Por Adrián Pérez
Fotografía de prensa de Fiestas Clandestinas
Buenos Aires, diciembre 8 (Agencia NAN-2009).- Son las seis de la tarde del sábado y en la estación Wilde de la ex línea Roca las publicidades que habitualmente cuelgan de la blanca pared de una guardería de bicicletas anunciando toques bailanteros, de heavy metal o shows de strippers fueron reemplazados por tres afiches que invitan al I Festival Sudamericano de Reggae, en el Microestadio Malvinas Argentinas, donde Congo (Uruguay), Natiruts (Brasil), Gondwana (Chile) y Nonpalidece (Argentina) se presentarán para ratificar los lazos de hermandad reggae en el Mercosur.
Un año atrás, Alexandre Pereira, cantante y guitarrista de Natiruts, dio una entrevista exclusiva a Agencia NAN durante su primera visita al país, en la que se refirió a la posibilidad de organizar un show regional: «Queremos tocar en ciudades como Bogotá, Lima, Caracas o Santiago y uambién pensamos en hacer un Festival Latinoamericano de Reggae en Brasil». Lo último finalmente se materializó, pero en Argentina. ¿Pero por qué un festival de reggae en Buenos Aires? Si se toma en cuenta que en los últimos 15 años el rock vernáculo llegó al Quilmes Rock, la electrónica a Creamfields, la música alternativa hizo lo propio con el Personal Fest o, un poco más lejos en el tiempo, el Monsters of Rock atrajo a las huestes del metal, un evento que aglutine la emergencia de bandas locales y extranjeras de reggae no debería sorprender.
Ya son las ocho de la noche en Paternal. A ciento cincuenta metros del ingreso al Estadio Malvinas Argentinas, Pablo, de 25 años, que llegó de Lomas del Mirador para hacerse unos mangos y ver si puede zafar la entrada, ofrece «pan caliente para el bajón» a los chicos y chicas que se dirigen sin ningún apuro y sin la histeria colectiva de otros festivales, directo hacia los escenarios. Con dos tecladistas que plantean un duelo de melodías, un bajo contundente apoyado en los cruces afinados de batería y percusión, los músicos de Congo se sacuden los años de reggae yorugua del cuerpo y Álvaro Alvino –cantante mezcla de Gregory Isaacs y «El Chole», cantante de la Abuela Coca–despide la segunda noche del festival con un set corto pero contundente que abre camino a las presentaciones de brasileños, chilenos y argentinos.
En la doble pantalla que cubre el telón de fondo, la tapa de Raçaman, último disco de estudio de Natiruts, alterna con el nombre de la banda en verde, amarillo y rojo –los mismos colores con los que las luces tiñen dos largas telas blancas que recorren las torres de iluminación y desaparecen detrás del escenario– con el anuncio de la última Fiesta Clandestina de 2009.
Un grupito de veinteañeras discute sus planes para el verano. María, una morocha de treinta y pico, festeja el olor a hamburguesa. Mientras el grupo de jóvenes bosteza y María continúa penando por el hambre, las luces se apagan para que, desde el escenario, un pelado de camiseta anuncie a los gritos: «Com vocè: Natiruts». A las 21.30, Alexandre Pereira se apodera del centro del escenario en su segunda visita al país. Suena «Groove Bom», tercer corte de Raçaman, en una versión tan densa e hipnótica como el humo de las flores que se queman e invaden el campo del microestadio.
Ya sin Isabella Rocha en los coros, quien los acompañó el año pasado en el show que brindaron en el Gran Rex, Natiruts cumple con la promesa de presentar Raçaman en Buenos Aires con «Vento, Sol y Coraçao». Con sólo 45 minutos para tocar, Pereira agradece la «energía positiva de Argentina» y admite que el principal objetivo de Natiruts es «contribuir a la integración musical de los países». Suenan «Naticongo», con una doble percusión fuerte, marcando el ritmo brasilero y acompañado por vientos; «Presente de um beija flor»; «Verbalize»; «Quero ser feliz também» y «Libertade pra dentro da cabeça», mientras dos pareos con la bandera de Brasil flamean frente al escenario. Con gusto a poco, el cierre llega con «Natiruts reggae power».
Gondwana sube al escenario a las 22.55, con el baterista Yayo Loyola revoleando una toalla al aire en señal de arenga. Los primeros acordes de «Irie» suenan en una tripleta de saxo, trombón y trompeta. Continúan «Chainga Langa»; «Reggae is Coming to the Nations», «Fight» y «Verde, amarillo y rojo», entonadas por Maxi Vargas, a cargo de las voces tras la partida de Quique Neira. Un momento interesante en la performance de la banda trasandina llega con «La puerta sigue abierta», donde Pablo Molina sube como invitado en coros y pega brincos que hacen recordar los salvajes shows de Todos Tus Muertos. Luego llegan «Dulce amor», con todo el estadio cantando los bises; «Mi princesa» y «Alabanzas», en la que Vargas agradece y recuerda «los 23 años que lleva girando» la banda chilena. Aunque con buena recepción por parte del público, después de 55 minutos Gondwana no deja ese «gusto a poco» que sus colegas brasileños supieron sembrar; pero sí el deseo de que, en sus próximas shows de esta semana en Buenos Aires, hagan canciones que, habitualmente, no tocan en sus giras por Argentina.
El turno de la representación local llega veintiséis minutos después de la medianoche. Aunque sin su cantante en escena, Nonpalidece abre el juego con un instrumental lisérgico. De la voz de Néstor Ramljak brota «Tu presencia» y el estadio estalla. Le siguen «Revolución», «Abre tus ojos», «Mi fortaleza», «Buenos tiempos» y «Danger Man». Promediando el set, el cantante de la banda de Tigre anuncia un invitado y Maxi Vargas regresa al escenario para acompañar a su colega argentino y cantar a dos voces «Tu sonrisa». Ramljak se muestra emocionado: «Hoy es una noche que va a quedar en el recuerdo de mucha gente porque estamos compartiendo el reggae: una música que nos hace bien», destaca. Tras el adelanto «Tu recompensa» y el hit «La Flor» se desata el clásico «¡Y dale, dale Nonpa, dale dale dale Nonpa!». A modo de cierre, suena un pedacito de «Waiting in Vain», de Bob Marley, y «Reveladora» de Pure Feeling, de Porto Alegre. Antes de despedirse, Ramljak aconseja: «Despejen en paz, demuestren que podemos pasarla bien sin problemas».
A la 1.25, mientras la gente abandona el Microestadio Malvinas Argentinas con la misma tranquilidad con la que se acercó al I Festival Sudamericano de Reggae, Diana, una joven colombiana, se lamenta porque «no conocía ninguna canción de Nonpalidece». Aunque eso no importó mucho, porque, como dijo el frontman de Tigre, el 5 de diciembre de 2009 será una noche que quedará en el recuerdo colectivo de quienes apoyan este género musical.