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“La poesía es un modo de no sentirme sola”

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La autora publicó su segundo libro, “Buscar drogas por Wikipedia”, a través de Nulú Bonsai, que también editó el opus “Con una remera de Sonic Youth”. Además, será becada para residencias de escritores en Finlandia e Islandia. “Quiero encontrarme en otras cosas, ponerme en una situación distinta”, dice. Fotografía: Luz Ferrari (sitio web)

Por Esteban Vera

Traductora, alguna vez productora de radio, otrora road manager del septeto psicodélico Mompox, Malén Denis es una joven poeta que irrumpió hace pocos años en el mundillo under de Buenos Aires como una promesa. Lo es aún, aunque vaya cumpliendo paso a paso. Con una remera de Sonic Youth marcó su despertar literario. El libro reúne más de 50 poemas breves e iniciáticos, escritos cuando tenía apenas entre 17 y 19 años. Son poemas que entrecruzan lo urbano y lo íntimo, con un lenguaje coloquial, poco abstracto y apático. “En la adolescencia y en la post-adolescencia uno siempre está mirándose a sí mismo e intentando entender qué rol cumple en el mundo. Es un libro muy egoísta, sincero, autocontemplativo y a la vez con muchas fallas, algunas intencionales, otras no. También es ruidoso: no por nada tiene el nombre de una banda noise”, reflexiona Denis sobre cómo vida de poeta y poesía se funden. Publicado en 2009, van dos ediciones y tres reimpresiones. Y le acaba de seguir Buscar drogas en Wikipedia, título que sigue mixturando lo cotidiano con los tonos del amor, el desamor y la soledad. Sus dos libros fueron editados por la exquisita editorial Nulú Bonsai.

Malén Denis nació en 1989 en Buenos Aires. Garabateó sus primeros poemas en Fotolog, luego siguió prolíficamente en Tumblr y en varios medios online. También publicó una plaqueta llamada Ciencias naturales (La Fuerza Suave, 2014). Escribe versos como: “Las relaciones no están ventanas,/ no pueden cerrarse con una cruz, ni les/ podemos abrir y cerrar la persiana”. Reparte sus días traduciendo guiones y poesía, mientras cursa la Maestría en Escritura Creativa de la Universidad de Tres de Febrero, dirigida por la escritora María Negroni. En esta entrevista hace un recuento de sus poesías, su manera de ver el mundo y sus proyectos.

“No soy de esas personas que desde chiquita decían ‘voy a ser escritora’. Aún me cuesta asimilarlo. Hubo una suma de muchas inocencias que hicieron a mi primer libro existir. Creo que a la gente le gustó porque se le nota mucho la hilacha, las fallas. Los primeros libros son todo un pequeño desastre, todos están encontrándose a sí mismos todavía. Por suerte, no encontramos nunca la obra perfecta, porque si no no se podría seguir escribiendo. Lo bueno es que uno puede ver esos libros, sentirse identificado y ver que están cerca. Estos libros editados por editoriales independientes cumplen otro rol, pero no es que sean obras malas, para nada”.

—¿Qué rol cumplen?
—Acercan a los autores a la posibilidad de hacer obra, de entender que no están tan alejados de publicar. Volví a editar con Nulú Bonsai porque creo en su rol. Va a sonar súper cursi pero considero a sus editores medio mi familia y gran parte de la razón por la cual escribo. Antes de conocerlos no tenía idea de lo que estaba escribiendo. Me dieron mucha confianza editando mi primer libro, que tiene un nombre provocador medio al pedo. Ellos me abrieron la puerta para que siguiera escribiendo.

La joven poeta acaba de ser becada para asistir a una residencia de escritores en Helsinki, Finlandia, y a otra en Islandia, casi en los confines de Europa del Norte, en medio del frío polar. “Hace tiempo pienso en hacer una escritura a la inversa. Quiero encontrarme a mí misma en otras cosas, ponerme en una situación completamente distinta. Escribo mucho en base a la observación, intentando plasmar distintos sentimientos que tengo respecto a estímulos externos. Siento que venía haciendo una escritura bastante chiclosa, pegajosa, llena de estímulos del verano y la ciudad. Entonces, propuse ir a un lugar absurdamente diferente para volver a encontrar mi voz bajo otro tipo de observación. Planteé que el proyecto consistía en caminatas diarias, en tomar fotografías y en una observación directa de distintos lugares, allá en las afueras de Helsinki, que es como un bosque blanco. La idea es generar poemas que sean como esas fotos en un punto”, explica, en sintonía con una máxima que alguna vez dijera el poeta depuesto Leopoldo Marechal sobre que la poesía es una manera particular de ver y sentir el mundo. En fin, casas de madera, pinos, nieve, aire helado y un poco de sol les esperan a los sentidos de Malén cuando camine por Helsinki.

En otro viaje, Malén encontró un catalizador para cultivar el género epistolar. Así, creó Proyecto Correspondencia. “Me fui de viaje seis meses el año pasado a Estados Unidos y México. Mantuve correspondencia constante con muchas personas, algunas que conocí por Internet. Había lanzado una convocatoria en Facebook y Twitter. Comencé hablando con gente que no me conocía para ver qué me decían ellos mismos, para ver cómo me representaba a mí misma desde cero. Lo usé como un pretexto para escribir y ver qué salía. Eventualmente, tengo planeado publicar algo, pero por ahora quedó en stand by”, cuenta.

