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Naranjos: “Si no jugás con los sentimientos angustiantes, te metés en rincones insondables”.-

A un mes de la que será la presentación de su más reciente disco, el quinteto de rock de Morón le explica a Agencia NAN porqué sus canciones reinciden en la angustia y la soledad. “Descargamos lo oscuro y nos llenamos de luz y energía”, concuerdan. Además, acusan a los periodistas que “repiten una misma fórmula” musical, reafirman su apoyo a la Ley de Medios y esbozan algunas problemáticas con las que suelen lidiar los grupos autogestivos.


Por Sergio Sánchez

Fotografía gentileza de Juan Ulrich

Buenos Aires, junio 3 (Agencia NAN-2010).- Oscuridad, caos, conflicto. Todos esos estados sirven para definir las canciones de Naranjos. Es que la música es, entre tantas definiciones, un medio para exteriorizar angustias y recargar luz, según entienden estos músicos de Morón. Hace doce años que resisten en los suburbios del under, con el apoyo de medios alternativos, bandas amigas y seguidores fieles, y conforman uno de los conjuntos más prometedores del rock (siempre) naciente. Discos conceptuales, recitales que invocan a personajes de circo y temas prolijos y arrolladores son algunas de sus virtudes.

Sin duda, algunas buenas producciones se encuentran en los escondidos espacios del circuito under, en donde la mano del mercado parece no intervenir y dar lugar a la libre creación. Existe (2009), el último disco de Naranjos, es una muestra de ello. Grabado en el estudio Del Abasto al Pasto bajo la producción artística de Álvaro Villagra, el trabajo propone buscar el sentido de la existencia del hombre a través de once canciones crudas, oscuras, compactas y muy bien logradas, características anticipadas en sus álbumes anteriores: Morirai (2002) y Vibrai (2006). Con Damián “El Árabe” Ramil en voz, Ignacio “Nacho” Rodríguez en guitarra, Bruno Badaracco en bajo, Javier “Japi” Vagnozzi en guitarra y coros, y Fernando “Eche” Echevarría en batería, la agrupación prepara un show en la Ciudad de Buenos Aires. Entre tanto, dialoga con Agencia NAN en su sala de ensayo, en Ramos Mejía.

— Las letras de Naranjos versan sobre la soledad y la angustia. ¿Por qué?
Damián Ramil: — Porque si no jugás con esos sentimientos angustiantes y te los tomás en serio, te terminás metiendo en rincones insondables. En realidad, tratamos temas existenciales. Nos hacemos preguntas. Para eso utilizamos la banda, entre otras cosas. En ella confluyen un montón de necesidades. Una es tratar de preguntarnos existencialmente sobre lo que nos angustia. Sobre lo efímero del ser, lo etéreo.

— ¿Es una forma de soltar todo lo que hace mal a través de la música?
D.R.: — Un factor muy importante de la banda es el exorcismo. Yo me exorcizo cuando toco en vivo y cada vez que vengo a ensayar. Descargo toda la angustia y la oscuridad y me cargo de luz y energía. El arte es un poco eso. Yo creo que la gente concurre a ver arte para replantearse un montón de cosas, desde su lugar en la sociedad hasta sus preguntas más internas e intensas, para encontrar el sentido de la vida. En Naranjos, las letras están teñidas por un color melancólico pero son grandes preguntas del ser.

— Parafraseando su último disco, ¿qué cosas “existen” para Naranjos?
Javier Vagnozzi: — Por empezar, nuestro vínculo como grupo, que es lo que generó el disco. Un vínculo que tenemos hace doce años y que nos permitió conocer un montón de gente en el camino. Naranjos existe, principalmente. Por eso esa idea de “existir”. Más allá de nuestra individualidad, existimos como grupo. Mañana puede dejar de existir uno pero no necesariamente dejará de existir la banda. Porque hay mucha gente además de nosotros cinco.
D.R.: — Naranjos existe, es un ser que hay que cuidar, tiene vida, “late”, como dice la canción. Y existe gracias al arte, a la música. Eso es lo que vive también en nosotros, lo que alimentamos cada vez que ensayamos, vamos a una fecha o buscamos mejorar a la banda a través de nuestros impulsos.

— ¿Cómo encuentran espacio para la banda entre las obligaciones cotidianas?
Fernando Echevarría: — Es un equilibrio aparente. Seguimos adelante frente a todas las obligaciones que surgen y en momentos en que uno está desbordado por todo lo externo a la banda.
D.R.: — Se puede. Hace doce años que lo hacemos. Pero eso no implica que no le saquemos la mirada a algo que realmente pasa. A veces es mortificante no poder desarrollarte en tu profesión, en tu labor o en lo que más querés porque el sistema se pone muy mezquino. Me encantaría vivir haciendo canciones pero no lo puedo hacer porque el sistema es hiper egoísta, como el mundo.
J.V.: — Por lo que nos tocó vivir, podemos hacerlo. Conozco pibes que no pueden, que se tuvieron que bajar de sus sueños. Nosotros deseamos vivir de esto, pero hay pibes que sólo desean tener una banda y no pueden hacerlo. Uno también elige y renuncia a un montón de cosas.
D.R.: — Uno sueña. Yo todavía sueño con poder darle de comer a mis hijos haciendo canciones. Y poder brindarle todo el tiempo que quiera a la música. Pero el sistema es perverso. No sólo porque tenés que pagar para tocar, en algunos casos, sino porque no podés conseguir una rotación mínima en la radio, aún con el dinero, porque está manejada por las compañías. Pero seguimos tratando de mantener el fuego vivo. Me produciría una gran tristeza tener que renunciar a mi sueño mayor por agotamiento. No me lo quiero permitir.

