
Por Gustavo Obligado
Un evento de Facebook titulado “Viaje al Cosmos desde el ZAS hasta el último milímetro de expansión del universo” puede querer decir muchas cosas. Pero fue la manera original en la que Prietto Viaja al Cosmos con Mariano agitó desde las redes sociales un prometedor y eufórico regreso (el dúo estuvo en silencio desde diciembre del año pasado, cuando cerró un ciclo en el espacio cultural Plasma). La apuesta: tocar todas (sí, todas) sus canciones, ambición que se cultivó entre la trayectoria de la banda y la ansiedad de sus seguidores. Un recital que pretende abarcar todo un proyecto —desde sus inicios allá en 2005, cuando registrar música todavía no era tan accesible, hasta hoy— es arriesgado pero excitante. Y PVCM tuvo tela para cortar: su prolífica discografía abarca desde dos EPs nacidos de experimentaciones caseras que comparten el título Lou Fai Sessions hasta el sonido de estudio del gigante Le Prièt vaha chosmos e ba con Maourian!!!, álbum doble que resume y atestigua el camino atravesado. Psicodelia, blues y rock acompañados de letras de amor y desamor, de melancolía y borracheras, de urbanidad.
La vuelta ocurrió el sábado pasado en el mítico Zaguán Sur. Hubo canciones nuevas e invitados, como Tomás Vilche (cantante y guitarrista de La Patrulla Espacial y bajista de Shaman & Los Hombres en Llamas) y Pipe (tecladista de Go Neko!). Menú imbatible de la pizzería Pichin, cerveza y pizza de cancha sobre los cordones de la calle Moreno sirvieron de antesala. La noche era agradable y acompañaba la espera, hacía olvidar que en ese mismo momento el boxeador Marcos Maidana estaba sufriendo una derrota frente a Floyd Mayweather. Adentro, los oídos se curtían con canciones de rock o punk, siempre en buena rotación. Hasta la apertura del escenario, en manos del psicodélico y romántico dúo Oso Vieja. Carla Flores (aka Tu Vieja) y Manu Aguilar sonorizaron los primeros minutos de la madrugada del domingo con bajo, guitarra, pedales de efecto y consola, una telaraña de capas de, por momentos, bases “duberas”, nada raro por tratarse de dos integrantes de Morbo & Mambo. Los cantos como balbuceos de Tu Vieja se sumaron a sus rasguidos entrecortados sobre las firmes y “grooveras” bases de Aguilar. Como si hubiera sido una meditación colectiva, el público —sentado e iluminado por el reflejo de una bola de cristal— escuchó con atención. En los espacios muertos, los espectadores se pasearon por una feria pequeña y cálida que armaron las editoriales Nulú Bonsai y Sub Poesía, de simpáticos y coloridos diseños para sus publicaciones de bolsillo. Además hubo remeras de todos los colores y diseños musicales variados, estampadas por el mismo Prietto.
Una vez reabierto el telón, la postal característica de PVCM los encontró enfrentados: Maxi Prietto, cantor y guitarrista también en Los Espíritus, con una camisa amarilla patito, dándole la espalda al público; y Mariano, de ojos achinados y melena rulosa, probando de frente los parches de su batería. El sollozo tarareado de “Chispas” embobó a los presentes, dando inicio al regreso. La banda estaba prendida fuego y alternaba el ánimo del público según el estilo de cada tema: de una balada como “Tobogán” a una furiosa versión de “El bombero”, de parejas abrazándose al pogo desenfrenado. Las luces intermitentes en rojo, azul, amarillo y blanco creaban un espacio tétrico y psicodélico, como una espiral.
Los invitados fueron la vuelta de tuerca para que PVCM se desenvolviese, aunque el dúo solo rellena el espacio con coros que se multiplican. La habilidad en guitarras de Prietto, sus rasguidos descontracturados y punteos melódicos, se combina con el golpe furioso de Mariano sobre la batería, pero al sumar bajo y teclas el grupo estira su sonido hasta el último milímetro de expansión del universo. La original versión en español de la canción de Leonard Cohen “Ey, esa no es forma de decir adiós” y la presentación de un nuevo tema con la formación en cuarteto fueron combustibles para la ilusión. El público nunca dejó de corear ni de pedir canciones. Cuando terminaba una, Maxi preguntaba cuál faltaba. Las infaltables “Av. Corrientes” y “Verano fatal” fueron recibidas con sonrisas. En un show de alrededor de dos horas, PVCM jamás perdió la soltura ni la euforia. A Prietto y a Mariano se los vio cómodos y contentos de volver a tocar. Quién sabe cuándo los volveremos a escuchar.