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Perota Chingo: “La música es algo profundo que viene de la tierra”.-

Antes de lanzarse a girar por el continente americano, el dúo de “música viajera” devenido en cuarteto intenta explicar cómo pasaron de tocar para un puñado de personas en Cabo Polonio (Uruguay) a telonear, en pocos días, al cantautor brasileño Lenine en el Gran Rex. “Pensar en vivir de la música o ser parte de ella se convirtió en nuestro universo con Perota”, dicen ellas, quienes reventaron el contador de visitas de You Tube con su canción “Ríe chinito”.

Por Ailín Bullentini
Fotografías gentileza Perota Chingo

Buenos Aires, abril 20 (Agencia NAN – 2012).-
“¿Cómo llegamos a esto?” Hace muy poco, sentadas en un bar de Valparaíso frente a más de un centenar de personas que esperaba escucharlas, a Julia (Ortiz) y Lola (Aguirre) les cayó esa ficha. El dúo que nació para bancar los deseos de ambas de patear el mundo se convirtió, vía poder hipermultiplicador del ghetto cibernético, en cuarteto y “proyecto de vida”. O algo similar. Junto a la guitarra de Diego, la percusión de Martín y las imágenes de Pocho, las voces de estas dos jóvenes exploradoras ofrecen bellas melodías de “música viajera”. Tras varios meses de gira por sucuchos vecinos, volvieron a sus pagos natales para “tomar impulso”. Con el empuje moral y económico de aquellos que ansían por escucharlas allo íntimo & interactivo, esperan iniciar una gira que las lleve por el continente americano. Sí, sí, prometen llegar a Estados Unidos.  

“Perota Chingo nació porque la gente lo pidió. Ahora nos piden que vayamos hasta sus lugares, que toquemos allí, y nosotros encantados, pero les pedimos que nos ayuden”, explicó Lola. En estos días terminarán de ultimar los detalles del proyecto, que pondrán en funcionamiento a través del cada vez más popular sitio web Idea.me (un espacio que pone en contacto ideas que necesitan de financiamiento para concretarse y usuarios/espectadores que deciden aportar una moneda). Quieren recaudar los fondos suficientes para comprar una camioneta que les permita acercarse hasta todos los lugares desde las que las convocaron vía Facebook. Brasil, Perú, Colombia, México, Chile, Ecuador y el terreno yanqui.

Arrancarán en septiembre por tierras cariocas, con “dos fechas fijas ya comprometidas”, canchereó Pocho. Los artistas brasileros André Abujamra y Luis Carlinhos los invitaron a compartir escenario debido a que ya comparten música –en su repertorio, Perota ofrece algunos temas de ellos–. El compatriota Lenine también hizo lo propio, pero en suelo argentino, y les impuso al novel colectivo su primer gran desafío: telonear un Gran Rex (miércoles 25 de abril). “Intentaremos ser ante 3500 personas lo que somos ante 200”, remarcó Julia.

–¿Cómo son?
Lola:– Somos lo que siempre fuimos. Tal cual vivimos aparecimos de repente en esta película.
Julia:– Es como si alguien hubiera abierto la puerta de nuestra vida. No hay maquillaje de nada. Tocar en la calle es lo que hicimos desde que empezamos juntas. Nunca pensamos en hacerlo de otra forma. Y cada show es diferente ya que depende mucho del público, la energía que tiene, lo que charlamos con ellos entre tema y tema. Los toques de Perota Chingo son armados entre todos y eso es lo que le aporta una frescura que nos encanta. 
Martín:– También lo entendemos como una forma de sacar al artista de su pedestal para compartir con otros lo que hacemos desde un mismo lugar. 

