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Liliana Cabrera: “Encontré mi identidad dentro de un penal”.-

Detenida en una unidad penitenciaria de Ezeiza, Liliana Cabrera construyó su libertad en la poesía y escribió un libro. Fue un primer paso en la eterna búsqueda de la satisfacción: abierta su cabeza, como ella dice, se le ocurrió fundar la editorial Me Muero Muerta. La propuesta abarca cartón y materiales menos tradicionales. Y está pronta a lanzar un e-book.

Por Carla Perelló

Buenos Aires, octubre 14 (Agencia NAN-2011).- Liliana Cabrera es multifacética e hiperactiva. Trabaja, estudia derecho en la Universidad de Buenos Aires y asiste a diversos cursos: de fotografía estenopeica –la técnica más antigua y sencilla–, de poesía y de programación en computadora, entre tantos otros. En julio de este año publicó su primer libro de poesía, Obligado Tic Tac. Y en la última presentación de este trabajo, dio a conocer el nacimiento de la primera editorial cartonera dentro de un penal de mujeres, Me Muero Muerta. Sí, así es: Liliana Cabrera está hace cuatro años tras las rejas. Pero los barrotes no se convirtieron en límites a su capacidad de acción.

Todo lo contrario. A cada paso que da Liliana, las ideas le brotan y poco es lo que tarda en ponerlas a rodar. La editorial es un ejemplo, ya que la propuesta no se limita a lo más convencional –las tapas de cartón–, sino que también incluye soportes de lo más originales. Por ejemplo, frascos de café que se convierten en poesía visual y textos en braille.

“Creo que encontré mi identidad. ¡Mirá dónde! ¡Dentro de un penal!”, descubrió entre risas y sonrisas ante Agencia NAN, en una charla en una de las cárceles modelo de la Nación, la Unidad Penitenciaria de Mujeres Nº 31, de Ezeiza. Cabrera trabaja con Silvina Prieto, una de sus compañeras, también escritora. Las dos trabajan en las ideas para el arte de tapa y la encuadernación. Prieto se ocupa más de la técnica, porque antes de quedar privada de su libertad trabajaba como restauradora de antigüedades y tiene conocimientos en artes plásticas.

Obligado Tic Tac, fruto del taller Yo no fui, fue publicado por una editorial neuquina, Cartoneritas Soler. La razón por la cual Cabrera y Prieto pusieron en marcha Me Muero Muerta –la editorial que funciona dentro del penal– fue la dificultad que implicaba el traslado de los libros hasta Neuquén, ida y vuelta. Las primeras publicaciones que se concretarán desde la editorial serán el segundo libro de ella –probablemente dentro de un mes–, el primero de cuentos de su compañera y una selección de poetas latinoamericanos. Y hay todavía más: la idea es atravesar fronteras. ¿El próximo paso? Un e-book con la colaboración de la documentalista Marcia Paradiso.

“Es un orgullo hacer esto. Es una forma de demostrarle al afuera lo que se puede hacer acá adentro, de derribar los prejuicios lógicos que alguien pueda tener. También, es una manera de mostrarle a mis compañeras que pueden tener proyectos a futuro”, relata cuando todavía le faltan seis años para su libertad. “Va evolucionando todo”, reflexiona. “Me parece bárbaro que una persona pueda estudiar dentro de un penal y recibirse. Hace un par de años no se podía pensar en una editorial como ésta”, cierra.

–¿A qué atribuye el cambio?
–Tiene mucho que ver con lo que piensan las autoridades máximas del servicio penitenciario. La tarea de Marambio (N. de R.: Alejandro, subsecretario de Gestión Penitenciaria de Justicia de la Nación) es fundamental. Cuando él no estaba este tipo de proyectos educativos no existía. Cuando llegué, hace cuatro años y dos meses, había cursos de tejido y de costura. Los de programación no estaban. Lo más avanzado que había era un curso de cerámica. Se pensaba que los internos tenían que hacer laborterapia con las manualidades. Por otro lado, estas cosas surgen a partir de asociaciones civiles como Yo no fui, que son un oasis en el medio de la nada. Ayudan a desarrollar otras cosas, te hacen pensar más allá. A mí nunca se me hubiera ocurrido hacer lo de la editorial sino hubiera publicado el libro.

–¿Qué le representa el haber lanzado esta editorial?
–A través de esta propuesta todos pueden ver que aún en los peores momentos uno se puede encontrar. Eso es lo que me pasó. Parece mentira que en un lugar como éste me haya encontrado. Y estando afuera no se me hubiera ocurrido. Lo que noto es que cuando las chicas tienen un proyecto a seguir afuera se ponen las pilas y no andan jorobando. Ponen todo el empeño ahí, buscan tener una conducta para llegar al afuera con un proyecto. Creo que toda persona para salir bien de acá adentro tiene que tener un proyecto, no sólo por lo económico: algo en qué ocupar la cabeza.

–¿La editorial es un empujón para las que no se animan a tanto?
–Sí, es la piedra inicial. Esto lo hicimos nosotras, pero atrás puede venir un montón de gente con proyectos que antes quizás no hubieran sido considerados, por estar hechos por internas. Después, quizá se animen a hacer otras cosas. Las autoridades no van a tener más tapujos de los que había antes. Se abrió una puerta.

