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Versus Bélgica

La Selección competirá en una semifinal mundialista tras 24 años.
#Mundial2014 La Selección venció 1-0 y competirá en una semi mundialista tras 24 años. Contra Holanda, El Mejor de Todos volverá a mostrar su hambre de gloria.   Fotografía: Télam

Por Hernán Panessi

En una entrevista del programa Sin Cassette, notable ciclo de conversaciones mano a mano conducido por Pablo González, Lionel Messi mostraba su hilacha de tipo confiado, ganador. Era el año 2005, todavía no había debutado en la Selección mayor y apenas asomaba su fútbol en el Barcelona de Ronaldinho y Deco. Un año después vendría el Mundial de Alemania, el gol a Serbia & Montenegro y aquella calentura suprimida mascando chicles a muelazos y veneno. Hay que saberlo: existe una diferencia sustancial entre ser y estar. Ser indica un estado permanente. Estar indica un estado transitorio. Messi es un tipo confiado, ganador. No andaba sacando pecho por jugar en el Barcelona de Ronaldinho y Deco ni por estar a punto de debutar en la mayor. Messi, que juega con la misma intensidad un partido en red al Pro Evolution que una final de la Champions League, siempre se caracterizó por su espíritu de competencia. Y ya sin premura, es válido aclarar que el petiso es bravo. Va a trabar rivales —no importa el tamaño ni la camiseta— con la bravura de un titán, siendo una pulga. Como curiosidad, antes de arrancar el partido con los belgas, la televisación mostraba a los equipos enlistándose para salir a la cancha. Y la prueba eterna de Messi como estatua de oro es la cara de los pibitos de la FIFA mirándolo embobados. No se las contaron: veían al superhéroe que conocen vía YouTube o se eligen en la PlayStation. Un titán, siendo una pulga. En cuanto a lo deportivo, en el partido contra Bélgica, Lionel Messi demostró una vez más (repetir como un mantra: no tiene nada que demostrar, no tiene nada que demostrar, no tiene nada que demostrar) que lo único que le importa es ganar. Messi, funcionando como un doppelgänger del Maradona del ‘86, eludió de a cuatro rivales a la vez. Viene a cuento: las estampas comparativas inundaron las redes sociales. Generó espacios para los delanteros y, otra vez, fue el motor de un equipo que lo necesita imponderablemente. Pintó a Fellaini y Witsel, esos dos personajes salidos de The Warriors, cada vez que la agarró en la mitad de la cancha. Media vuelta del 10, pase para Di María. Fideo busca profundidad en Zabaleta, rebota en un rival, la agarra Higuaín y la historia es conocida. Por caso, en el resto del juego, la ausencia de Di María pesó: Messi necesitó de su compañero. Así, el fútbol mermó. Fue victoria en Brasilia. Al terminar el partido, El Mejor de Todos, el que no necesita la tragedia para mostrar corazón, entonó a coro con los criollos presentes un cántico que, dicho por él, emociona: “Olé, olé, olé,/ olé, olé, olé, olá,/ soy argentino,/ es un sentimiento,/ no puedo parar”. Y ya no hay chicles ni veneno: sólo una semifinal. Y la coherencia —el contrato que uno firma con uno mismo— pesa por sobre todo: pasan los años y no hay nadie más ganador que él.