Con un Gran Rex a la vuelta de la esquina, no piensan cómo van a poder sostener esa “intimidad” con un público cada vez mayor. “¿De qué nos sirve? Disfrutamos ahora”, remató Lola. Si no se puede hablar de futuro lejano, entonces hay que remontar al pasado para comprender un poco más de qué van los Perota. Cuando el verano de 2011 comenzaba a meterse en la cucha, Lola decidió guardar su guitarra y volver a Buenos Aires. Había pasado unos dos meses en la costa uruguaya con Julia, una coetánea y conlugareña suya —las dos son de la zona norte del enorme Conurbano—, llenándose de sol, viviendo de lo que la gorra recaudaba cada vez que la pasaban por las manos de aquellos que las escuchaban cantar, sea almuerzo o cena.

L:— Cabo Polonio invita a eso. Nos fuimos con poco dinero para vivir dos meses en el mar oriental, entonces armamos un repertorio, un par de canciones. En un ensayo apareció un hermoso personaje de allá, Opai Fernando, que nos escuchó y nos dijo que estábamos listas. Nos presentó en un bar y nos dijo, ‘dale, toquen’. “Ando ganas” (de Los piojos) fue el primer tema.
J:— Nos dio miedo, pero no bien empezamos a sonar se generó un silencio… Fue increíble. Muy intenso.



En algún día de ese verano conocieron a Pocho, quien había viajado a ese germinador de nueva música uruguayo con otra banda argentina para filmar sus videos. “Borré algunos para registrarlas a las chicas”, recordó en la rueda de diálogo con NAN. “Ríe chinito”, una preciosa especie de canción de cuna, se convirtió en el alumbramiento del duo como conjunto musical. Sin que ellas lo supieran, claro. Mientras Lola se aclimataba a su tierra natal y preparaba el bolso para, esta vez cruzar el (gran) charco hacia Francia, Julia se internaba en la selva amazónica de Perú. Pocho, sigiloso, emprolijó el audiovisual (repito, hace falta: hermoso), lo colgó en You Tube y el contador de visitas estalló. Llamó a Lola, quien entre el asombro y la incógnita, por las dudas, desarmó las valijas. Juntos, probaron con un perfil en el “cara-libro” de Perota Chingo y le pidieron a Julia que vuelva. .   

Pocho:— Empezaron a llenar de mensajes el facebook (acaban de superar los 30 mil seguidores) para que el grupo vaya a tocar a Chile, a México, Colombia, Brasil, Perú, Ecuador, Estados Unidos…
L:— En sí, la gente nos pidió que construyéramos una banda. Si hubiera sido por nosotros, cada uno hubiera seguido con su vida, en la suya.

En diciembre de 2011, las chicas decidieron “tirarse a una pileta sin saber bien en qué estado estaba”, como definió Julia. No lo hicieron solas. Llamaron a Diego, un guitarrista uruguayo que habían conocido en el camino, y a Martín, un percusionista que las había contactado por la red social y con quien “fue amor a primera vista”, definió Lola. Hoy se dedican exclusivamente al grupo.

—¿Cuánto les importaba la música antes de Perota?

J:— Mucho, pero siempre a nivel personal. Sentimos que la música es algo que nos une como seres humanos, algo profundo que viene desde la tierra, y que nos atraviesa por igual. Ahora, pensar en vivir de la música o ser parte de ella se convirtió en nuestro universo con Perota.

Se ubican “independientes”. Lola argumentó que, aunque después del boom se les acercaron varios productores y discográficas, les gusta mantenerse “así, en la época de exploración, de tener que hacernos cargo de todos los rubros. Nos gusta tener contacto con la gente, buscar lugares para tocar, conocer nuevos amigos músicos, público”. Así lograron grabar el disco que ofrecen en cada toque, en el estudio de grabación de una banda que se los prestó en Santiago de Chile. “Queremos seguir así, entre amigos, compartir nuestra energía con quien nos quiera escuchar”, concluyó Julia.

–¿Cómo definirían la música que hacen?
J:– Es una música viajera. Hacemos canciones que son viajes. No entran en ningún estilo porque de repente agarramos un chamamé de Paraguay y lo deformamos, emprendemos un viaje con él, el nuestro. Más que algo encasillado, buscamos que nuestra música nos libere y libere a quien la escuche.

Perota Chingo en Valparaíso, Chile. Enero 2012.

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