— En ese sentido, ¿está deslegitimado el trabajo del músico?
D.R.: — Muchos músicos jóvenes no se conciben como artistas, y ése es un gran error. Como dijo Chico Buarque, “la música es el motor espiritual, junto con las otras artes, de una sociedad”. La música está hecha por artistas. En los festejos del Bicentenario estuve en la plaza de Morón viendo a Peteco Carabajal. Y vi que cuando el chabón tocaba una chacarera, se armaban como espacios naturales y la gente se ponía a bailar. Pero hay una mirada snob, vulgar, transmitida por los medios masivos de comunicación, que lo único que alientan es el desarraigo popular, el de nuestra cultura. Te llevan a desayunar a Starbucks y no a manifestarte en una plaza, en una escena popular.

— ¿Culpan al mercado y a los monopolios discográficos?
F.E.: — Los medios se encargan de repetir la misma fórmula o de decir que no pasa nada en el rock. Pero nunca vimos a ningún periodista de un medio nacional cruzar la General Paz y aparecer en una fecha nuestra.
D.R.: — Hay un montón de bandas con propuestas y discursos renovadores. Lo que pasa es que la gente que trabaja en los medios masivos de comunicación sigue ciertas recetas. Por eso en los festivales siempre tocan las mismas bandas. Pero los periodistas que quieren pertenecer al establishment instalan a ciertas bandas que telonean a grandes figuras y ocupan lugares primordiales repetitivamente. Entonces siguen una corriente o se mueren por sacar a bandas que van a revolucionar. Y eso es una gilada.

— ¿Y a ustedes qué los sostiene?
D.R.: — Los caminos independientes, como un montón de medios, radios y programas de televisión alternativos. Por eso apoyamos la Ley de Medios. Porque es un lugar en donde se abren las ventanas. Lo único que todo poder dominante hace es querer dominar más. Oprimir. Los poderes se juntan para ser más poderosos. Pero a nosotros, que somos los que componemos y los que estamos acá, nos sostienen los medios alternativos. No podemos tener rotación en las radios masivas. La tuvimos fortuitamente.
Ignacio Rodríguez: — Y también nos sostienen las ganas de tocar. Porque después de lo que pasó en Cromañón saltó la onda de todos estos monopolios. Se cerró todo y lo único que quedó abierto fue el Luna Park y algunos lugares más. Desaparecieron los espacios en los que tocaban miles de bandas.

Argentos en el éter

En Morón, Ramil es más conocido como el histriónico frontman de Naranjos que por su labor actoral en Apagá la tele, un programa ya clásico de FM Rock&Pop que se emite de lunes a viernes de 21 a 23. Cada noche, el pelado le pone la voz a Machuca, un pibe de barrio tan ingenioso como ignorante; a Magú, un metalero facho; a José María, un religioso insoportable; a Pedro 303, un súper héroe venido a menos; y al Payaso Peroncho, entre otros tantos que aportan una cuota de humor crítico.

— Toca en una banda independiente y además trabaja en una radio comercial. ¿Cómo conviven esas actividades?
D.R.: — Tengo las dos miradas. El panorama completo. Y lo que veo es la injusticia. Estoy ubicado perfectamente en el plano. Sé de qué se trata. No me la cuenta nadie porque la veo todos los días. Nadie me cuenta la lucha que tengo con mis compañeros de Naranjos y tampoco lo que le cuesta a las bandas tratar de sonar en un medio como Rock&Pop, donde laburo hace doce años y, sin embargo, en el cual nunca pude rotar mi banda, porque no cumple con los parámetros que se exigen. Entonces, lo utilizo para alimentarme y saber dónde carajo estoy parado. ¿Y qué veo? Veo que unos pocos se privilegian y unos muchos no tienen lugar para manifestarse. Es la historia del mundo, del capitalismo, del neoliberalismo, del comunismo. Es la historia de la evolución humana.

— ¿Trata de reflejar eso con el arte?
D.R.: — Nada de lo que hacemos está exento de la especie. Lo que veo es que el gran monstruo de tribus que tenemos es muy injusto. Y eso es lo que tratamos de reflejar en las canciones. Y también trato de plasmarlo en lo que hago en la radio. En la radio, no hago humor complaciente ni soy un contador de chistes. Si algo logré es nunca traicionarme. Soy lo más auténtico posible, y en los lugares que ocupo trato de decir lo que veo.

— En los recitales, ¿su costado actoral sale espontáneamente o lo piensa como un agregado?
D.R.: — Espontáneamente. Desde el primer momento en que me subí a tocar con Naranjos, me desbordó mi bicho escénico. Es más, tuve que aprender a cantar. Me atrajo tanto la expresión musical que tuve que aprender los códigos y el funcionamiento del arte musical. Ahora soy un bicho artístico. Creo que puedo escribir, cantar y actuar en Naranjos. El texto que digo no es como uno de Shakespeare, es uno que humildemente trato de decir. La música me desbordó desde el primer momento y no lo pude evitar.

* Naranjos presentará Existe el sábado 3 de julio a las 20 en The Roxy Live, Niceto Vega 5542, Ciudad de Buenos Aires.

Sitio: http://www.naranjosrock.com.ar