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“Manos traslúcidas en fiebre de olvido” en Banfield Teatro Ensamble.-

La pieza de Gabriel Fernández Chapo se ubica en el conurbano bonaerense e intenta retratar la realidad de los barrios más olvidados. Aparece un sector sin derechos, aunque también la egoísta clase media. Los tres personajes pujan por satisfacer deseos inconclusos.
Por Sergio Sánchez
Fotografía gentileza de Manos traslúcidas en fiebre de olvido

Buenos Aires, julio 6 (Agencia NAN-2010).- Una bebé recién nacida cae al suelo tras una nueva acción de las manos torpes de su madre, quien tiene la cabeza atormentada, perdida en otro mundo a causa de una sustancia que nunca eligió consumir. Tal vez, desde muy pequeña, la joven madre no tuvo la posibilidad de elegir nada ni tampoco la suerte de satisfacer sus derechos básicos. Por eso, es ahora su hija la que sufrirá las consecuencias de una generación sin derechos, como parte de un sector postergado de la sociedad. Esa dolorida escena de la obra Manos traslúcidas en fiebre de olvido –que se presentó el sábado en Banfield Teatro Ensamble– se repite en cientos de barrios olvidados del conurbano bonaerense, donde está ambientada la pieza teatral.

Los actores Emilia Romero, Juan Mako y Mariana Ortiz Losada –cuyos personajes mantienen sus nombres de pila– recrean la historia de una pareja de jóvenes (Emilia y Juan) de un barrio humilde que sufre no sólo la persecución policial por un negocio de drogas que encabeza Juan, sino que además soporta la mirada inquisidora de Mariana, la hermana de Emilia. El drama de la obra se evidencia cuando la Policía encuentra al pequeño vendedor, quien se refugiaba en la casa de Mariana, una mujer misteriosa que pronto produce un quiebre en el relato.

Cuando detienen a Juan, las hermanas discuten en la casa desordenada de la pareja luego de que la Policía la allanara en busca del fugitivo y sus “productos”. Y, como tantas otras veces, las mujeres aprovechan el encuentro para reprocharse errores del pasado, esos fantasmas que definen la conflictiva relación de los personajes y aparecen durante toda la obra. En la tercera escena (Acto 1), “Sueño de purgatorio”, Emilia sentencia: “Cuando nació Constanza lloraste. No pudiste soportar que la oveja negra de la familia fuera la fértil. Mientras que la hermana mayor…”. Y Mariana, simulando tranquilidad, sin exaltarse demasiado, retruca: “Reconocelo, Emilia. No tenés las condiciones necesarias para ser madre”.

Sin duda, se trató de una de las escenas más tensas y mejor logradas. Y eso se notó en los ojos consternados de un grupo de mujeres que miraban atentas cuando Emilia se abalanzó con la pequeña Constanza en brazos hacia el cuerpo estático de Mariana, quien oía impotente los insultos de su hermana, cansada de recibir consejos soberbios y arrogantes. La obra cruda del dramaturgo Gabriel Fernández Chapo desnuda dos realidades que conviven en la sociedad actual: las desprotegidas clases bajas y las egoístas clases medias, representadas en Emilia y Mariana, respectivamente.

Es que la joven madre le recrimina a su hermana mayor que se haya olvidado de su lugar de origen, de la madre de ambas y que se haya convertido en una “señorita de la alta sociedad” después de haber vuelto de Europa tras las separación de su esposo italiano, de buena posición económica. Entonces, durante ese período, fue Emilia quien se hizo cargo de su progenitora. Pero ése no fue el único motivo de crispación: Mariana esconde el deseo de ser madre y una profunda atracción por Juan, que se concreta cuando lo visita a la cárcel.

Durante el encuentro, los personajes negocian los deseos. Ella pide la tenencia de su sobrina y él le ruega que lo saque de la prisión. Los tres buscan satisfacer deseos inconclusos. Quieren escapar de los recuerdos y los traspiés del pasado que nos los dejan continuar con sus vidas. “No somos familia, sólo somos unas pobres infelices queriendo sobrevivir. Entre desesperados, no hay familia, amigos, códigos ni nada. Sólo se trata de no ahogarse”, desliza con dolor Emilia a punto de quebrar el llanto y con el rostro desdibujado por los desarreglos de su vida.

Un aspecto interesante de la puesta en escena son los efectos audiovisuales: cada escena se enriquece con el aporte de una pantalla que ambienta los diversos escenarios: el hogar, la comisaría, la cárcel y las oscuras calles del barrio. De fondo, canciones acústicas de Charly García y otros músicos armonizan la puesta, siempre a media luz. Además, los actores cumplen también la función de relatores de la historia.

* Manos traslúcidas en fiebre de olvido se presentará el sábado 10 a las 21 en el Espacio Cultural Banfield Teatro Ensamble, Larrea 350, Lomas de Zamora.