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Los siete locos en el Centro Cultural de la Cooperación.-

La obra de Roberto Arlt es una profecía de lo que ocurrió en Argentina en el último medio siglo. Y la adaptación del director Omar Aita, que recupera a casi todos los personajes de la obra original del novelista, periodista y dramaturgo, tiene una puesta en escena fiel. Tal vez demasiado, lo que le quita naturalidad en los diálogos.

Por Esteban Vera
Fotografía de Santiago Corti

Buenos Aires, mayo 12 (Agencia NAN-2009).- “Rajá, turrito, rajá”. Suena a advertencia para aquellos que quieran llegar a la sala sin saber lo suficiente del novelista, periodista, dramaturgo e inventor fallido Roberto Arlt (1900-1942). Los siete locos es una historia gestada en años de frustración y desencanto de los argentinos imposibilitados de cumplir sus sueños tras los primeros cimbronazos de la crisis económica que estalló en 1929 y que ocurría entre cambios políticos y culturales, retratados de manera excepcional por Arlt. También es una profecía de lo que ocurrió años después en el país. Por ejemplo, los golpes militares, con complicidad de algunos empresarios. En la adaptación del director Omar Aita (Esperando a Godot, El lago, Medio punto… corpiñeras), en las tablas del Centro Cultural de la Cooperación , se invita a descifrar realidades que se repiten actualmente.

La obra: de Erdosain a El Comentador

El elenco se luce en el retrato de un grupo que comparte grados de irracionalidad y angustia. Actúan Pablo Iemma (Erdosain), Julio Ordano (El Astrólogo), Darío Levy (Barsut), Enrique Papatino (El Rufián Melancólico), Coni Mariano ( La Coja ), Marcelo Sánchez (Ergueta), Verónica Intile (Elsa), Claudia Pereira Obando ( La Vizca ) y otros. Incluso, algunos actores interpretan a más de uno de los personajes del escrito rabioso.

Erdosain es un estafador en apuros. Fue denunciado por robar 600 pesos y siete centavos y debe reponer la cifra. El logrado Erdosain de Iemma, vestido con un traje gastado y un zapato roto, vive angustiado y no encuentra sentido a su existencia. Le pide un préstamo a Ergueta, quien le responde con la celebre frase (otra vez: “Rajá, turrito, rajá”). Allí aparece El Astrólogo, un hombre convencido de que la mentira es la base de la sociedad y que planea la instalación de prostíbulos para financiar una revolución (¿?), ayudado por el Rufián Melancólico, un cafishio exitoso. A ellos se les suma El Capitán, un militar que lanza una premonición: “Nuestro país podría ser terreno próspero para una dictadura».

En la última línea de Los siete locos Arlt anuncia que “la acción de los personajes de esta novela continuará en otro volumen titulado Los lanzallamas”. Sin embargo, en esta nueva puesta, Aita realiza una adaptación que incluye el final de la aventura. No, no hay final abierto ni incertidumbre por el desenlace; tampoco angustia, como la que sufre Erdosain. El vestuario de época seleccionado, la iluminación y la música ayudan al espectador a sumergirse en las penumbras de la historia. Sin embargo, algunos diálogos carecen de naturalidad, por ser tomados casi textualmente, apenas reelaborados.

El semiólogo ruso Yuri Lotman sostiene que si se toma una novela y se la transforma en una película se obtiene una obra nueva, diferente. Y eso es lo que ocurre entre el texto de Arlt y la pieza de Aita. Y como consecuencia, tal vez por dificultades técnicas, la adaptación teatral pierde la presencia de uno de los personajes de la historia: El Comentador, una innovación arltiana que cumple, al menos, dos funciones; una, relativizar la verdad dentro de la historia, puesto que relata otros hechos o contradice al narrador; otra, defender a Erdosain, como ocurre cuando Elsa lo abandona y se va con el Capitán, situación intolerable para la moral de los lectores de entonces (ya era Erdosain un antihéroe, ser cornudo hubiera sido mucho).

