La mayor virtud del último y exquisito libro de Mercedes Roffé reside en devolverle el valor a la cadencia y al ritmo poético, para que de por medio no sólo exista la excusa del sentido. La vida y la muerte son aquí perlas de un mismo rosario: los poemas se suceden como en una letanía y cada oración da entidad al rezo supremo.Por Nicolás Alonso
Buenos Aires, abril 25 (Agencia NAN-2011).-
La poesía es, quizá, el género literario más vapuleado por la lógica que asume el mundo contemporáneo. Vértigo, eficiencia, practicidad, efectividad son elementos que atentan contra la búsqueda que implica entregarse a la experiencia poética. Entonces el lector, como buen hombre moderno, se lanza a la caza del sentido, o mejor dicho, de un sentido, claro y unívoco. Esta dificultad que entraña el arte poético radica en una falta de apertura, en el salto al vacío por el cual un lector se deja afectar, en una suerte de entrega erótica, por la plenitud de la palabra. Esa apertura, esa entrega, implica expandir la búsqueda poética hacia la percepción del ritmo y no sólo del sentido. Como dice Octavio Paz, “en el fondo de todo fenómeno verbal hay ritmo (…) la conciencia y la reproducción de ese ritmo nos dará poder sobre las palabras”.Esta es, precisamente, la mayor virtud de Las linternas flotantes (Bajo la Luna, 2009), el último y exquisito libro de Mercedes Roffé, poeta, traductora, ensayista y actual directora del reconocido sello editorial Pen Press de New York: devolverle el valor a la cadencia, al ritmo. Fundir nuevamente en la palabra, sentido, espacio y ritmo: aquello que hizo, hace y hará de la poesía una de las artes más fascinantes, enigmáticas y poderosas. “El poema es el rostro en el espejo/más verdadero que el rostro y que el espejo/El poema es el flujo de la sangre/más allá del cuerpo/el ritmo de la sangre más allá de la sangre.”
En Las linternas flotantes, el ritmo asume la melodía de un rezo, en donde los poemas se suceden como en una letanía, cuidadosamente encadenados. Los veinte apartados que constituyen este poemario hallan su razón de ser, precisamente, del libro entendido como una totalidad, a la manera en que cada oración de un rosario se va constituyendo con la siguiente y dando, así, entidad al rezo supremo. Ahí está la clave que explica la operación de encantamiento que lleva a cabo el libro. La cadencia mece al lector en un vaivén, en un fluir de la palabra, en un canto de sirena que aletarga la conciencia, que vivifica el instante. “Hay maldad/Residamos al borde de la noche/Hay corrupción y mentira/Residamos al borde de la noche/Hay mezquindad, malicia, engaño alevosía/Residamos a la vera del día/Hay pobreza y dolor/Residamos la vera del día”.
Pero rezo y dolor son dos caras de una misma moneda. El rezo ayuda a mitigar la angustia, a canalizarla; de alguna manera el rezo y la poesía ayudan a vivir. Las linternas flotantes narra un dolor (“¿A qué herida atender primero?”). En este libro, la poesía de Mercedes Roffé ayuda a enfrentar el horror, aquello que ninguna otra cosa más que la palabra puede enfrentar. “La vida es el sueño de un ángel/herido en su costado/en su ala/perfecta y transparente”. Día y noche, pasado y futuro, “sereno origen” y porvenir: Roffé habla de una noche, la noche que con su velo de oscuridad unifica los seres bajo una misma sombra, la noche de las vilezas, de las “excresencias ocres”, del poder, de la envidia, de la necedad, de la sangre… del mal. “Somos el sueño de una nena exhausta/la noche de la fiesta”, es la noche de las realidad que golpea a la cara, la noche de las “3000 bombas” (“cuántas manos/cuántas caras/cuántas piernas”).
La condición humana, la vida, la muerte, pero no esa muerte común, a la que todos están destinados, sino la muerte innecesaria, producto de las guerras, de la avaricia, de la maldad. De eso habla Las linternas flotantes, del profundo desamparo del hombre ante sus propios males, y la imperiosa necesidad de revelarse contra ellos. Ese es el desafío al que nos enfrentamos: una impugnación a servirnos del arma poética como impulso, para que “Residamos la noche en el ceno urgente del día”.