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el otro lado de la tv argentina

fabián polosecki

Fotografía: Archivo personal de la familia Polosecki

“El día tiene 24 horas de inteligente silencio, hay que saber interrumpirlo con algo que pueda mejorarlo y casi nunca se logra”, afirmaba el periodista Fabián Polosecki a fines de 1993 al comienzo de cada edición de su programa El otro lado. Lo decía él, que supo hacer de esos silencios una marca, un estilo, sin importar los apuros del tiempo televisivo. Polo cumplió con ese objetivo e instaló un programa trasgresor que trasladó la crónica urbana gráfica a la televisión como nadie lo hizo antes. En un momento donde los grandes monstruos televisivos tenían su mirada en, valga la redundancia, otro lado.

 

Los programas de televisión que en aquella época peleaban por el rating del prime time eran Videomatch y Hola Susana. Allí primaban las grandes estrellas y la ridiculización de lo diferente. Nadie imaginaba que una persona como Gerardo Sofovich, gerente de programación de Argentina Televisora Color (Canal 7) durante el Gobierno de Carlos Saúl Menem, le daría un espacio al proyecto que Polosecki planteaba.

 

Polo, junto con la productora independiente Insert Coin de sus amigos y compañeros de militancia José D´amato, Rubén Viñoles e Ignacio Garassino, lograron una fusión entre lo ficcional y lo real, donde Fabián interpretaba a un periodista que se quedaba sin trabajo y se ponía a escribir guiones de historietas basados en las historias reales que recogía de la noche porteña. Según cuentas sus compañeros, su lema era: todo el mundo tiene una historia que contar, aunque no lo sepa. Hacían entrevistas a personas desconocidas que transitaban los bordes, pero contadas desde un ángulo distinto, buscando una cierta variación entre los entrevistados para que no aburrir.

 

El protagonista se presentaba en la penumbra, acompañado siempre por su vasito de ginebra y unos cigarrillos Parisiennes. A orillas de una mesa descansaba la vieja Olivetti verde, en donde escribía los guiones. Él siempre vestía una campera negra que, con el paso del tiempo, llegó a ser un símbolo de Polosecki. Sin embargo, sus amigos cuentan que Polo no usaba campera negra de cuero en su vida cotidiana. Era más atorrante, más divertido y un poco menos melancólico.

 

El otro lado duró dos temporadas y recibió dos premios Martín Fierro. Durante esa hora de programa desfilaron prostitutas, travestís y ladrones, entre otros personajes marginales y marginados. Conseguir a los invitados era un trabajo arduo dada su naturaleza complicada: ellos no tenían ninguna necesidad de hacerse conocidos y era difícil hacerlos hablar frente a una cámara. No era como entrevistar a artistas o famosos. Para establecer ese nexo, estaba la figura del periodista Ricardo Ragendorfer, encargado de las investigaciones periodísticas. Por su amplia trayectoria como redactor de policiales conocía como nadie a los personajes que habitaban los submundos de la noche porteña.

 

En abril de 1992, mientras Fabián se encontraba escribiendo en el diario Página/12, la productora Iris Benjamín le ofrece llevarlo a la televisión para participar del programa de Roberto Pettinato Rebelde sin pausa, que se emitía también por la pantalla de ATC. Hacía pequeños micros entrevistando a personajes de la noche, a marginales de la calle como putas o travestís. Para ello el productor del programa Raúl Becerra le creó una especie de personaje ficticio con tres características particulares: era un periodista que salía a buscar todo lo raro en la noche de Buenos Aires, siempre vestía con una especie de pilotín, una remera y un pantalón -ambos de color negro- y, por último, hablaba en off estando en cámara.

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Fotografía: Archivo personal de la familia Polosecki

El quiebre que realizó El otro lado se debió a que en ese momento era moneda corriente que los programas tomaran a la gente común y la ridiculizaran. Él logró todo lo contrario: en lugar de burlase de ellas, decidió entenderlas y retratarlas con su frescura e inocencia. Mostró que en todos lados hay historias buenas.

 

1995 fue un año de cambios para la vida de Polo. Se mudó al barrio de Saavedra con su esposa, nació su primera hija Milena y laboralmente surgió El visitante, una propuesta similar a la de los años anteriores. Las entrevistas eran parte central del ciclo y Polo volvió a ocupar un lugar protagónico. La primera intención era viajar, pero el corto presupuesto los obligó a moverse dentro de Buenos Aires. El Visitante culminó ese mismo año con tres recordados episodios: una en la villa Itatí, otro en el barrio porteño de Saavedra donde Polo entrevistó a los que eran sus actuales vecinos, y el capítulo final que se filmó en una isla de Tigre.

