
Por Gustavo Grazioli
Canciones con guitarras del metal, pero con una densidad stoner, Los Antiguos se han abierto paso en la escena a fuerza de buenas letras y un sonido cruento. Una identidad inscripta no solamente en el territorio de la oscuridad sino también en el de la reflexión de las cosas que están al alcance de la mano. La vida cotidiana es su material indispensable para saber lo que quieren ser, tanto arriba del escenario como abajo. “En los lugares donde tenés que ser empleado nunca van a ir a tocar Los Antiguos”, cuenta a NAN el guitarrista Sergio Conforti.
La banda se terminó de formar hacia finales de 2012. Sus músicos se metieron rápidamente en el estudio de grabación y sacaron la primera expresión de lo que sería el camino a continuar. A este primer material lo titularon Simple (2013) y comprende seis canciones, el afluente de un proyecto que termina de establecer su trinchera sonora con el reciente segundo disco: Madera prohibida (2015), el cual cuenta con ocho canciones y la participación de todos los integrantes en la composición.
Al quinteto lo integran también David Iapalucci (guitarra), Mow (bajo), Pablo “Huija” Andrés (batería) y Pato Larralde (voz). La mayoría de sus integrantes proviene de otros proyectos musicales que tienen un ancho recorrido en el circuito metalero, como Sauron, Avernal, Cruzdiablo y Anomalía.
Los Antiguos se presentarán mañana en una nueva edición del festival Noiseground, en Uniclub, y el sábado 22 de agosto en el Club Tucumán de Quilmes.
—El crecimiento de la banda fue rápido y hubo una recepción muy ágil. ¿Cómo lidian con las propuestas de lugares que los llaman para tocar porque saben que llevan gente pero que no les ofrecen las condiciones que la banda necesita?
Sergio Conforti: —Primero, hace años que ya no pagamos por tocar y nosotros manejamos una movida independiente: hacemos nuestros propios discos, nuestros propios shows y vamos a tocar a los lugares que nos permiten crecer. En los lugares donde tenes que ser empleado, nunca van a ir a tocar Los Antiguos. Otra cosa que es fundamental en nuestra escena: todas las bandas con las que compartimos fechas son invitadas por nosotros y se llevan el dinero que necesitan para cubrir sus gastos. Esto funciona al revés de lo que se está acostumbrado en la movida: pagar por tocar. Estamos totalmente en contra de eso y respetamos el trabajo de los artistas. Y cuando tocamos con alguien, sabemos que va a ser una banda que comprenda cuál es la pelea y que se va a sumar a la causa que nosotros y tantas bandas estamos planteando a la hora de tocar.
—¿Desde que nacieron Los Antiguos ya tuvieron prestablecido el circuito que nutrirían?
S. C.: —Sí. Esto nació desde una charla con Pato (Larralde) y un montón de conocidos a los que se lo comentábamos. Nos impulsaron a hacerlo, con el fin de tenernos en cuenta para empezar a abrir shows. Nuestros primeros conciertos de presentación fueron en lugares importantes del under y eso también tuvo que ver con nuestro crecimiento. El segundo show lo hicimos en el Roxy. Nos incorporamos a una movida que ya estaba bastante acrecentada. Eso marca que la banda arrancó con cierta puerta abierta, entonces cada vez queremos ir apuntando y manteniendo el circuito alto, para que la gente pueda ver a la banda como nosotros queremos que nos vean. Está buenísimo que existan las cuevas también, pero si lo que querés proponer es otra cosa, el respeto empieza por todo: tanto desde el público como de nosotros mismos.
David Iapalucci: —Queremos que tengan el lugar que se merecen: buenas luces, buen audio. Si están pagando una entrada, que valga la pena el show. La gente quiere ir a escuchar algo bueno.
—Ustedes ya vienen de otras experiencias musicales con las que atravesaron todo lo que no quieren ahora. De todos modos, ¿las propuestas incoherentes siguen existiendo?
Pato Larralde: —Todo el tiempo llegan. Desde un boludo que escribe: “Che, muy bueno lo que hacen ustedes pero… ¿cómo puedo hacer para hacerle una nota a José Larralde?”.
S. C.: —Hay un montón de gente bienintencionada que quiere organizar shows, pero no cumplen las condiciones que necesitamos para que podamos dar lo que queremos que la gente vea.
—Con respecto a la composición, ¿en este último disco participaron todos?
