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Libros: “Emergencia: cultura, música y política” (Varios autores, 2008).-

Recientemente publicada por la editorial del Centro Cultural de la Cooperación, se trata de una compilación de artículos, ensayos e investigaciones sobre las prácticas culturales asociadas a la música que emergieron con el nuevo siglo –de la cumbia villera al heavy metal, pasando por el reggae y el rock; de las nuevas tecnologías al servicio de los independientes al discurso de “estafa al artista” que las multinacionales hacen circular escondiendo intereses económicos propios; del lunfardo del tango al beat del arte afro–, en el que diez jóvenes periodistas, investigadores, docentes y científicos sociales analizan qué sucede en torno a las nuevas expresiones en la música circa 2000.

Por Luis Paz.
Fotografía gentileza de Editorial del CCC.

Buenos Aires, agosto 5 (Agencia NAN-2008).- Sea sincero, lector. ¿Había usted notado que Néstor Bordiola, más bien Néstor en Bloque, que hoy llena bailantas con covers de Dyango, es aquel mismo esmirriado muchachito que cantaba en la banda de cumbia villera La Base Musical, bajo el seudónimo de Jeringa? Bueno, pero sí hubo quién lo notó y, para más, lo puso en análisis científico: Malvina Silba, una de los diez jóvenes autores, periodistas, científicos sociales y artistas que publican sus artículos y ensayos en Emergencia: cultura, música y política, una compilación del trabajo de producción intelectual que rodea al ciclo Emergencia, organizado por el porteño Centro Cultural de la Cooperación, editor del libro.

Ahora bien, lector. ¿Recuerda usted a Raymond Williams, uno de los ingleses del círculo de intelectuales de Birmingham? Es el que proponía una teoría de los estudios científicos sobre la cultura a partir de un modelo marxista mejorado, según el cuál existe una cultura dominante y otras subalternas, en las que dos tipos de expresiones ocurren, lo residual y lo emergente. Bueno, Williams dijo que lo residual proviene del pasado pero tiene todavía rasgos activos en la sociedad actual; y que lo emergente es aquello nuevo, los significados, valores, prácticas, tendencias, relaciones, intercambios que recién empiezan a circular socialmente. Lo emergente suele, según esta caracterización, ser alternativo a la hegemonía, es decir que ocupa su lugar y cobija como cultura a aquellos a los que la dominante no incorpora.

Bueno, sí no recordaba a Williams, ahora tiene más o menos claro de qué la iba, y eso es importante por que su concepto de “lo emergente” es el que hace pensar a Emergencia: cultura, música y política en torno de lo que emergió (y, en un juego de doble sentido, lo que entró en emergencia) durante lo que va de la menguante primera década del tercer milenio (d.C.). Así, los autores analizan, cada quien por su lado, buena parte de lo que viene emergiendo (una segunda etapa de auge del reggae, las tecnologías al servicio de la creación musical hogareña), lo que venía emergiendo (la cumbia villera) y lo que permanece como residual (heavy metal, tango, arte afro).

La habilidad de apertura científica de uno de los textos sobre la cumbia villera –“De villeros a románticos: transformaciones y continuidades de la cumbia”– es magnífica cuando la autora, en plan de antropóloga, se vacía de preconceptos para sorprenderse en el trabajo de campo. Un texto ideal para apunte de futuro científico social, que se conversa a sí mismo sobre por qué habrá sido que la cumbia retornó al tono romántico de su “época dorada” (entre 1960 y 1966, con una revuelta estética a mediados de los años 80) con los primeros años 2000, teniendo tan fresco antecedente como el esplendor de la cumbia villera en los umbrales del siglo.

El ensayo –más bien Silba, socióloga doctoranda en Ciencias Sociales, deliberadamente atenta a las implicancias socioeconómicas de la adscripción a una u otra estética musical–, termina incorporando en no más de diez mil palabras al menos cuatro líneas de investigación posibles: el cansancio de las oyentes femeninas de cumbia villera por sentirse maltratadas en las líricas de los temas; la supuesta “reactivación” económica del país en la segunda mitad de la década, por la que parte del público de cumbia villera comenzó a alejarse de la marginalidad y a, en cierto punto, sofisticarse; el papel que los medios de comunicación actuaron en la presentación de la experiencia de la cumbia villera, desde la acusación a la criminalización, de la explotación comercial a la parodia; o que acaso las constantes denuncias por “apología” del uso de drogas, el abuso del alcohol y la resistencia a la autoridad habrán terminado cansando a los cantantes, al sentirse censurados. Un texto magnífico. Aunque breve.

Pero se continúa, conceptualmente, en otros nueve trabajos, donde las preguntas son del tipo: “Los avances tecnológicos, que habilitan a las bandas a registrar sus canciones en álbumes hechos en casa, ¿equipara las condiciones de coexistencia para las discográficas independientes y las multinacionales?” ó “El heavy metal argentino, ¿es nacionalista? ¿es eugenético?”. Y la continuidad ocurre por que es la búsqueda de una respuesta, de una teorización sobre estas incomodidades, lo que guía a la obra en sus tribulaciones sobre las prácticas actuales de producción, circulación y reproducción de la música, sus objetos y sus signos.

Los textos surgen de Emergencia, un ciclo de recitales y reflexiones organizado por el Centro Cultural de la Cooperación desde abril de 2006, por el que pasaron Francisco Bochatón, Suéter, Pablo Dacal y Gabo Ferro, pero también Onda Vaga, Dick el Demasiado y La Chilinga. Y en el que pensaron el periodista Mariano Ugarte, la socióloga Malvina Silba, la antropóloga María Angélica Balmaceda, el docente e investigador Mariano Gallego, el comunicador y docente Daniel Salerno, el docente e investigador Luis Sanjurjo, el comunicador y docente Fernando Ojeda, la comunicadora Carolina Spataro, el periodista Gabriel Herz y la comunicadora y publicista Virginia López. Aunque López haya sido tan coqueta de no dar su edad para el apéndice del libro, ninguno de los otros autores supera los 30 años. El dato es interesante si se tiene en cuenta que son la franja etaria contemporánea a lo que analizan, que están incidiendo, están haciendo antropología más que sociología. Y está bien, porque de eso se trata la publicación: de esbozar primeros acercamientos teóricos a esas nuevas cosas que han ocurrido en el campo musical en lo que va del siglo, agravado por la masacre de Cromañón; desde una perspectiva histórica de la música, su ética y su estética, su temática y su práctica.

Coordinados por Ugarte y compilados por Sanjurjo (que además toca en Pleyades, la primera banda de reggae “foucaltiano”), son diez los trabajos que integran la publicación, desde “Música: tecnología, usos y consumos en una industria” –sobre los avances técnicos en la grabación hogareña de música y las nuevas formas de reproducción (MP3, DVD), pero también acerca de las novedades que, aparentemente, harían más justa la competencia discográfica– a artículos sobre el arte afro; el tango como catalizador en la construcción de identidad y nacionalidad; una discusión teórica acerca de si el rock es una subcultura o una contracultura; un recorrido histórico del reggae dentro del dispositivo musical; una crítica a la música “gastronómica”; un segundo y muy recomendable texto sobre la cumbia villera y la percepción que el Estado y los medios tuvieron de ella; y el trabajo sobre el heavy “eugenético”.

Así es como se llega de Néstor en Bloque a Raymond Williams.