Por F. G.
Fotografía gentileza de Guadalupe Lombardo (Página/12)
Buenos Aires, noviembre 5 (Agencia NAN-2009).- La entrada será gratuita. Y, a diferencia del tiempo en que funcionó como centro clandestino de detención, la salida también. Tras la suspensión que se cobró en julio la fiebre porcina, finalmente el Espacio Cultural Nuestros Hijos (ECuNHi), que funciona en lo que fuera el Liceo Naval de la ex Escuela Mecánica de la Armada (ESMA, en Avenida del Libertador 8465), tendrá desde mañana y hasta el domingo 15 su primera edición del Festival Nacional de Teatro, con una nutrida agenda de espectáculos. La iniciativa tiene como finalidad “celebrar la vida con imaginación, creatividad, intercambio de saberes y producción cultural”, explicó Guillermo Parodi, el coordinador del Área de Teatro de la institución e hijo de la reconocida cantante correntina Teresa Parodi, acompañado por la actriz y dramaturga Carolina Tejeda y la actriz, cantante y directora Rita Cortese durante la charla con Agencia NAN.
— ¿Por qué un festival de teatro?
Guillermo Parodi: — El ECuNHi tiene impregnada en sus paredes una historia oscura. Cuando la Fundación Madres de Plaza de Mayo nos convocó para fundarlo, lo hizo con la idea de transformarlo en un espacio vital que supere el terror y sublime el espanto; un lugar en el que hubiera producción de saberes; donde la cultura, la imaginación y el hecho artístico pudieran desarrollarse y permitieran reflexionar sobre nuestro pasado reciente y sobre cómo construir un país. Así es que empezamos a idear eventos y actividades: se hizo el Festival de la Canción Social, el Festival Argentina Negra y pasaron innumerables artistas, como León Gieco y Víctor Heredia. Entonces, nos inventamos un festival con el apoyo del Instituto Nacional de Teatro, para el que convocamos a seis espectáculos de algunas regiones del país. Pero, pandemia de por medio, lo corrimos para noviembre y nos jugamos un poquito más, con elencos de capital. Ahora, la programación tiene más de una veintena de espectáculos de teatro y unos diez musicales. Estamos vivos y seguimos creando: eso hicieron las Madres desde siempre y nosotros no hacemos otra cosa que seguir el mismo camino.
— ¿Qué criterios primaron a la hora de seleccionar las obras? ¿Debían estar vinculadas a la dictadura militar?
Parodi: — No son obras que hablan de la dictadura. Al contrario. El espacio es muy fuerte en términos de significación, entonces preferimos no obviar pero abrir el juego. Hace un rato le decía a Caro que su espectáculo se va a resignificar de una manera muy poderosa, pese a que no habla en absoluto del tema. Es algo que va a suceder con la gran mayoría de las obras, aunque no traten de la dictadura ni de los desaparecidos ni de nada que se le parezca. Preferimos invitar a los artistas a que puedan hacer su trabajo y desarrollarlo como si fuera cualquier otro lugar.
— Pero no es “cualquier lugar”… ¿qué sensaciones provoca trabajar en un espacio históricamente tan pesado?
Rita Cortese: — El espacio siempre manda, genera una impronta en el espectador que es insoslayable. La primera vez que entré no pude parar de llorar. Una angustia grande me iba venciendo el cuerpo: no era una voluntad mía pero me iba encorvando. Es un lugar que te manda y hay lugares del ECuNHi que siguen provocando cierta cosa.
Parodi: — Yo ya estoy curado de espanto. Hace más de un año que estoy trabajando allí, pero la primera vez me temblaron las piernas. Recuerdo la noche previa a la inauguración: teníamos que hacer un recital afuera, venía mucha gente, alquilamos sonido y se cortó la luz, el generador eléctrico no aguantó y a las 3 hubo que meterse en Sanidad… Es un espacio que uno no puede olvidar. Y a todos los artistas que vinieron les pasaron cosas: Juan Falú se quería ir y Liliana Herrero estaba conmocionada. Rafael Stregelburd escribió una cosa muy linda que termina con la frase: “No sé a qué hora empezó a hacer tanto frío.” Nosotros le ponemos polenta y, tímidamente, de a poco, el espacio se va transformando en otra cosa.
Carolina Tejeda: — Hay algo que es y está bueno que siga siendo, aunque transformado en acción y en un sitio abierto para desarrollar ideas y pensamientos creativos. Sigue siendo ese espacio y me parece que eso está bien, pero también está bueno que se le imprima vida.
Cortese: — Por lo menos, no va a volver a ser utilizado para lo mismo.
— Se suele indagar en el rol de la música popular y el rock durante el último gobierno de facto. ¿Cuál fue el rol del teatro?
Cortese: — La metáfora cumplió una función fundamental porque no se podía hablar directamente de las cosas. Salvo en personajes muy particulares, como Mercedes Sosa, Víctor Jara, Violeta Parra, Juan Falú o León Gieco, la función del rock fue más liviana que la del teatro. Y cuando llegó la democracia llegó también un momento bastante desagradable con respecto a la época de la dictadura: si no te habían puesto una bomba, no habías hecho nada. Las artes en general son absolutamente irritantes para cualquier hegemonía que quiera vigilar y castigar, como dijo Foucault, pero el teatro ocupó un lugar fundamental.
Parodi: — Yo era una criatura, siquiera tenía en la cabeza estudiar teatro. Pero sí lo viví a través de mi madre y de su falta de trabajo. El poeta jujeño Jorge Calveti era como el papá de mi madre en Buenos Aires y nos traía comida porque no teníamos.
— Mirando hacia atrás, ¿creen que actualmente la democracia está desvalorizada?
Carolina Tejeda: — Me parece que hay un trabajo que no es solamente de la dictadura, sino de bloques contundentes que han aniquilando la visión de la ideología y la militancia en tanto “trabajo en pos de”.
Parodi: — Primero nos mandaron a los militares y después a los “Chicago’s boys”. Es un plan sistemático de los últimos 30 ó 40 años para devastar un país.
Cortese: — Inclusive nos han quitado la expresión estética: ahora hay una expresión “no expresión”. Si cerrás los ojos mirando una película argentina de esa época, es muy notable lo que pasa porque todo el mundo habla igual. Eso tiene que ver con la dictadura militar, con el miedo, con la simplificación del sentimiento.
Tejeda: — Y lo que tenemos ahora es una democracia con agujeros.
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