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La Grande en Ciudad Cultural Konex.-

Con el sistema de improvisación desarrollado en la Bomba de Tiempo, el percusionista Santiago Vázquez sube la apuesta y suma bases, instrumentos de cuerda y de viento para mixturar nuevos ritmos y sonidos en un show irrepetible.

Por Sergio Sánchez
Fotografía de María Luz Carmona

Buenos Aires, marzo 1 (Agencia NAN-2011).- Al director no le tiembla el pulso: le alcanza con pasarle una sutil seña a sus compañeros para que la música cambie de rumbo y se convierta en una tormenta exquisita de sonidos y mixturas. La escena pareciera pertenecer a una típica orquesta de salón o de cámara. Pero no: se trata de una banda de percusión que utiliza la improvisación como motor para crear y cuyo líder es el multiinstrumentista Santiago Vázquez. Como cada viernes de febrero, La Grande –el último y más ambicioso proyecto musical de Vázquez- se presentó en Ciudad Cultural Konex (Sarmiento 3131) y cerrará su ciclo esta semana.

La propuesta musical es interesante por varios frentes: uno de ellos es que en cada show participa una voz femenina diferente. “Ahí está Juana Molina”, susurró uno apenas la vio parada cerca del escenario. La cantante no perdía de vista lo que sucedía arriba, sabía que se trataba de un hecho irrepetible. La ovación no tardó en llegar. La talentosa artista que prefirió dejar atrás su faceta actoral y dedicarse de lleno a la música se subió sigilosamente al escenario y se adueñó del micrófono. Al principio se la notó un tanto incómoda o perdida pero pronto entendió cómo venía la mano y comenzó a hablar en el mismo lenguaje. Así se la escuchó tararear una melodía que parecía cruzar el jazz con el pop, pero sin mencionar una palabra (por lo menos, ninguna que figure en algún diccionario). Claro, los actores algo de improvisación conocen. Y a pedido del público, la cantante volverá a subir a las tablas como invitada de honor el próximo viernes.

No es tarea fácil definir a La Grande: se trata de una especie de aplanadora musical que presenta elementos tanto de los ritmos africanos como de la música electrónica y que propone un cuelgue constante, ideal para dejar que la música ponga al cuerpo en estado de frenetismo. Pero ojo, se trata de un show no apto para oídos acostumbrados al hit radial o al formato canción. No hay lugar para los estribillos ni para las melodías pegadizas. Los músicos improvisan en tiempo real a partir de bases que se mezclan y cambian de forma permanentemente. Y ahí es en donde cobra importancia el sistema de señas que inventó Vázquez para crear y componer en vivo, técnica que implementa también de forma similar en su proyecto más conocido: La Bomba de Tiempo (un fenómeno que mueve a miles de personas cada vez que se presenta). Lo realmente novedoso de La Grande es que nunca un show es igual al otro: cada tema o composición, que puede llegar a durar 15 minutos o más, es único y sucede aquí y ahora. Sin embargo, Vázquez planea sacar un disco que reúna esta mixtura de sonidos a mediados de año.

Detenerse a mirar al público puede resultar una experiencia igualmente extraña: apenas comienza el recital, un pibe de rulos agita su cuerpo como si estuviera en una licuadora o bien electrocutándose y una chica flashea que está en una rave. Cerca de ellos, una parejita baila como si tuviera enfrente a una banda de reggae. Cada uno disfruta a su manera, no importa cómo. Lo que es imposible es ser indiferente a esa explosión de percusión que invita a sumarse, a dejarse llevar por el baile y perder definitivamente el pudor. Una de las pocas palabras que dice el director en toda la noche, cuando la banda queda en silencio por un instante, parece una ironía: “No sé si esto se puede bailar”.

Y mágicamente saca un silbato de quien sabe dónde y entra en complicidad con su banda: esboza una melodía que los vientos imitan a la perfección, sin errarle a una nota ni perder la concentración. En otros pasajes del show, esos mismos músicos retroceden en el tiempo, viajan a kilómetros de distancia y hasta evocan las costumbres de comunidades ancestrales. Sobre el escenario se acomodan los integrantes de la tribu que le dan vida al ritual: Ezequiel Borra experimenta con su guitarra, el saxofonista Rodrigo Domínguez y el trompetista Juanfa Suárez aportan los aires jazzeros y regueros, los percusionistas Pablo Bendov y Diego López de Arcaute son los pulmones de la banda y el bajo de Mariano Domínguez funciona de unificador. Y delante de ellos está el jefe de la tribu, Vázquez, quien le saca humo a la marimba (una suerte de xilófono de madera) y no para sacarle música a cualquier cosa: silbatos, elementos cotidianos y hasta un kazoo, todo cohesionado con justeza. Apoyado por samples y una potente base rítmica, La Grande no deja de tener el esquema de una banda (eso sí, de una poco convencional) y hasta se permite transitar por el funk, la música balcánica y el rock.

* La Grande se presentará el viernes a las 00.30 en Ciudad Cutural Konex, Sarmiento 3131. La cantante invitada será Juana Molina.

Sitio: http://www.santiagovazquez.com/