Por Facundo Gari
Buenos Aires, septiembre 13 (Agencia NAN-2008).‑ “Abzurdah es una historia de amor”, definía Cielo Latini, una joven escritora de 23 años oriunda de la ciudad de La Plata, dos años atrás en un almuerzo frente a la eterna diva de los mediodías, la conductora Mirtha Legrand. Y ciertamente, de eso trata el libro. Una historia de amor autobiográfica condimentanda con atracos vomitivos, cortes autoflagelantes al filo de un sacapuntas, dogmas sacro-físicos de obediencia a una diosa de la anorexia y un intento de suicidio.
Tras la publicación del libro de la mano de editorial Planeta, muchos medios de comunicación comenzaron a difundir la “notoria novedad” de una chica (¿ex?) anoréxica-bulímica que contaba cronológicamente todos los padecimientos vividos desde el día en que conoció a Alejo, el príncipe gris de esta historia. Hubo quienes admitieron que si bien el contenido del libro era perturbador, ayudaría a concientizar a personas que estuvieran atravesando situaciones similares: males de amor y desórdenes alimenticios.
También hubo quienes lo criticaron, condescendientes con la metódica maniobra de la no-exposición de historias tan aberrantes, del ocultamiento como forma de construcción de la realidad. Sin embargo, pocos contemplaron que se trataba de una autobiografía y por tanto, difícilmente criticable en ese sentido.
Lo que más llama la atención del libro es que carece de final. No hay escena triunfal, ni melodramática, sólo unas pocas páginas en que Latini intenta redondear algunas ideas-disculpas-situaciones. Pero sin lograrlo, porque no es siquiera un final abierto. Al parecer, los finales de Latini quedan todos en intento: el de su vida, el de su primer amor, el de su libro y ¿el de su anorexia?
Tampoco hay verdadera moraleja en Abzurdah, que es –como admite Latini– un absurdo. Literatura en clave blog, más cercana al monitor que al papel, esta obra no es más que un manuscrito de descargo emocional, irónico y descarado, tal vez producto de una búsqueda de paz interior, aunque Latini se permita algunos giros metafóricos de bajo vuelo (“Estoy vomitando pedazos de alma”).
La autora no pretende hacer de su experiencia un universal único e insoslayable, eso está claro. Sin embargo, la constante dramatización de lo que se narra no permite distanciar –salvo en algunas oportunidades en que Latini lo explicita– la Cielo recuperada de la enferma, la actual de la de ayer. Lo mismo sucede al finalizar la historia, respecto de su relación con Alejo, a quien criminaliza e idolatra simultáneamente.
Varias situaciones cotidianas (aunque dadas como únicas e irrepetibles) a la mayoría de quienes tuvieron, tienen y tendrán en sus manos el libro y preguntas comunes y cuasi retóricas (“¿Por qué uno se imagina tremendas estupideces?”), son algunos de los recursos que se repiten en el texto, tal vez en otro intento, el de volverlo próximo al lector.
Abzurdah es, en fin, una obra egoísta pero interesante en tanto que pone en relieve algunas concepciones actuales, como la diferencia de trato que se le da a una chica anoréxica y a una modelo de pasarela, profesión que escuda más de un caso de delgadez alarmante. Una obra de lectura fácil, que pudiera haber sido plasmada en no más de un centenar de páginas (y no en casi tres), pero que no deja de ser llamativa por su tono agresivo y la problemática abordad.
Sitio:
www.abzurdah.comFotolog: www.fotolog.com/abzurdahoficial