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Libros: “Porno” (Marcos Bertorello, 2009).-

El psicoanalista lacaniano Marcos Bertorello entrega en su ópera prima ocho cuentos en los que, a pesar de la contundencia del título que los agrupa, no priman las escenas triple equis.

Por Esteban Vera

Buenos Aires, diciembre 7 (Agencia NAN-2009).- “Uno cree que un artista debería ser un tipo excepcional. Y yo te pregunto: ¿por qué? ¿Cuál podría ser la razón para suponer que un texto excepcional tendría que ser forjado por un tipo excepcional? En rigor, ninguna. Homero, ¿quién es Homero? A lo mejor fue un miserable hijo de puta.” En una charla, Jessica Schwartz, crítica literaria prodigio, le plantea un esbozo literario a un “viejo narrador” –personaje que en el cuento “Autor” lee poesías de autores consagrados en ciclos de lecturas, sin que los oyentes reconozcan el plagio–, sobre uno de los puntos que versará su tesis de doctorado. En esa historia, se proponen debates sobre la noción de autor propuesta por Michael Foucault y si un “monstruo” es capaz de escribir una obra conmovedora con fuerte valor literario. Primera aclaración: Porno (Eterna Cadencia) no es un libro de cuentos atravesados por el sexo, el erotismo y la pornografía. Algunos de esos factores están pero no son determinantes en la mayoría de los ocho relatos que presenta en su primer libro el escritor y psicoanalista lacaniano Marcos Bertorello (1970).

De vuelta al cuento “Autor”, (tal vez el mejor de la colección y uno de los más extensos, con 21 páginas), vale destacar que Bertorello hace un guiño a la novela Estrella distante –del notable y venerado escritor chileno Roberto Bolaño, fallecido en 2003–, historia sobre un poeta y piloto de las fuerzas armadas chilenas, que de día inscribe sus poemas en el cielo y de noche secuestra y tortura a sus amistades. Sólo al final, se podrá saber si hay una respuesta o no al planteo de la crítica literaria.

En la misma línea, el escritor realiza otra alusión en “Tío”, primer relato del libro: esta vez, al cuento “Un día perfecto para el pez banana”, de J.D. Salinger. Allí, narra el despertar sexual de una chica de 11 años con el hermano menor de su mamá. Lo hace a través de la primera persona de la mujer y en presente. Segunda aclaración: en “Tío” también se manifiesta otra preocupación literaria. “Lo que realmente debe importarme es la cosa literaria: la historia. Quiero decir: que sea concisa, que sea directa, que se divertida. Y punto”, propone la narradora.

Cierra la compilación el cuento “Porno”, una semblanza sobre una productora, directora y guionista de cine XXX, construida como si fuese una non-fiction a partir de citas bibliográficas y el testimonio de un escritor. Justamente en la entrevista, el autor aparece en primera persona para tratar de disipar dudas acerca de la veracidad o credibilidad del texto. Asimismo, Bertorello realiza (quizá) un homenaje a Historia universal de la infamia, de Jorge Luis Borges. Además, teoriza sobre la pornografía: “En el género del sexo explícito (…) el desafío está en hacer creíble una escena disparatada: un tipo entra a un negocio, una chica lo atiende, un segundo más tarde vemos a los desnudos, como si nada, teniendo sexo en uno de los vestidores”.

“Stephen”, “Lección” y “Vestuarios” son los únicos relatos, en rigor, eróticos. En el primero, narra los juegos sexuales de un matrimonio que experimenta un ménage à trois con un “negro, bien negro, grandote”, que desaparecerá sin dejar rastros. En “Lección”, el escritor cuenta los problemas sexuales de un profesor de Filosofía. Y en el tercero, narra el encuentro de una mujer casada con su amante. Luego, en “Cura”, Bertorello relata las contradicciones teológicas de un cura en crisis, que observa accidentalmente una orgía en un convento. Y Finalmente, “Las paredes oyen” es un cuento fantástico sobre una orden perversa.

Última aclaración: más allá de algunas referencias al cine triple equis (en “Autor”, un personaje se llama Gerardo Damiano, en referencia al director de Garganta profunda) y los agradecimientos a las pornostars Jenna Jameson, Silvia Saint, Verónica Zamanova y Ginger Lynn, Porno es, sobre todo, un libro de cuentos, construido sólidamente, atravesado por algunas inquietudes literarias.

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