–¿Por qué el nombre de la editorial?
–Se llama así en honor a la editorial Y si me hiere un rayo…. Completamos la frase: si me hiere un rayo, me muero muerta. Ese era el chiste. Se llama así por más de que moleste o cause gracia. Hacemos desde tapas de cartón hasta soportes no convencionales. Por ejemplo, usamos frascos de café que fueron donados desde todas las divisiones para hacer poesía visual. Esto involucra al taller de poesía y de fotografía. Además van a tener poesías en braille.

–Lo toman como un trabajo pero también como un aprendizaje constante, ¿no?
–Sí. Tratamos de hacer varias cosas a la vez, lo que no es fácil, pero nos viene saliendo bien. Por ejemplo, tenemos un blog (www.memueromuertaediciones.blogspot.com) que tratamos de actualizar cada tanto (con la colaboración de Paradiso, desde afuera) y estamos poniéndole toda la garra al e-book. Sería rarísimo tener un e-book desde un penal. Estaría bueno que sea un compendio de sonido e imagen para que podamos desarrollar los conocimientos que adquirimos en programación.

–¿Cómo es el trabajo a la hora de recolectar los materiales que necesitan?
–Con el tema del cartón ha colaborado mucha gente, desde compañeros, hasta la misma gente de la unidad, como el personal del servicio. Los de la proveeduría nos donan el cartón que utilizan para traer los productos y yo siempre consigo alguna caja. Cartón siempre conseguimos. Si no sale de la panadería, sale de algún lado. Con los frascos lo mismo, los van donando las compañeras. Es una cadena.

–De alguna manera, las palabras se materializaron en apoyo institucional.
–Sí, me sorprendí. En un primer momento pensé que íbamos a tener más palos en la rueda. Quizás ven que esto es un proyecto a futuro, más allá de que sirva para que nos mantengamos ocupadas. Lo que planteo cada vez que hablo con una autoridad es que éste es un proyecto que queremos seguir afuera.

–¿Cómo fue la conversación con las autoridades?
–Se quedaron mirando, como diciendo: “¿Una editorial en el penal?”. Pero cuando conocieron la idea, vieron los libros, estuvieron en la presentación del mío… Entonces vieron algo puntual, no una idea y nada más. Cuando tuvimos que solicitar el permiso para hacer la presentación se quedaron mirando también. Lo mismo cuando vino María Medrano (de Yo no fui) a pedir permiso para que pudiera salir a la presentación del libro. Y después vieron que se materializan las ideas. Al principio es un shock para ellos, pero ahora están más acostumbrados. Me han facilitado bastante las cosas. Se han portado bien, tengo que decirlo. Y lo agradezco porque yo no dejo de ser una interna.

–En la última presentación de su libro hizo hincapié en agradecerle a sus compañeras, ¿qué respuesta ve de parte de ellas?
–Lo que veo es buena onda. Les hablé de la editorial y me dieron todo el apoyo porque ven que esto sale de nosotras. También hubo mucho apoyo de parte de las autoridades y de la organización Yo no fui, que hace la distribución que nosotras no podemos hacer. Es un proyecto nuestro y eso está bueno. Mis compañeras ven que si una pudo ellas también van a poder: es una sensación de confraternidad. Lo vi el día de la presentación del libro y lo veo todos los días. Lo ven como algo que puede ser de ellas. Se sienten orgullosas de que esto haya salido desde acá. A mí también me pasa cuando veo que a una compañera le va bárbaro en lo que hace. Hay un par de chicas que ya están estudiando la carrera y yo estoy por el Ciclo Básico Común (CBC) recién, por eso estoy orgullosa de ellas.

–Pareciera ser un ejemplo para ellas, ¿lo siente así?
–Noto que ellas ven lo que una hace y quizá lo tomen como un modelo. Estoy contenta de sentirme querida, lo que no es fácil en un lugar como éste. Hablo con la chica más tranquila hasta con la más “cachibache”, como se dice acá. Siempre he tenido esa facilidad. Y la verdad que ese día del encuentro en la presentación del libro me sentí querida. Y es hasta el día de hoy que cuando me encuentro a alguna, me tira buena onda.

–Se siente acompañada…
–Sí, porque la verdad que podría tomarse esto para que digan “Uy, ¿esta qué viene a escribir acá?”. Y no. Se lo toman como algo positivo y ven que desde acá adentro se puede. Se puede hacer algo para todas. Como yo escribo, lo pueden hacer otras.

–Además de todos los proyectos y talleres en los que participa también estudia derecho en la Universidad de Buenos Aires que funciona dentro del penal, ¿por qué eligió esa carrera?
–Estando acá adentro me di cuenta lo importante que son los derechos y obligaciones que uno tiene, las garantías que uno puede llegar a tener, porque a veces por no ser idóneo te pasan por encima y no te das cuenta que quizá tuviste derecho a reclamar. Vi mucha gente que por no saber se quedó más años de los que debería haber estado. Es adquirir ese tipo de conocimiento, con el que te podés defender y podés defender a otras personas. Es defenderse del sistema.