
Por Marcelo Acevedo
El martes por la mañana algunos no supimos cómo reaccionar ante el mensaje que apareció en el muro de Facebook de Llanto de Mudo. “Gente: se nos fue el Diego”, comenzaba la frase, y recién ahí, en ese momento epifánico, vislumbramos la real dimensión de su aporte a la cultura y entendimos cuánta falta nos va a hacer, por lo difícil que será llenar el hueco que deja ese editor, poeta, guionista y agitador de la cultura llamado Diego Cortés.
Quienes editamos la NAN nos sentíamos cercanos a Diego, a pesar de no conocerlo personalmente, porque de cierta forma recorríamos un mismo camino: el del under, la autogestión, la independencia, el amor por la cultura y el arte emergente.
Cortés fue uno de los fundadores de Llanto de Mudo, una editorial cordobesa dedicada a promover y editar artistas de todo tipo —poetas, narradores, dibujantes, guionistas— y obras de lo más dispares, firmadas tanto por autores debutantes como por artistas reconocidos y con muchos años de experiencia, desde Diego Parés a Brian Janchez, pasando por Ramiro Sanchiz y Ángel Mosquito.
Lo primero que uno advierte al tener entre manos alguna edición de Llanto de Mudo es el amor con el que fue realizada. No importa la calidad del papel, la encuadernación o el tamaño. La pasión y el enamoramiento de su editor por la obra difundida traspasa la epidermis y nos genera un placer extra al leer.

De todos los proyectos llevados adelante por Diego, el que más nos llamó la atención fue ese colectivo de escritores llamado Palp, una revista-libro especializada en literatura de género que se edita una vez al año. Los propios editores de Palp nos decían sobre su publicación: “El hecho de que sea una revista ‘puramente’ de géneros es una especie de desafío en más de un sentido: por un lado, para los escritores que deben lidiar con los temibles e imperdonables límites que imponen los géneros; para nosotros mismos, para ver, como solemos hacer, hasta dónde aguanta el transformar nuestro gusto en una suerte de compromiso y un laburo, y que eso resulte un aprendizaje, que ya es pretender demasiado; y desde los lectores, para ver si se animan a volver e involucrarse o a enfrentar por vez primera estos códigos, motivos y formas, a la vez tan tiranos y refrescantes.”
Los proyectos encarados por Diego siempre eran desafiantes. Su camino era a contramano del de los grandes medios y el mainstream. Se tomaba muy a pecho el lema de la cultura punk que reza “hazlo por ti mismo”. Durante su corta vida demostró que todo es posible, aún sin el presupuesto necesario. Los desclasados de las letras, los rechazados del mundo de la historieta, los poetas delirantes, todos aquellos quienes no tenían cabida en las esferas del arte tradicional y pacato, fueron recibidos con los brazos abiertos por Diego, el arriesgado, el visionario, el editor del under.
Cortés se fue el martes pasado, pero dejó detrás un hermoso legado en papel: un catálogo de más de 150 títulos que abarca libros e historietas de todo tipo y para todos los gustos, creaciones tanto propias como ajenas. Además se encontraba preparando los festejos del aniversario número veinte de Llanto de Mudo (que se llevarán a cabo en el marco del festival Docta Comics, en octubre en la ciudad de Córdoba), la tercera entrega de Palp y un sinfín de ediciones, eventos y textos.
Esperemos que, a pesar de que su padre ya no esté entre nosotros, ese chanchito negro siga en movimiento y lleno de energías como siempre, para llenarnos de alegría a todos aquellos lectores que buscamos un arte distinto, autogestivo, original, pero sobre todo realizado con empuje y mucha pasión.