Por Maximiliano Kosteki*
Hace demasiado frío en este lugar.
Sigo caminando por este inmenso pasillo.
¿Hacia dónde me dirijo? ¡Estoy perdido!
Los pasillos no dirigen a ningún lugar,
tengo mucho frío, sin embargo mi sangre…
Mi sangre hierve, fluyendo por mis venas,
siento que van a explotar…
Ya desesperado sin hallar la salida de este eterno laberinto.
Las bestias me persiguen y ya comencé a desangrar,
por aquellos zarpazos que desfiguraron mi rostro
y mutilaron parte de mi cuerpo.
Con todas mis últimas fuerzas hallé una puerta,
agitado, desesperado, intento llegar antes que ellos,
con el último aliento abro la puerta.
¡Sí, ya estoy afuera!
Tan solitaria la inmensa habitación frente a mí
y sin vacilar me introduje dentro de ella…
¡Ahora sí que estoy afuera!
* Este es uno de los pocos escritos que fechó: 17 de febrero de 2002. Mabel lo descubrió pocos días después de que su hijo fuera asesinado. “Cuatro meses antes, Maximiliano describió su últimos momentos en la estación”, interpreta.