En la segunda entrega de la trilogía en torno al personaje Sivori, este director de cine de 52 años imagina a una Eva Perón consciente de que está a punto de convertirse en la mujer más importante de la historia argentina y de que morirá joven y no tendrá tiempo de tener hijos.Por Esteban Vera
Buenos Aires, septiembre 27 (Agencia NAN-2010).- Desde el emblemático cuento “Esa mujer”, de Rodolfo Walsh, pasando por la historieta Evita, vida y obra de Eva Perón, de Héctor Germán Oesterheld, hasta la novela de Tomás Eloy Martínez Santa Evita, la mujer más influyente de la historia argentina sigue vigente en las letras vernáculas. Ahora, Juan Martini acaba de publicar Cine II. Europa, 1947 (Eterna Cadencia), la segunda entrega de su trilogía sobre Sivori, un director de cine experimental de 52 años que intenta avanzar en un guión sobre Eva. A Sivori no le interesa contar la vida de “esa mujer” ni su relación con Perón, tampoco la épica del 17 de Octubre, sino narrar una película en tres episodios, cuyos guiones consistirán en diálogos de entrecasa entre Evita y tres mujeres, confidentes ocasionales. En esas charlas, Eva es consciente de que está a punto de convertirse en la mujer más importante de la historia argentina, en un mito, que morirá joven y no tendrá tiempo de tener hijos, y duda de que Perón “tenga pelotas” para ponerse al frente del pueblo. Esta vez, el escritor rosarino se detiene en la gira europea, cuando doña María Eva Duarte de Perón –así exigía El General que se la llamara– se convierte en Evita y comienza a sospechar su enfermedad. Así, el narrador destaca que “la construcción del propio mito en sólo siete años es unos de los géneros y una de las obras maestras del siglo XX”.
La novela se construye a través de la mirada que tiene Sivori sobre Evita, porque Martini acepta el reto de la pregunta de Stendhal, que abre el relato: “¿Cuál es el ojo que puede verse a sí mismo?”. “Sivori, que no es ni ha sido peronista, tiene sin embargo una fuerte simpatía por Eva, un reconocimiento que se sostiene en la voluntad de esa mujer de trabajar para los pobres y su deseo de pasar a la historia, exactamente por eso”. En paralelo, la historia avanza en la historia de otras mujeres que se cruzan con la mirada de Sivori. Mujeres, al igual que Evita, con miedo; entre ellas “la mujer de enfrente”, la hija de su productor y Grace, la protagonista de Dogville (film del director sueco Lars von Trier).
Pero la mirada de Sivori no sólo se detiene en mujeres, también hace foco en los monumentos del Parque Tres de Febrero (más conocido como Los Bosques de Palermo). Allí, se interroga sobre si es aleatorio el emplazamiento de las estatuas, como la de Nicolás Avellaneda, “el hombre que ordenó el exterminio de los indios en la Patagonia”. O si la ciudad “borra” los rastros de la obra de Evita.
En otra línea, el narrador esboza un planteo sobre el ciertos films del cine independiente (es decir, el cine no producido con el lenguaje cinematográfico de Hollywood) y los críticos culturales: “Hay gente que hace películas, pero a las que no le gusta el cine, sino sus delgadas ideas sobre el cine barnizadas de poética actual. Así, como hay críticas hipnotizadas por su propio discurso y no por el objeto al que le infligen su discurso. Problemas de los tiempos modernos, del narcisismo y de la crisis del pensamiento”.
Por último, en lo formal, con una maquinaria narrativa que intencionalmente reitera fragmentos para remarcar ideas, el narrador –¿un kirchnerista en el closet?– avanza con una prosa precisa, detallista, rica en descripciones y datos relacionados para armar un discurso tendiente a rendir tributo a Evita. Además, el segundo episodio de la trilogía de Martini, a diferencia de la primera entrega, no deja dudas: habrá un tercer capítulo.