Por Facundo Gari.
Fotografía gentileza de Queso & Dulce.
Córdoba, agosto 8 (Agencia NAN-2008).- Para comenzar este artículo de manera acorde a las formas de construcción que Queso & Dulce utiliza para componer sus mash-ups habría que combinar citas de escritores tan disímiles (si es que en realidad lo son) como Charles Bukowski y Jorge Luis Borges. O, más aún, juntar la concepción que sobre la feminidad expuso Ernesto Sábato en Heterodoxia con el sexismo cliché de las historietas de Maitena. Tarea fina la de este dúo agridulce cordobés: lograr la convivencia humorística pero equilibrada entre “La Mona” Giménez y Lou Reed, Sandro y Radiohead o Pink Floyd y Los Fronterizos, entre otros. Su único disco, Veneno para fanáticos, para el que no tocaron “ningún instrumento”, tuvo una pequeña tirada. Fueron 30. No obstante, desde hace casi tres meses su descarga está disponible en internet y alrededor de dos mil personas ya los han escuchado.
Dicen ser de Villa Ciudad Parque Los Reartes, una comuna cordobesa que “no se decide a ser una sola cosa”. Él, Queso, de 36 años, es docente, ama leer y escuchar música; ella, Dulce, de 27, es fotógrafa y diseñadora gráfica freelance. “Lo que nos distingue es partir desde la coincidencia armónica de piezas musicales de géneros muy distintos, mezclando mundos que teóricamente se repelen”, definen entrevistados por Agencia NAN.
– ¿Por qué eligieron Queso & Dulce como seudónimos, respectivamente, y como nombre de la banda?
– Q: Fue un hallazgo de Dulce. Refleja nuestro procedimiento de trabajo: la combinación de dos ingredientes que tienen poco o nada que ver para formar un manjar de sabor único, decimos en las notas del disco. Hegel diría: “Queso como tesis, dulce como antítesis, y un postre rico y barato para todos como síntesis”.
– D: Es una mezcla que propone convivencia, respeto por la diferencia. Y sobre todo, armonía: juntos pero no revueltos.
– Siguiendo con las inquietudes nominales, ¿por qué Veneno para fanáticos?
– Q: El fanático es el mal de la humanidad, y sobre todo de nuestro tiempo, del 11 de septiembre de 2001 para acá. El fanático es intolerante por naturaleza. Y entonces, cuando sos uno de esos fans de Pink Floyd que te secan la cabeza declarando que ya vieron The Wall 23 veces y siempre le encuentran “algo nuevo”, cuando sos un tipo de ésos y escuchás que te mezclaron “Shine on you crazy diamond” con Los Fronterizos, seguramente sentís como si te tomaras un trago de cicuta por la oreja.
D: No se bancan ser queso y estar junto al dulce, o viceversa. No se bancan la maravilla y la imperfección, el humor. Quieren respetar los géneros, las etiquetas, las casillas impuestas para cada cosa.
– ¿Y ustedes no se consideran fanáticos de algún músico?
– Q: Me gusta mucho Frank Zappa, pero también Mozart, Bach, Mendelsohn, Piazzolla, Pink Floyd, Yes, Dylan, Serú Girán, todo Spinetta, Jobim, Buarque. Y de jazz, un montón: Bill Evans, Oscar Peterson, Miles Davis, John Coltrane, Charles Mingus, Herbie Hancock, Freddie Hubbard, Lee Morgan, Ella Fitzgerald, pero no soy fanático de nadie. No soy de esos que vienen, te prestan un disco y después, si les decís que no te gustó, te quieren adoctrinar.
– D: Yo tampoco soy fanática de nada ni nadie, aunque me gustan mucho Radiohead, Muse, Incubus, Tool, Keane, Pearl Jam, Bowie, Nick Cave, Patricia Barber, Bjork. De acá me gustan Pedro Aznar, el flaco Spinetta, Babasónicos, Bochatón, Los Visitantes, las Blacanblús. También Marley y la música brasilera.
– ¿Qué diferencia a su disco de otros álbumes de mash-ups?
– Q: No es frecuente que esos mash-ups mezclen canciones de distinto género o de distinta extracción sociomusical, digamos. Te mezclan, por ejemplo, un tema de rock con otro de rock. O te ponen uno de rock sobre una base de electrónica. Eso es más fácil porque las posibilidades de coincidencia rítmica son mayores. Nos distingue partir desde la coincidencia armónica de piezas musicales de géneros muy distintos, mezclando mundos que teóricamente se repelen. No somos músicos. Veneno para fanáticos es un experimento de humor sonoro irreverente.
– D: Esa distancia que se acorta de repente es lo que produce el humor. Por eso te cagás de risa cuando escuchás el disco y conocés lo que se ha mezclado. La gente que no conoce uno de los dos componentes no se ríe tanto: sólo oye una música nueva, no muy bien hecha.
– ¿Cuánto tiempo les llevó la creación del disco?
