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Cultura p(r)o(f)ética

HIMNOS_ENTRADA
Veinticinco poetas abocaron sus plumas ¿videntes? a los jugadores de la Selección, su DT y Carlos Tévez, en una antología de Años Luz que puede leerse online. Fotografía: Javier García Martino/AFA

Por Juan Ignacio Sapia

“La poesía al servicio de la profecía, ¿funciona de la misma manera que la poesía en general?”, se pregunta John Brent, un polémico teólogo estadounidense, en Profecía bíblica y literatura apocalíptica, su obra más importante. Esta distinción entre poesía profética y poesía en general, que en realidad propone un acercamiento a las sagradas escrituras, puede ser el puntapié de otra cuestión seguramente más atractiva: ¿existe en un texto poético cualquiera una capacidad predictiva? ¿Se puede leer, entre los pliegues de una poesía, una clarividencia, aunque sea involuntaria? ¿Qué sucedería si nuestro juicio sobre un poema estuviera determinado sólo por su capacidad para adivinar el futuro?

Himnos nacionales, la antología poética mundialista compilada por Juan Alberto Crasci y Sebastíán Realini, y editada por Años Luz, ofrece una oportunidad perfecta para juzgar un texto a partir de cómo se ajusta a la realidad posterior. La propuesta, que incluye un poema dedicado a cada uno de los integrantes del plantel argentino (más uno para Sabella y uno más para Carlos Tévez) soporta esta lectura, propiciada por el tiempo que pasó desde su edición y el desempeño, aún parcial, de cada uno de los jugadores. El encuentro entre el fútbol, disciplina anclada a la inmutabilidad empírica de los resultados, y la poesía, territorio de lo que a la vez se dice y no se dice, es irresistible.

“Los últimos minutos del partido,/ cero a cero las actas, angustiosa/ la tarde y muerta está la fiera diosa/ que defiende a los hombres del olvido./ La pelota recorre temblorosa/ la mitad de la cancha, no han vencido,/ del lateral, perdido por perdido,/ embiste una figura peligrosa./ Crece el ronco clamor de la tribuna,/ sostiene la gambeta Di María,/ se acomoda frente a la medialuna,/ con la zurda define, la armonía/ ríe en tantas almas, que no desuna/ Soberbia lo que trenzas, Alegría.” El poema de Rita González Hesaynes sobre el siete de la Selección es el texto con mayor capacidad profética del conjunto. El soneto breve y heroico debe leerse estrictamente como una anticipación del gol que Di María le hizo al conjunto suizo.

En otros poemas, la profecía está teñida por el optimismo y el deseo del autor: “Y ay! ojalá en el joven/ la amplitud de la camiseta/ no sea tanta/ como aquella misma que dejó afuera/ a la promesa por izquierda/ de la mitad más uno:/ el floreciente
Insúa, Emanuel”, escribe Realini en el texto dedicado a Marcos Rojo, uno de los jugadores más regulares del plantel de Sabella. “La realidad se hace a base de metáforas”, escribe Fernando Aíta en el dedicado a Biglia. ¿Qué mejor destino para un texto que moldear una victoria argentina?

En su texto, Realini le da un voto de confianza al volante de la Lazio: “Cuando pises el césped brasileño, vas a dar/ lo de siempre, lo sé, constancia y claridad./ Recuperar más que una cooperativa de cartoneros,/ y con la bocha en el botín, salir con alta cabeza”. En 1928, en su libro Los niños en América, el pensador William I. Thomas escribió un principio que se convertiría en fundamental para la sociología: “Si las personas definen las situaciones como reales, éstas son reales en sus consecuencias”. La realidad por venir es un material maleable, capaz de ser modificado a cada instante. ¿Y qué mejor instrumento que las metáforas, los poemas, los textos, para lograrlo?

En el poema que Ezequiel Vila le dedica a Messi la profecía toma forma de sueño colectivo: “Si cumplís tu destino manifiesto/ cuánto me gustaría que al momento de la prensa/ y los flashes/ los mandes a todos a la mierda,/ se las cobres,/ aunque todo lo tengas”, escribe. Una vez más: ¿qué mejor destino para un texto que hacer realidad el sueño que muchos de nosotros tenemos y que es que Messi tenga su propio LTA?

Nadia Sol Caramella relata una situación hermosa. Basanta abandona su condición de defensor central, desborda y clava un golazo contra Alemania: “Tenés una sola oportunidad de definir, corrés, la ves venir y la esperás con los brazos abiertos. Remate seco en el segundo palo. Goooool!!!!!!, convertiste José María Basanta, cuando no había nada que hacer, cuando la pelota parecía escaparse por el área”. ¿Profecía, deseo sublimado en texto, fantasía surrealista? Aún es demasiado pronto para saberlo.

Cábalas, rituales, superstición: en época de Mundial, la posibilidad de modificar el futuro inmediato se hace más irresistible que nunca. ¿Y si el resultado no depende de esos once pibes sino de la performance correcta de ceremonias cotidianas? Cualquier acción, por mínima que sea, tiene la capacidad sobrenatural de fijar el futuro, de corregirlo, de moldearlo. Himnos nacionales, entonces, puede (y debe) leerse como una apuesta, como un manual de instrucciones, un plan de operaciones para arrebatarle la copa al que venga. Un intento de fijar una realidad (por ahora) utópica mediante el texto.

* Himnos nacionales puede descargarse de forma gratuita en www.aniosluz.com.ar.