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Fotografía: Luz Ferrari

—¿Qué percibiste en el intercambio de correos?
—Mucha gente tenía ganas de contar sus cosas, para todos fue una excusa para escribir. Conocí un montón de gente con ganas de hacerlo. Creo que hay una necesidad de exponerse que tiene que ver con esta época. En realidad, no es mi proyecto, es colectivo, es de todos los que participamos. Fue un experimento con la intimidad.

—La intimidad también aparece en Con una remera de Sonic Youth.
—Creo que toda poesía es íntima y a la vez no. Para mí, la poesía es lo más difícil de describir; de hecho, todo el tiempo se está intentando comprender y decir qué es. Yo la considero un puente con uno mismo y con los demás. Entonces, tiene una doble función. Utilizo mucho la intimidad como una manera de conectarme con ideas macro, que me exceden. Uno es como un universo en sí mismo y hay que ir encontrando distintos puntos de conexión para entender quién es. Siempre buscamos puntos de identificación para no sentirnos solos. Yo, por lo menos, encontré en la poesía una manera de no sentirme sola. La intimidad, en algún punto, es el recurso que tuve en el momento de escribir mi primer libro. Incluso en Buscar drogas en Wikipedia. Es uno de los elementos que tuve a mano para construir una voz poética. No sé si toda la vida voy a escribir sobre la intimidad.

—¿Te interesa explorar en la narrativa?
—Cada día más. Lo primero que escribí fueron diarios y poemas. Creo que todos escriben al principio pequeños poemas en su adolescencia. Tal vez, el formato lo hace parecer fácil, ya que es cortito. Siempre me costó la idea de la ficción. Hace dos o tres años volví a intentar con la narrativa. De chica había intentado algunos cuentos, pero caía en el error de contar algo sobre mí misma en tercera persona, haciendo tal cosa, siempre más linda. Me parecía falsísimo, no me creía nada de lo que escribía. Una vez fui al taller de Santiago Llach con la idea de abrirme. Ahí hice un ejercicio que me cambió la vida: tenía que decir toda la verdad sobre algo y que no me importara si sonaba como una hija de puta. Había que contar con lo que más te conectara. Escribí un texto horripilante desde el matiz de sentimientos que puse. Conté una situación real en la que me costaba mucho verme por una cosa fea que había hecho. Por primera vez, me pude plantear un texto y ver que había algo más. Ahí me di cuenta cuál es la pequeña magia que tiene la narrativa. No es lo que más domino, obviamente. Desde entonces, escribí una novela, que está casi terminada.

—¿Te ves dentro de un movimiento de poetas?
—Por suerte, sucede mucho en Buenos Aires: todo el tiempo aparecen nuevos escritores, nuevas revistas, siguen publicándose fanzines, ¡fanzines en 2014! Me siento parte de todo eso. Participo en lecturas. Es muy difícil estar parado en la contemporaneidad y a la vez entenderla. En realidad, a los movimientos se los entiende después. Siento cierta apatía generacional mezclada con residuos que quedaron de The Strokes, que salieron de un garaje y de repente ganaron un Grammy. Hay algo que nos emparenta a todos los que nacimos dentro de una generación, una dualidad muy grande, sobre todo a los que crecimos durante el menemismo y pasamos la adolescencia entre Cemento y Cromañón. Hay una voz poética que está más allá de uno, tiene que ver con el inconsciente colectivo, con una forma de sentir las cosas. Tiene que ver con la política, con ser ciudadano, con el espacio en el que uno trabaja.

—Entre lo mucho que sucede están los slam de poesía…
—Si bien es cierto que hoy no tengo nada en contra, lo estuve y hoy comprendo que no es una cosa o la otra. Hoy en día reconozco que existe dentro de una de las maneras de promocionar la poesía oral y que hay muy buenos artistas laburando. Hay ciclos como el Sucede que conectan varias disciplinas: conectar lo poético con otra disciplina es enriquecedor, no sólo para el artista, sino también para el público, que en general está negado a la poesía porque piensa que es aburrida, elevada, inaccesible. Pero la poesía puede ser elevada hablando de un tacho de basura, no necesita ser una cosa incomprensible para provocar un sentimiento. Son formatos que acercan a la gente que le tiene un poco de miedo a la poesía o a los círculos literarios.

—¿Hay un referente generacional fuerte?
—En esta ciudad, a todo chico de 15 a 25 años le gusta Él Mató a un Policía Motorizado, es un referente musical. En poesía joven me cuesta un poco más dar con uno, quizá porque estoy adentro. Admiro a mucha gente, reconozco a un montón de gente que considero enorme, como Marina Alessio. Me siento identificada con su manera de escribir. Creo que hoy uno va generando pequeños altares individuales. También admiro a Marina Mariasch, a Mariano Blatt. Tal vez Blatt pueda ser un referente para mi generación. Quizá haya otras corrientes en la poesía que no lo considerarían un referente como yo y mis amigas. Creo que es una construcción a posteriori. ¿Quién la va a hacer? ¿Qué va a pasar con los escritores geniales que sólo publicaron en un blog? ¿Habrá una antropología de Internet? ¿Investigarán todo lo que se escribió en Fotolog? Sería interesantísimo si ocurriera.