia y el arte como cosas separadas que decidimos mezclar. Cuando hacemos, sólo pensamos en categorías comunicacionales, en la mejor forma de hacer llegar discursos a espacios donde antes no llegaban, o a hacerlos llegar de otra manera. Si tendríamos que definirnos, nos inclinamos más para el lado de lo político, pero porque entendemos que todo arte es político. El arte que se mueve en los circuitos comerciales también lo es. La pregunta es qué política ejerce. El arte está en nuestro laburo pero como lo está en muchas otras cosas. Usamos imágenes de la misma forma que la usa la publicidad, la señalización vial, las estampitas religiosas. ¿Es arte lo que esas áreas hacen? Mientras más encasillamos las cosas, más limitamos nuestra posibilidad de pensar que todo responde al mecanismo de lo político.

–Pero ustedes deciden hacer política desde el arte, específicamente desde la imagen. ¿Por qué esa elección?
–No sólo imágenes, trabajamos mucho con textos, a los que terminamos convirtiendo en imágenes, claro, pero en sí son textos. En general son acciones que apuntan a lo simbólico desde lugares no convencionales. Se impulsa a la reflexión desde otro punto que no es la palabra y el aprendizaje formal. El juego de la tergiversación del sentido, de la parodia, del poner fuera de lugar algo, de la ironía, provoca un impacto que te hace preguntar cosas que no te preguntabas.

La elección de las temáticas de las intervenciones callejeras surgen “con el sentir de cada momento; son cosas, hechos, que detectamos cuando pasan o están pasando, y de los que consideramos que tenemos algo para decir”. Así, un 25 de mayo se calzaron los trajes coloniales y salieron a la calle a repartir bananas; trabajaron con el colectivo Acción Directa, el Sindicato de Motoqueros y otros grupos en la confección de placas recordatorio a las víctimas de la represión policial durante el 19 y 20 de diciembre de 2001, e hicieron otras tantas actividades enmarcadas en “El Antimonumento”, en desprecio a los que homenajean a Julio Argentino Roca en todo el país.

–Proponen apropiarse del espacio público desligándose de sus trabajos. Al revés sucede en los circuitos de arte, donde se apropian las obras y no los espacios. ¿Por qué esta inversión de la dinámica?
–No es una negación a apropiarnos de nuestra obra. No buscamos ni el anonimato ni la clandestinidad. Simplemente no firmamos porque hacerlo significaría atentar contra el efecto que queremos lograr. Funcionamos desde el anonimato porque trabajamos formatos que tiene que ver con dispositivos de comunicación que no toleran la firma. Una vez, imprimimos volantes de supermercados truchos, si los hubiésemos firmado, no hubieran tenido efecto. Buscamos subvertir los códigos institucionales, que si bien a primera vista el que lo ve lo reconoce desde lo convencional, luego se encuentra con que el contenido es otro y le empieza a generar ruido.

–¿En qué modifica la diferencia de ámbito de circulación al arte?
–Las poquísimas veces que participamos de muestras en museos o galerías nos dejaron un sabor amargo, una sensación vacua, como de que allí no generábamos nada potente que nos enriquezca. Nuestra razón de ser pasa por la cercanía directa con el espectador que se logra en la calle y con la producción colectiva, con la que genera estar haciendo algo allí, en lo público. En una marcha, en una pintada de un mural, o en una reunión en un barrio circulan energías muy diferentes a la de las galerías.
Por otro lado, estamos ahora descubriendo los efectos de la circulación de lo que hacemos en formato de video, algo que no nos genera la contradicción de una galería o un museo, porque no es lo mismo que la exposición de una obra de arte fija, de algo estático. El video es fácil de reproducir en cualquier espacio, se puede copiar. Es diferente.

–Hablan de un hacer colectivo en el que ustedes toman cosas de otros y, a la vez, sus obras son tomadas por otros. ¿Por qué lo deciden así?
–Eso es algo que ya no pensamos. Sale así. Está bueno que si una imagen o un discurso gusta se lo pueda apropiar y resignificar, logrando sentidos diferentes y nuevos, cosa que es difícil que suceda con una obra en un museo. Primero porque es complicado que todos puedan verla; segundo que, al estar allí, en una posición de ‘obra de arte’. En cambio, ponés un material en la calle y empieza a circular como algo que tiene que ver con la cotidianeidad.

–¿Qué les pasa cuando visualizan esa circulación, esa resignificación de sus producciones en los otros?
–Es buenísimo. No hay celosía, no hay envidia, hacia la otra obra. Todo lo contrario. Significa que cumplimos el objetivo, ese símbolo el efecto buscado en el público: la propagación de ideas. la ruptura del orden establecido y el repensar la realidad todo el tiempo.

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