 

Gustavo Fabián Polosecki nació el 31 de julio de 1964 en el seno de una típica familia judía de clase media compuesta por Aída Prizant, Josué Polosecki y sus otros dos hijos, Gabriel y Claudio, que les llevaban trece y once años respectivamente al menor. Los tres hermanos heredaron de su padre la pasión por la política y el amor hacia la literatura, incentivados en parte por el taller gráfico montado debajo de su casa en La Paternal. Además junto con su madre desarrollaron una intensa actividad política en el Partido Comunista.

 

Fabián pasó sus estudios primarios sin ningún problema. En el secundario deambuló por distintos colegios de los que fue expulsado por excesos de amonestaciones, hasta que los terminó en una escuela nocturna. En ellos comenzó a dar sus primeros pasos en el periodismo escribiendo en los diarios estudiantiles.

 

“Fabi era muy vago pero la participación en los diarios y en las actividades prácticas le encantaban. También le gustaba leer ya que nuestra casa siempre estuvo repleta de libros, cada uno de mis hijos tenía una biblioteca enorme en su habitación con fácil acceso para que pudieran tocar y leer cuando quisieran. Lo que predominaba en él era la curiosidad y la facilidad que tenía para hablar con la gente. Desde muy chiquito, se iba solo a conversar con las gitanas de la vuelta o con los obreros de la gráfica. No tenía vergüenza, cualquier duda que tenía la preguntaba y siempre escuchaba con atención lo que le decían”, recuerda su madre Aída Prizant durante una entrevista.

 

Otra de sus pasiones eran los viajes que realizaban los Polosecki todos los fines de semana a Tigre. Allí Fabián aprendió a nadar y a remar con mucha destreza. A los 15 años comenzó a militar en la Federación Juvenil Comunista. Fue un activo dirigente y escribió para el diario partidario Propuesta. Años más tarde, se alejó por diferencias con el partido.

 

Su oficio fue incentivado por su hermano Claudio, también periodista, que lo llevaba a la redacción del diario Clarín los sábados cuando le tocaba cubrir las guardias. Fue ahí en donde el pequeño Fabián conoció las primeras máquinas de escribir Olivetti que luego lo acompañaron toda su vida.
Polo dio sus primeros pasos en la gráfica en la revista de espectáculos Radiolandia 2000, en la que conoció a Pablo De Santis. Escribía desde los romances de las famosas vedettes hasta acerca de los festivales de rock que se realizaban. Tuvo una corta participación en la revista de comics Fierro, en la que vuelve a escribir sobre rock, hasta que le proponen participar en la sección de espectáculos del diario Sur.

 

Luego del cierre del diario de izquierda, Fabián participó de algunas revistas junto con sus ex compañeros de Sur como El primer tajo y Faz, hasta que entró al diario Página/12 en un nuevo suplemento llamado Metrópolis, en el que contaba las historias ocultas de la noche porteña.
La gráfica fue una escuela formidable para él. Tenía el manejo del tiempo de la entrevista gráfica. No estaba preocupado por la duración sino por los contenidos, y eso le permitía hacer otra lectura de las respuestas. Un buen periodista no formula muchas preguntas sino que hacer hablar al entrevistado. Polo no hacía preguntas estúpidas, no interrumpía al entrevistado. Era muy intuitivo y sobre todo un hombre que conocía mucho de su oficio.

 

El 3 de diciembre de 1996 Fabián Polosecki decidió terminar con su vida y se arrojó a las vías del ex ferrocarril San Martín, cerca de la estación Santos Lugares al noroeste del conurbano bonaerense. Dejó con muchos interrogantes a familiares y amigos.

 

*La Biblioteca Nacional y La Nave de los Sueños presentarán una función dedicada a Polosecki, el martes 13 de diciembre a las 18 horas, en el Auditorio Jorge Luis Borges, con entrada libre y gratuita. “El otro lado de la televisión argentina: El legado de Fabián Polosecki” incluirá un recorrido audiovisual por sus dos programas El otro lado y El visitante; y una charla con realizadores, productores y periodistas que trabajaron con Polo. Además, se realizará la presentación oficial del proyecto realizado por la familia para liberar los capítulos de los programas en una plataforma online.

 

pulpa@lanan.com
 

Nº de Edición: 1691

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