
Por Marcelo Acevedo
Unas 66 mil mujeres mueren por año a causa de violencia de género en nuestro planeta. Otras 70 mil fallecen cada doce meses durante abortos clandestinos. Y, lamentablemente, estas cifras van en aumento. ¿Por qué la mayoría de las personas alrededor del mundo acepta esta realidad tan mansamente? ¿Cuál es el motivo que nos lleva a nunca cuestionarnos la “realidad” que nos impone esta sociedad patriarcal y misógina?
La psicología social dice que la realidad es una construcción colectiva. La socialización primaria crea en la conciencia del niño una abstracción progresiva que va de los “roles” y actitudes de otros específicos a los “roles” y actitudes en general. Este entendimiento de la sociedad es denominado el otro generalizado y se puede dar a través de una progresión de normas de conducta o a través del juego, adoptando y tratando de comprender la diferencia entre esos roles sociales. De esa manera, el individuo va aprendiendo qué tipo de comportamiento es el esperado por sus pares y apropiado para la sociedad específica en la que comienza a desenvolverse. Es decir, va adquiriendo normas de comportamiento impuestas por sus mayores.
Así, en nuestra sociedad, el otro generalizado se manifiesta de ambas maneras: desde que somos pequeños nuestros padres nos enseñan (a partir de su propia misoginia adquirida) que si sos mujer, ser libre y tener sexo con diferentes personas prácticamente te convierte en puta. Y si quedás embarazada soltera, bancátela por no cuidarte. Ahora, si sos varón estás obligado a ser el machito, mostrar el pito y tener sexo con todas las mujeres que puedas, y sólo así vas a ser un campeón, el gallito de papá, el mejor entre tus amigos. El varón cuando niño juega a ser el superhéroe, el salvador de esa niña que a su vez juega a ser adulta y adopta el rol de secretaria, de mamá obediente que se queda guardadita en casa, de enfermera sumisa que cura al héroe de guerra pero no recibe ninguna medalla ni reconocimiento.
La realidad de la vida cotidiana no requiere verificaciones. Está ahí, por eso sencillamente sé que es real. Entonces, si “todos” dicen que abortar está mal, ¿por qué yo debería cuestionarlo?
Hoy, la cara visible de ese «todos» son la iglesia católica, los sectores conservadores del país y, aunque traten de disimular su bajada de línea constante, también los medios de comunicación. La televisión le pertenece al poder y los medios del poder difunden la ideología del poder. Lamentablemente, nuestra cultura es teledependiente. Por eso es tan necesario un documental como Las Libres. Por eso es fundamental la difusión y exhibición de Las Libres. En un país donde en los medios de comunicación se demoniza a la víctima de un asesinato sólo por ser mujer y pobre, en una ciudad donde se interrumpe el aborto de una chica mediante un escrache en la puerta del hospital, es necesario un documental que denuncia y al mismo tiempo concientiza.
Las Libres narra la lucha de un grupo de mujeres por conseguir una ley que permita la interrupción del embarazo y de esa manera evitar que se sigan vulnerando los derechos básicos de cualquier ser humano: libertad, dignidad, decisión sobre su vida y su cuerpo.
Su núcleo gira en torno a la historia de nueve mujeres mexicanas que fueron criminalizadas por un sistema injusto, patriarcal y arcaico, que parece ver tras los abortos más demonios que en los femicidios. Un caso paradigmático es el de Adriana Manzanares, quien fue acusada de homicidio y encarcelada cuando tuvo un aborto espontáneo por la paliza que le propinaron sus familiares y vecinos a modo de juicio popular, por haber “osado” romper las leyes patriarcales de ese pueblo.
La lucha de la asociación civil Las Libres en Guanajuato, liderada por la incansable guerrera por los derechos de la mujer Verónica Cruz, y la batalla que dan diariamente Las Rojas en la Argentina, presididas por Manuela Castiñeira, hacen núcleo en este relato que denuncia la opresión de género y desenmascara un sistema cruel, además de exponer a una sociedad que acata estas leyes y acepta la misoginia, costumbre cultural aberrante.
Las Libres es un documental agobiante, triste, porque siempre es triste ver opresión de género. Pero también es una película llena de esperanzas, transmitidas a través de la lucha inclaudicable en la búsqueda de la justicia y la igualdad; un documental que busca concientizar a través de esos testimonios duros pero necesarios para comprender que aún vivimos en una sociedad llena de hombres y mujeres machistas, quienes siguen intentando mantener el statu quo impuesto por un patriarcado de miles de años. El cambio sólo es posible si empezamos a tomar conciencia de que algo en nuestra sociedad no está bien cuando no se deja decidir a una mujer qué hacer con su propio cuerpo. Por eso es fundamental que se difunda la lucha de estas mujeres.
Las Libres es una película independiente que se rodó en México, Estados Unidos y la Argentina, con un presupuesto limitado (gran parte proveniente del centro Las Libres) y un equipo técnico acotado, compuesto por el colombiano Gustavo Montaña en la dirección y los argentinos Mariano Corbacho (en sonido y producción) y Martín de Dios (en cámara), ambos egresados del Instituto de Arte Cinematográfico (IDAC). El film está dando vueltas en un reducido circuito de festivales y eventos educativos, pero obviamente con eso no alcanza. Mientras siga habiendo mujeres fallecidas en abortos clandestinos o encarceladas por leyes retrógradas y misóginas, la lucha continuará. Las Libres no se cansan, Las Rojas siguen batallando. Nosotros podemos poner nuestro granito de arena en pos del cambio viendo este documental, difundiéndolo, concientizando, concientizándonos.
* Las Libres será proyectado el próximo sábado a las 18 en el cine Gaumont, Rivadavia 1635, Ciudad de Buenos Aires. Será en el marco del Festival Internacional de Cine por la Equidad de Género Mujeres en Foco, que arrancará hoy y se extenderá hasta el próximos miércoles.