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“matar lo que no nos gusta y volver a empezar”

Nunca fui a un parque de diversiones

Prensa NFPD

“Yo ahora lo escucho y veo una unidad”, dice Antu La Banca. Piensa en el último disco de su banda Nunca Fui a un Parque de Diversiones (NFPD), mientras mira las ramas ascendentes de un jacarandá en el centro de una plaza en Retiro. Q.E.P.D salió hace unas semanas, un trabajo de ocho canciones imposibles de categorizar en un mismo género, unidas por una obsesión conceptual por el romanticismo y una estética por lo medieval. La banda —Antu (voz, batería y programaciones), su hermano Manque La Banca (voz y guitarra) y Joshua Zenz (bajo)— empezó a grabar el disco hace tres años. Coinciden en describirlo como “ecléctico”. “Es un disco muy difícil de referenciar”, admite Antu.

 

El disco debut Mover Canival puede ser la referencia más inmediata, pero en los tres años que separan un LP y del otro,  vieron a la banda abandonar viejas influencias y encarar una nueva propuesta integral. La identidad de NFPD creció, murió y mutó en un trabajo en el que sus ambiciones experimentales se fusionan con su sensibilidad pop y el amor a la canción.

 

Manque: –En el momento en que salieron estas nuevas canciones yo estaba atravesando una transición dolorosa y decidimos encarar el proceso del disco por ahí. Teníamos la idea de reinventarnos cuántas veces quisiéramos. Matar simbólicamente lo que no nos gusta y volver a empezar con otra perspectiva. Es algo que todos podemos hacer a diario, pero nos construyen desde que nacemos de una forma y la norma es seguir ese camino.

Antu: –Queríamos hacer un disco simple, siguiendo estructuras más tradicionales. Cuando empezamos los tres juntos a tocar, siempre íbamos con la idea de hacer quilombo, algo raro que la gente no supiera si le gustaba o no. Nos venían a ver, nos veían darlo todo, pero en el fondo se quedaban inquietos, parecía una experiencia vivencial. Desde entonces, estamos planteando todo desde un lugar más pop. Que la gente se aprenda el estribillo y pueda venir a cantarlo es todo lo contrario a lo que supimos hacer antes. Pero sin perder los valores experimentales. Desde la composición, es un disco más simple, pero desde la producción y la estética es algo más jugado. Hay una decisión explícita de poner la voz bien adelante en la mezcla, que se entienda lo que se dice siempre.

Manque: –En términos musicales es muy ecléctico, cada tema con su propio estilo pero todos en el mismo universo poético. Como que salen de la misma película. Hay materiales y elementos que pertenecen al mismo género fílmico.

 

En Mover Canival el canto de los hermanos se confundía en una misma persona; en Q.E.P.D se presentan muy diferenciados y recorren caminos creativos paralelos. La voz de Manque siempre llega rápida y fuerte, cargada de efectos que la manipulan y distorsionan. Antu canta prácticamente limpio, del corazón directo al micrófono. Si Manque es el narrador de la fábula épica, medieval, romántica, Antu es el personaje protagonista, el Werther que desahoga sus sentimientos en canción. “Portoncito”, “Goami”, todos los temas que lo tienen como protagonista tocan en lo emocional de manera honesta y vulnerable.

 

Antu: –A mi la voz de Manque me gusta, tenemos improntas distintas. Creo que él es blusero y mi voz es más grunge, pero la convivencia es buena. Yo soy crudo y voy con lo que me está pasando en el momento. Manque es más literario, escribe cuentos en sus temas. También encara sus letras desde lo visual y se preocupa mucho por eso.

Manque: –Las de Antu son canciones románticas con mensajes ocultos. “Portoncito” es un tema viejísimo que yo sentía que funcionaba bárbaro en el nuevo disco y le insistí a Antu para grabarlo. Él tiene ese don de componer describiendo imágenes muy simples, la poesía se vuelve visual y el sentido es clarísimo, muy sutil. Además canta como si lo estuvieran torturando y le agrega un dejo de dolor físico al disco que me vuelve loco.

 

—En la manera en la que se presentan ambas voces también hubo un cambio…
Joshua:- El cambio principal en las voces es el armonizador, porque coros y esas cosas ya veníamos haciendo. Usamos un armonizador, no un vocoder ni auotune, que multiplica las voces y después las podés trabajar por separado.
Manque:- Las tomas de voz se hicieron con el armonizador en vivo y en los auirculares se siente esa sensación real del efecto, le modifica expresividad. También quisimos mantener una lógica de la voz al frente y la base sólida del rock tradicional. Encontramos un punto medio entre la exploración sónica y la canción pop. Un balance para que ambas propuestas convivan. Fue una búsqueda muy intensa y creo que lograr ese lugar para la voz fue lo más complicado. Lo más jugado y lo que nos dejó más contentos.

 

Q.E.P.D también presenta a NFPD como una banda firmemente establecida en La Plata. Durante los últimos cinco años el trío se mudó de Bariloche al Conurbano, logrando volverse una cara conocida en la escena local. Se sumaron a la movida independiente y emergente, se volvieron la banda favorita de Shamán y los Pilares de la Creación y los preferidos del ciclo de festivales Yolanda. Así es que el lanzamiento del nuevo disco fue a través de Yolanda Discos.