S. C.: —Sí, fue compartida. Nos consolidamos como una banda sólida y estable desde que arrancamos. Al afianzarse el grupo empezamos a compartir el tema de la composición y eso es lo que pasó en el último disco, en el que hay temas de todos los integrantes. En el disco anterior dimos un puntapié con Pato y los chicos se sumaron al proyecto, para arrancar como una idea y llegar a lo que somos hoy. El primer disco fue apostar a un proyecto nuevo y tocar con otra gente, después eso terminó estando tan bueno que se generó el grupo y terminamos llegando a este segundo disco.
—¿Y desde las letras cuál es rol que quieren tomar?
P. L.: —Una letra es como un cuadro: algunos ven una mina desnuda y otros un jarrón que no tiene manija. Lo que a vos te genere es tu mensaje. Si me tengo que poner a explicar las letras o el rol, me parece un poco una chotada. Me parece faltarle el respeto tanto a la persona que ve el jarrón sin manija como al que ve la mina desnuda. Sin embargo hay cosas que no se pueden escapar y que son cosas súper directas. Particularmente, hay letras de Los Antiguos que tienen un mensaje bastante directo. Son cosas reales o son parte de la imaginación de uno que llevan a esa metáfora.
La música fue mutando. Hay músicas que generan que se puedan meter determinadas letras, que generan un clima, y hay otras que generan una cosa un poco más directa.
—Pato, en distintos lugares has comentado tu fanatismo por Lovecraft. ¿Has extraído de ese material para tus letras? ¿Qué función cumple la literatura acá?
P. L.: —Veo el horror diario todos los días y él vivía el horror fantástico. Tengo la suerte de viajar mucho en los medios de transporte: trenes, subtes y colectivos, y creo que si Lovecraft se llegase a tomar un tren de Varela hasta Temperley mínimo se asustaría. De los olores tan fétidos que su nariz adquiriría saldría corriendo para Estados Unidos. Me gusta Poe también, pero a Lovecraft le he dedicado discos y hay canciones que son literalmente sacadas de él. “Dios de los paganos”, por ejemplo. De todas maneras siempre trato de mechar con cosas que me pasan a mí, pero lo tengo muy presente siempre. La influencia mayor que tengo es la forma que tiene de relatar los hechos y de describir imágenes. Con Spinetta también me pasa.
—¿Hay música para una determinada letra?
P. L.: —Se generan las músicas y yo escribo todo el tiempo. Algunas cosas son pésimas y otras más o menos. Las que son más o menos las trato de tirar encima de las músicas que los chicos traen. Ciertas melodías me van sugiriendo las cosas. Por ahí hay algunas cosas más punkis que tiran una letra de alguna cosa que me pasó o que veo que pasa.
S. C.: —Lo que tiene de bueno todo esto es que ya encontramos una metodología de laburo y al haber encontrado un rumbo se hace un poco más fácil, porque sabemos lo que (a Pato) le gusta. Es decir, sabemos qué es lo que tenemos que hacer para generarle y sacar lo que le queremos sacar. Nosotros queremos a este Pato, entonces para eso tenemos que traer ciertos riffs, por ejemplo.
D. I.: —Con el tiempo vamos encontrando cada vez más identidad en las canciones y vamos conociéndonos más como personas y como músicos. Sabemos cuáles son las virtudes de cada uno como músicos, y la composición nos trabaja en función de eso: lo que le gusta al otro, cómo lo puede tocar el otro y para qué lado va la banda en base a esa identidad. Eso lo es todo. Una vez que encontraste eso, lo tenés todo.
S. C.: —Tenemos un sonido particular, muy característico. La manera en que la rockeamos con ese sonido. Tenemos mucha escuela en el metal pero en el fondo son canciones rockeras. Entonces tiene esa cosa de que sabés que son Los Antiguos por el rock que tiene y por el sonido.
—¿De que se trata la palabra “rockear”?
S. C.: —Tratar de ser lo más auténtico posible. O de que mañana el Huija se tiene que levantar a la cinco de la mañana para ir a trabajar y hoy está acá.
P. L.: —Yo lo puedo sintetizar en una palabra después de tantos años: seguir. El día que pare la pelota, ese día para mí el rock se murió. Y eso me pasa cada dos minutos: “Voy a parar la pelota”. Pero tengo que seguir.
Pablo “Huija” Andrés: —Agregaría que está el pensamiento de en qué te convertirías si no lo estuvieras haciendo. Qué tipo de persona serías si no hicieras esto.