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lo invisible es color flúor

mi primo fosforescente

Foto: Marcos Pignani

No es una novedad que el Interior se ha apropiado en cierta medida de la escena musical argentina. Cada vez son más los productores, periodistas y afines que alzan la vista por sobre la General Paz para prestar oído a los nuevos talentos que arroja el territorial nacional. Si bien las capitales provinciales poseen un caudal artístico más contundente (por razones demográficas obvias), también es posible observar el fenómeno de conjuntos que se encuentran en la ardua tarea de generar destellos desde “el interior del interior”. Es en este recorrido que nos podemos llevar más de una sorpresa, como el caso de Mi Primo Fosforescente, una banda que ha aparecido casi por asalto en los escenarios de Córdoba Capital. Su bajista, Matías Ballario, comenta: “Somos relativamente nuevos en Córdoba, hemos tenido la posibilidad de tocar más veces en Buenos Aires y Rosario. Nuestro pueblo queda a pocos kilómetros de la segunda, tenemos muchos amigos y colegas que nos han invitado a participar de sus fechas”.

 

Provenientes de Marcos Juárez, un pequeño pueblo ubicado al sur de la provincia y al medio de esta alfombra verde llamada Pampa Húmeda, presentan una propuesta muy interesante para aquellos que se encuentran en la búsqueda obsesiva de algo nuevo para añadir a la playlist, o que simplemente están algo cansados de escuchar ad infinitum la misma fórmula de pop sofisticado, esa que pareciera ser el camino seguro hacia cierto reconocimiento y que, de hecho, lo es: “No queremos tener un techo”, continúa.

 

Alto. Mi Primo Fosforescente es una cuadrilla sofisticada (y, apresuradamente, también es pop), pero en la escucha se puede observar cierto deseo recurrente por inclinarse hacia la distorsión, el riff, la progresión, la psicodelia y otros factores que dan a pensar que estamos ante un proyecto diferente. Este trazo de equilibrio entre “lo de siempre” y “algo distinto” se ve más definido en su último álbum Lo Invisible, donde cada pista posee diferentes climas de pulsión: subidas y bajadas rítmicas, pasajes experimentales, dulzura cubierta de pétalos y algunos callejones meados en su justa medida. Al respecto, Nicolas Pagliaroni, cantante y guitarrista, comenta: “Cada uno aporta su presente musical, tenemos mucha libertad a la hora de expresarnos, aunque tenemos nuestros roles claramente definidos. Lo importante es que cada miembro construya desde la sinceridad. La verdad es que si cada vez estamos siendo mas ‘sucios’ musicalmente hablando no nos estamos dando cuenta. Las composiciones simplemente fluyen con naturaleza y honestidad”.

 

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Foto: Marcos Pignani.

 

La formación cuenta con tres discos de estudio que demuestran una envidiable facilidad, y hasta cierta soberbia, para conquistar los oídos de cualquier oyente con algo de buen gusto. Quizás el hecho de que un tercio de los integrantes proceda de padres músicos aporte sus metros de ventaja, aunque sería injusto atribuirle a esto la totalidad del cómputo creativo que demuestran los MPF para explorar los lugares que se les antoje: “De nuestros viejos hemos recibido las principales influencias que hoy en día nos definen, sobre todo Pink Floyd y la música inglesa en general. Crecimos rodeados de instrumentos”.

 

Teniendo como referencia lírica a los paisajes naturales (presente en canciones como “El río”, “Casi es otoño” o “Hasta el mar”);  la redención (“Perdón”, “Estoy”) y la mitología romana (“Lobo cantor”, “Fauno”; y “Sueños de fauno”,  que da título al segundo disco), la banda se apropia de la topografía de los bosques encantados y el azul marino, aferrándose a la permanencia del cambio en cada cada una de sus canciones, signadas por la progresión y la ruptura misma de la tranquilidad que propone, de a ratos, su obra. Pagliaroni comenta: “Quizás sea porque vivo en el campo, en contacto con la naturaleza y los animales. Me gusta mucho viajar con la guitarra y conectarme con las cosas que me hacen bien. También me llaman mucho la atención las leyendas mitológicas, estuve hojeando algunos cuentos”.

 

Si bien aún no lograron irrumpir con fuerza en escena alguna, lo cierto es que no lo necesitan, o por lo menos no de manera imprescindible. Desde lo subjetivo se puede atribuir a que tienen un repertorio cubierto de mixturas que merecen, cuando menos, un poco de atención. Desde lo objetivo, mera consecuencia de lo anterior, al hecho de haber ganado el concurso RockeaBA en el año 2014, donde fueron premiados con ediciones físicas del sello Sony Music y contaron con la producción de Jimmy Rip (quien tocó en su carácter de músico junto a Mick Jagger, Television, entre otros): “Conocimos gente que nos abrió muchas puertas y pudimos experimentar cómo se ven las cosas desde un festival masivo, donde hay una organización y un control total. Además de que, al entrar en contacto con otras bandas, comenzamos a girar por varios puntos del país como Villa María, Tucumán, algunas zonas de la Patagonia y Salta. Las puertas se siguen abriendo, no solamente por el RockeaBA, sino porque lo buscamos”.

 

 

Aunque “Lo Invisible” se haya editado en 2015, hace exactamente un año, la banda se encuentra en las puertas del estudio para darle vida a un nuevo álbum: “La idea sería grabar durante los meses de enero y febrero, esta vez en casa. Volvemos a casa…”, concluye.

 

escucha@lanan.com.ar
 

Nº de Edición: 1690

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