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Una historia en imágenes de la cultura andina.-

Marta Purama logró encontrarse con su mundo y sus raíces durante innumerable cantidad de viajes por Latinoamérica. En su recorrida por el suelo que la vio nacer, incursionó en la pintura, la fotografía y perfeccionó las técnicas para representar de la mejor manera la identidad de la América irredenta. Ahora, ofrece esos pedazos de cultura en forma de retazos a todos aquellos que pasan por una plaza, una peatonal o cualquier espacio público como una herramienta de memoria para mantener sus orígenes vivos.

Por María Luz Carmona
Fotografía de M. L. C.

Buenos Aires, marzo 2 (Agencia NAN-2011).- Marta Purama no previó que un viaje le produciría un cambio profundo y definitivo en su forma de ver el mundo y de verse a sí misma. Es que después de recorrer Latinoamérica, la joven fotógrafa y pintora nacida en Ledesma (Jujuy) logró reencontrarse con sus raíces ligadas a cultura andina y representar todo eso en cada una de sus obras. “Cuando entré en un movimiento artístico, mientras estudiaba fotografía, conocí gente totalmente diferente a la que me rodeaba y a partir de ahí empecé a viajar e hice un ‘clic’. Comencé a pintar aceptando esa realidad, a hacerme cargo de mi historia y mis raíces. Para mí la pintura es una terapia. Antes me avergonzaba decir que era hija de una mujer boliviana pero ahora lo digo con orgullo”, comenta Purama, durante una cálida charla con Agencia NAN en la Plaza de Mayo.

–¿Entonces los viajes fueron una influencia para tu arte?
–Creo que el hecho de viajar y conocer otras culturas te abre mucho la cabeza. Yo intento, a través de una pintura o de varias, reflejar lo que viví, lo que me pasa, mis experiencias en los viajes que me ayudaron a entender y a aceptar de dónde vengo.

La joven artista que estudió fotografía en la Casa de la Cultura de Avellaneda y pintura en un pequeño el taller cuenta que a partir de sus experiencias de mochilera por Colombia, Venezuela, Brasil, México y Bolivia adquirió más herramientas para su arte. “Cuando empecé a trabajar en la calle, arranqué con la fotografía. Tenía una serie de fotos que había sacado en las yungas de Coroico (Bolivia) y las vendía en la calle. De a poco empecé a incorporar otras técnicas como el grabado y después me tiré a la pintura con acrílicos. Un día estaba pintando un caminito y ahí empecé a pintar cholas, pero con un estilo más naif, no las sacaba de las fotos. Y de a poco fui dejando de venderlas y me dediqué de lleno a las pinturas”, señala.

Imágenes de cholitas con sus polleras típicas, awayos de colores vivos, sombreros, ponchos y largas trenzas conviven en sus trabajos, o cholitos tocando el sikus, trabajando la tierra, mirando el sol o navegando en bote por el Lago Titicaca. Todas imágenes plasmadas en las pinturas sobre lienzo que Marta ofrece todas las tardes en la feria de la peatonal en Perú y Avenida de Mayo. La artista que ahora vive en Berazategui también utiliza otros estilos: grabados en madera, dibujos y fotografías, siempre con la misma temática.

La técnica que más utiliza para crear es tomar fotografías y luego pintar esas imágenes, pero con algunos retoques. “Hay muchas imágenes que saco de mis fotografías, pero las pinto con un estilo más naif, no tan realista. Viajo, registro por todos lados lo que veo, y después las voy incorporando a la pintura”, explica la joven, convencida de que “la fotografía y la pintura son técnicas que se complementan”.

Volver al origen

La mamá de Marta nació en Potosí y cuando era joven decidió ir a vivir a Jujuy para trabajar en las zafras de caña de azúcar. En Yuto, en el departamento de Ledesma, Marta nació y pasó los primeros años de su vida. Pronto las dos se trasladaron a Buenos Aires y ella creció en la ciudad. Marta tuvo que empezó a viajar para reconocer su identidad originaria. “Durante varios años me costó mucho hacerme cargo de mis raíces porque de chica me sentí discriminada. Y cuando empecé a viajar mi mamá siempre me preguntaba ‘¿por qué no vas a Bolivia?’ y yo me preguntaba ‘¿por qué tengo que ir a Bolivia?’ Y eso tenía que ver con un tema de hacerme cargo de mis raíces, de mi cultura, porque en ese momento sentía que no estaba preparada para aceptar esa parte de mi historia”, recuerda la artista con una sonrisa en el rostro.

“Después de recorrer Brasil, Colombia, Venezuela y México viajé por el norte argentino y sentía que me había perdido de conocer lugares hermosos. Cuando fui a Chiapas, en México, mi mamá veía las fotos y me decía que el paisaje era muy parecido a Bolivia por la vestimenta de la gente y los rasgos. Y cuando finalmente fui a Bolivia no lo podía creer. No podía entender cómo me había ido tan lejos para conocer algo que estaba tan cerca”. A partir de ese momento, Marta no dejó de admirar y pintar los paisajes del país donde nació su mamá.

Formas de ver el mundo

Si bien desde chica a Marta le gustaban las artes plásticas, de grande fue incorporando nuevas técnicas artísticas que enriquecieron sus trabajos. Después de hacer un taller de iniciación a la plástica, la artista optó por las técnicas de grabado y dibujo. “Descubrí un mundo con el grabado”, cuenta. “Hay diferentes técnicas según los materiales con los que trabajás. Ahora estoy haciendo grabados en chapa de cobre, con dos técnicas totalmente diferentes. Trabajo con distintos materiales y técnicas pero siempre con la misma temática. Voy complementando todo”, se entusiasma.

Sus pinturas, que llaman la atención de cualquiera que pase caminando por la peatonal (turistas o no), saben reflejar fielmente sus vivencias, su identidad andina, a través de las figuras humanas y la utilización perfecta de los colores, las luces y las sombras. Además, retrata paisajes que parecen evocar a atardeceres de la Isla del Sol o de Copacabana. “Me gusta mostrar a través de mi arte dónde vengo. La gente se acerca y pregunta y a mí me gusta contarles lo que me interesa reflejar. Para mí fue una alegría descubrir que al resto de las personas se interesaban por mis obras. Y a través de la pintura me relacioné con gente que también había viajado y que tiene la cabeza más abierta. Lo bueno es que te comentan sobre los viajes y te pasan data”, contó la artista, que en este momento está de viaje por Bolivia.

–¿Creés que ahora hay una mayor aceptación de la cultura latinoamericana en nuestro país?
–Creo que después de 2001 hubo un gran cambio. El argentino tomó conciencia de que es parte de Latinoamérica. Faltaba ese golpe para darse cuenta de eso. También pienso que hubo un cambio en toda América de Sur, por ejemplo con Evo (Morales), que reivindica al pueblo boliviano. Aunque Buenos Aires es el centro de la Argentina, me parece que también hay que mirar para otro lado. Y de a poquito el porteño se está interesando en viajar y está mirando para el interior. Eso está bueno. También se están haciendo cargo de que en este país existen distintas culturas.