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Libros: “Poesía popular argentina” (Vicente Luy, 2009).-

Este poemario da cuenta de la brillantez y el alumbrado cinismo de un autor demasiado genial para estar vivo. Diferente, sorprendente y complejo, el poeta cordobés se suicido el 23 de febrero pero dejó una de las obras poéticas más políticas en la escritura contemporánea argentina.

Por Luis Paz

“Ser el mejor en lo peor,
toda una misión cumplida.
Una obra gigante.”

(“El jefe de los malos”, 107 Faunos en Creo que te amo)
Buenos Aires, abril 9 (Agencia NAN-2012).-Vicente Luy podría escribir los versos más tristes esta noche, si no hubiera saltado desde un sexto piso el jueves 23 de febrero. Se fue en 3 segundos, como ese infinito poema suyo: “Si va a morir gente, votemos quiénes”. Pero votar por la muerte de Luy hubiera sido una pelotudez atroz. Fue un poeta demasiado genial para estar muerto. O tal vez haya sido demasiado genial para estar vivo. Luy hizo la suya y apostó a su verdad de ser quien finalizara su vida. Dejó su obra… pero a quién le importa una obra si no quedan aquí su brillantez, su alumbrado cinismo, su sintético cotejo de lo que está bien y lo que está mal, de la verdad y la realidad, la locura y la cordura, fútbol, política y rocanrol. “Mi desesperación y mi miseria son la plataforma desde donde intuyo”, escribió en uno de sus poemas, contenido en Poesía popular argentina, un poemario de excepción de la mente excepcional del jamás mejor poeta argentino.
Luy escribió cosas como ésta: “Qué piel Gabriela y te vas. La puerta sale del edificio para seguirte”. Como ésta: “Jugando al Scrabble, Olga creyó que cerro iba con S. Se empecinó. Al final apostamos y le gané la cola”. Magistral en cualquiera de ambas formas, diferente, sorprendente, complejo, así fue don Vicente.
Y cosas como ésta también escribió: “Entre dos tablitas de la persiana de la habitación de la casa que alquilo en Argañaraz y Murguia y San Carlos no cabe un marlo de choclo, pero sí una mirada asesina. Por eso estoy paranoico”. Se supone que Luy estaba loco, o eso dicen las malas lenguas. Fue internado varias veces. Orfandad. Trastorno Obsesivo Compulsivo. Veneno para ratas. 180 pastillas. Menotti, Bilardo y Pez en Casa Babylon. Detergente El Zorro, galletitas Merengadas e inyecciones de Lisalgil. Piedras: “Un camino, para un loco, es una piedra más en el camino”. Una cagada. “Lo que está mal está mal. Pero lo que está bien también está mal. Charlalo con tus padres”. Charlalo, andá, preguntá si el suicidio de Luy está bien o está mal. Vicente no los tuvo sólo a su abuelo, su amor y odio hacia él, y la poesía: “En una de ésas vos sólo sos el vestido que te ponés”, dice. Y le gustaba el rocanrol.  
¿Fe de qué? “¡Fe de ratas!”, grita desde allá abajo, la cabeza estrellada contra el piso, la pija dura, la mirada ida. “¿Venderle el alma al diablo? Sí, pero cara. Y si se puede, venderle también otras cosas. Venderle a Dios lo que el diablo no compre”. Gangas. Si, como dijo Borges en épocas de Massera, “la democracia es un abuso de la estadística”, pues entonces la fe es un abuso de las incógnitas. Luy: poeta cordobés, clase ’61, del grupo Verbonautas y autor de bestiarios de diván como Aviones, La vida en Córdoba, No le pidan peras a Cúper o La sexualidad de Gabriela Sabatini.
La de Vicente Luy es una de las obras poéticas más políticas en la escritura contemporánea argentina. Pero más importante es que es una de las mejores: “¿Por qué los secuestradores prosperan? ¿Por qué sonríen los diputados? Tienen plan. Vos no tenés plan”. Él lo tuvo: el trastorno obsesivo compulsivo por quitarse la vida. Como en una política de la verdad a medias y en medias, Luy paseó descalzo el pabellón de las atrocidades y paseó atroz el pabellón de los descalzos con las putas, con los locos y los guachos. Paseó y soñó: “Quiero escribir un poema que exprese mi pena y no hable de mí. Un poema épico que te pare la pija”. Vivió medio siglo. Son tres segundos. Seis pisos. Una erección de seis, siete, ocho días. 
“Labio superior.
Labio inferior.
Capuchón.
Mi novia se afeitó la conchita.
Llegó con su vestido nuevo
verde manzana, los labios rojos
y florcitas en el pelo.
Compré una Heineken
y salimos al patio.
Hablamos de la vida.”
O
“Kosteki y Santillán
Diego Lucena
García Belsunce
Tragedia LAPA
Los Horneros
AMIA
Blumberg
Demonty
Cromañón
Carlos Fuentealba
No pido justicia
para casos
particulares.”
Ya sabés. Es tu decisión. Charlalo con tus padres.
(*) Qué mundo puto, Vicente, y te vas.