El director: “Un mundo decadente y miserable desde la épica de lo real”

Mediante la selección de episodios realizada por Omar Aita, la adaptación logra transmitir la angustia y el vacío de sentido que atraviesa a Erdosain. Sus monólogos refuerzan las cualidades del personaje. “Los siete locos es una crítica social profunda encarada desde el disconformismo de Erdosain, personaje principal y casi excluyente de la obra. Nos habla de la condición humana en un mundo decadente y miserable, contada desde la épica de lo real”, explicó el director en diálogo con Agencia NAN.

— ¿Teniendo en cuenta que Arlt escribió obras dramáticas, por qué decidió montar una de sus novelas? ¿Y por qué Los siete locos?
— Si bien toda la obra de Roberto Arlt fue de una importancia que otros autores no tuvieron, sobre todo en mi juventud, lo que siempre me impactó fue su narrativa y en especial su novelística. Los siete locos fue siempre mí preferida, digna de varias lecturas. Como obra emblemática de su producción tiene una teatralidad quizás mayor que la de sus obras teatrales. Sus personajes, sus situaciones, el entramado de las escenas, el desprejuicio y la mal llamada “desprolijidad” a la hora de contar la historia, lo hace salir del naturalismo y lo emparenta con el expresionismo, incentivo más que suficiente como para elegirla para una adaptación teatral. Fue el fuerte desafío que asumí desde el principio con todos los riesgos que implicaba.

— ¿Tuvo en cuenta el actual contexto socio-económico para realizar la obra?
— Fue tenido absolutamente en cuenta, comparado y estudiado también desde el punto de vista socio-político presente y de nuestra más reciente historia, encontrando un sin número de temas coincidentes. En algunos párrafos Arlt denuncia a través de sus personajes, no solo cuestiones del momento, sino algunas que son reveladoras de un futuro que nos afectaría como argentinos durante décadas, sin salirse del contexto mundial, especialmente cuando se refiere por boca de El Astrólogo al industrialismo y a los reyes del acero y, especialmente, del petróleo. También cuando habla de las dictaduras militares usadas por los grandes capitales en su propio beneficio.

— ¿Los temas que se abordan en Los siete locos se pueden considerar actuales?
— Son absolutamente actuales, aunque hoy yo quise seguir poetizándolos en la misma época que se escribió, podría tranquilamente traerlos a la actualidad: la angustia, la soledad, la falta de objetivos, el ambiente prostibulario, el uso de las personas para cumplir objetivos personales, la imposibilidad de amar, la desilusión. «Yo creí que la vida reservaba para mí un acontecimiento sublime”, le dice Erdosain a Elsa, su mujer, en una de las escenas donde desesperado buscará consuelo en un prostíbulo. En otra escena el mismo personaje dice que la única forma de irse es «matándose» y en otra que el «espectáculo de la muerte» sería lo único que cambiaría su vida. Y por último la creación de una gran mentira que desafíe a Dios y por la cual creen que atraparán la conciencia de una generación para llevar a cabo su revolución. Creo que no hace falta ahondar demasiado más para ver, en esta novela adaptada al teatro, cuestiones de la actualidad y más reciente pasado.

— ¿A qué se debe la ausencia de El Comentador?
— Pensé muchas veces en El Comentador como un personaje más de la obra, incluso me pareció que podría aclarar muchas cosas que quizá en la adaptación no queden demasiado claras, pero sentí que le quitaba teatralidad al espectáculo. Por otro lado, esto que a primera vista aparece como desprolijo, creo que me acerca a esa «desprolijidad» tan atractiva atribuida al mismo Arlt.

— ¿Qué busca decir con esta obra?
— No busco decir nada más que lo que la novela dice, solo que contada desde el teatro. Así como el mismo autor, en su momento, tuvo la necesidad de pasar al teatro un fragmento de esta novela en El humillado, con dirección de Leónidas Barletta, tuve la necesidad de contarla completa. La complejidad de los personajes, su vida interior y su relación con la sociedad en que se desarrollan cuentan nuestra historia reconociéndonos en la actualidad.

* Los siete locos va los viernes y sábados a las 22.30 en la Sala Solidaridad del Centro Cultural de la Cooperación , Avenida Corrientes 1543, Buenos Aires.