 

 

—¿Creen que si Bariloche fue la influencia principal de Mover Canival, La Plata inspiró de alguna manera a Q.E.P.D?
Antu: –Creo que los lugares no influyen tanto, sino más bien las personas, los grupos. En este disco se ve reflejada la apertura nuestra hacia nuevas cosas, nuevas músicas y gentes. Por eso no es tanto una cuestión geográfica, yo lo vivo más como una instrospección.
Manque: –Acá nos pasamos de movida en movida, todo el tiempo disfrutando propuestas muy diferentes entre sí. Hace 10 años no podías ir a ver un recital de hardcore y después uno de pop romántico porque eras considerado un careta. Si hay algo que disfrutamos siempre es mezclar todo para que el cerebro entre en cortocircuito. Es un ejercicio para estimular la vida.

 

Q.E.P.D es un disco confrontativo. Enmascarado en canciones con estribillos pegadizos y melodías azucaradas, no hay lugar para la tibieza. Todo es ejecutado sobre la línea de la extremidad. Canciones como “Calor” o “La espada” no se toman un segundo de respiro, corren hacia el final, salpicando historias de castillos y tucas milagrosas. Entonces el gran reto de la producción fue hacer lugar para el mundo de detalles que constantemente invaden los espacios libres. Después de la experiencia de haber producido el año pasado su disco solista Une,  Antu se encargó de grabar y mezclar el disco sin recurrir a un estudio profesional.

 

Antu: –Lo veo como un disco para productores. No podés escuchar todo en la primera escucha, tenés que elegir un sonido entre todos e irte con él. Todo suena muy “efecteado” y orgánico a la vez. Se siente esa energía de haber grabado muchas cosas en vivo. Primero grabamos las baterías y muchos bajos quedaron de esas tomas. Después grabamos amplificadores aparte, dividiendo la señal de la guitarra y registrando cada efecto por separado. Mover Canival nos costó mucho más tiempo porque sabíamos menos. Hay un salto de calidad a nivel de uso de herramientas que es muy notorio y nos tomamos el disco como una excusa para desarrollar esa técnica.

—¿Haber grabado todo por su cuenta fue para tener el control sobre todo el proceso o así es como entienden su libertad?
Antu: –Para lograr lo que me hubiera gustado en un estudio tendría que gastar demasiada plata, muchísimas horas. Asi que es un tema económico en algún punto. Tiene que haber un equilibrio entre lo económico, el control y la libertad. En Mover Canival usamos el peor hardware posible para grabar. Para este nos prestaron como 12 micrófonos, amplificadores profesionales, platillos. Hubo un rebusque de conocer gente, de pedir y preguntar, y apareció mucho aguante de parte de la comunidad. Shamán está siempre al pie del cañón para ayudarnos en lo que necesitemos. Entonces hubo un laburo de ver qué teníamos a nuestro alcance y pensar cómo lo podíamos aprovechar al máximo. Pasamos por momentos en el que nos prestaron ecualizadores analógicos y tuvimos que aprender a usarlos en el momento. Después hubo un fuerte trabajo de postmezcla y reamplificación con Ariel Schlichter, de la banda Maqueta. Pero es mucho más fructífero hacer un disco y en el medio ensuciarse las manos que pagar un estudio y solamente ir a tocar.

 

—¿Tiene que ver también con una especie de mística por lo analógico y lo casero versus lo digital y profesional?
Manque: –Hay que olvidarse de esa transición del mundo análogo al digital porque es una lucha económica que no nos pertenece, entre grandes empresas que se delimitan el mercado para conquistar el mundo. Tenemos mucha información nueva dando vueltas al alcance de la mano pero los problemas siguen siendo los mismos. Lo mejor es aprovechar las virtudes que cada medio propone y olvidarnos de la idea de evolución como algo que viene a reemplazar a lo anterior porque es mejor. Nosotros bajamos las guitarras del disco a un portaestudio de casete porque queríamos lograr modulaciones tonales que con la compu no se pueden lograr. Lo mismo con el video de “La glorieta”, que lo filmamos en 16 milímetros porque queríamos capturar la luz con una concepción romántica y lograr un nivel de saturación en los colores rojos y verdes que en digital no se puede lograr. Sin embargo, el proceso de mezcla del disco y el montaje del video los realizamos digitalmente porque es muchísimo más fácil el flujo de trabajo. La utilización de recursos analógicos no tiene tanto que ver con una “calidez”, como se suele decir, sino más con procedimientos para lograr efectos específicos.

Antu: –Creo que si hay una mística está en toda la parte de la producción llevada a cabo por uno mismo. Eso de armar el estudio en tu casa, en donde vivís todo los días, y mandarse a grabar sin una ayuda profesional. También somos re románticos, nos encanta tocar con las luces apagadas, tomando vino hasta cualquier hora y sentirnos que estamos en esas mansiones en las que grababan los Rolling Stones. La verdad es que priorizamos eso antes que tener los mejores equipos o el mejor estudio.

Manque: –Está bueno dejarse llevar por esa mística, hay que retomar algunas tradiciones perdidas para que la música no sea tan efímera.

 

Nunca Fui a un Parque de Diversiones se presenta en vivo el 30 de junio en el Club Cultural Lucamba en La Plata junto a Butterjuice. Su presentación en Ciudad de Buenos Aires se espera para finales de julio. 

 

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