– D: Tres años, entre 2005 y 2007. Despacio, por diversión, hicimos muchos temas, pero descartamos varios porque no nos cerraba el resultado –por ejemplo, uno de Nirvana con Aznavour — o porque repetíamos músicos.
– ¿Qué instrumentos y herramientas de edición utilizaron?
– D: Nuestro instrumento musical favorito es la sorpresa. De edición, un programa viejito, el Cool Edit Pro, que aunque dice “Pro”, no es profesional. Con sorprender con la ocurrencia ya estamos satisfechos. No nos interesa una mayor exploración tecnológica ni el perfeccionamiento del sonido. Trabajamos con canciones que ya han sido mezcladas, no con pistas separadas. En términos visuales, sería un collage o un patchwork.
– Ustedes alegan que la finalidad de Veneno… no es comercial sino humorística. ¿Cómo es sostener esa bandera en un ámbito tan pre-conceptualizado?
– Q: Mainstream y mash-up no son compatibles. Querer un productor y una disquera para un álbum de mash-ups es una estupidez. No podría estar en las bateas de Musimundo porque el mash-up no se lleva bien con el copyright. Para hacerlo por derecha, un productor tendría que transar porcentajes con todas las partes involucradas en el disco. ¿Te imaginás cuántos discos y a qué precio tendrían que venderse para que la tajada los contente a todos? Julio Sosa no va a venir del más allá a quejarse porque lo mezclamos con una banda heavy metal, pero ya sabemos cuán soretes son los de Metallica. La estrategia más viable es la guerrilla virtual. Nuestra selva boliviana, enorme e impenetrable, es Internet.
-Muchas bandas under que suben material propio a la web desearían contar con esa cifra en sus estadísticas de descarga…
– D: Ojo, no es que Veneno… no sea comercial por inclinarse hacia el humor: podés hacer un disco de humor y venderlo bien. Les Luthiers venden sus discos, Pángaro y Baccarat también tiene humor, aunque seguro que vende menos. En parte, la decisión de no ser comerciales viene, aceptémoslo, de la imposibilidad de vender este disco.
– Q: El humor y lo rentable no tienen porque ir separados. Zappa también tenía toneladas de humor, aunque no se bancaba el sampling, y tenía su propia disquera. Veneno… es un disco invendible. Pero, atención: yo iba a que lo que queremos decir con el disco es “relájense un poco, fanáticos del mundo”.
– ¿Cuál es la valoración que hacen de su trabajo? ¿Lo admiten como una resignificación sobre la base de producciones anteriores o como una entidad más independiente?
– Q: Mi valoración está puesta en la potencia del disco. “Potencia” no entendida como voltaje o fuerza, sino en referencia estricta a lo potencial, a lo que podría pasar si hacemos un disco así en casa, lo mejor posible según nuestros medios, y luego lo soltamos en Internet para ver qué pasa.
– D: Yo lo valoro más desde la realización. Porque al disco podría no haberlo descargado nadie, pero nosotros nos cagamos de risa haciéndolo.
– ¿Cómo seleccionaron a los artistas y las canciones que mezclaron?
– D: Puro azar. Los descubrimientos y las coincidencias musicales están en el oído de Queso. Yo hago las mezclas.
– Q: La dinámica es: Queso propone y Dulce dispone. Más que artistas, son las obras las que se seleccionan por sí solas. Hay mucho de azar en esto, por eso nos gusta hablar más de descubrimientos que de creación. No decimos “mirá lo que hice”, sino “mirá lo que encontré”. Así escucho, por ejemplo, un tema de The Cure y me digo “¡pero que parecido que es a Handel!”. Le paso los tracks a Dulce y ella ve si puede mezclarlos o no. Ahí empieza la diversión.
– ¿Qué repercusión notan de Veneno… en los que lo escuchan?
– Q: Algunos amigos de Córdoba, a los que les hicimos copias del disco con caja, gráfica y todo –sólo 30, numeradas–, se cagaron de risa. Los músicos nos marcan alguna imperfección, pero no con afán censor, sino para educarnos.
– D: Los comentarios fueron positivos en general. A la semana de colgado, el sitio de descarga ya marcaba mil downloads. A los diez días, un amigo de Mendoza nos habló por teléfono para contarnos que acababa de escuchar “Sandrohead” por la radio. Creo que la gente siente curiosidad al ver la lista de temas y quiere ver si la mezcla es posible. También hubo dos pibitos que le pusieron una etiqueta a la gráfica del disco, como si fuera de ellos.
– Q: Pero te la tenés que bancar, porque esa degeneración del producto es propia de la circulación por Internet, como una fotocopia de una fotocopia. Y también porque, en cierto punto, esa manipulación digital no es muy distinta de la que hicimos nosotros con la música de otros. De última, están difundiendo el disco.
– ¿Para cuándo su segundo disco?
– Q: Si viene algo nuevo, será otra cosa, muy distinta. Habrá que esperar…
– D: Sí. Sentados, mejor.
Descarga de Veneno para fanáticos: http://www.facebook.com/pages/Queso-Dulce/26556494842