El Engrupe y El Manijazo analizan el itinerario popular. En la cocina, la orden del día reza tango ska, candombe, milonga y canción rioplatense. La Plata , una de las actuales mecas del rock, se rinde ante su propio mito y abraza el convite con un apasionado club de seguidores.
Por Ana Esperança
Fotografía Analía Osaba
Buenos Aires, diciembre 20 (Agencia NaN–2012).- Recrean la atmósfera del conventillo como espacio significante y levantan el lunfardo como bandera. Asumen el juego musical de retomar el 2 por 4 de los ritmos afro, consiguiendo un buen sonido. Son dos bandas en pleno crecimiento que tienen en común esas bases y otras cuestiones: tienen búnker en La Plata y el tango es su punto de anclaje. Tienen al bandoneón como timón de un barco que navega el desgarro arrabalero, pero también apuestan a la fiesta diurna con el magnetismo de otros estilos, entre los que destacan el candombe, el murgón, la cumbia y el rock. Además, estrenaron material discográfico hace pocos días: Milonga rara, segundo disco de El Engrupe –el primero fue Mundo loco en 2011– y Dele Rosca, disco debut de El Manijazo, la big band formada en 2010 que en cada show propone pogo al pulso vehemente del ska e inquieta con su milongón de amores cancelados y elegía contestataria.
En medio de un revolucionado diciembre, NaNhabló con algunos de sus integrantes sobre lo que implica andar de la mano de estos ritmos por una ciudad que se alimenta de su asociación mediática al rock.
No tan distintos
Hace calor y nos sentamos sobre el pasto en plan picnic vespertino a metros de los andenes en desuso de la ex estación de trenes Circunvalación –ramal cerrado durante la última dictadura militar–, donde la vieja edificación devino en Centro Cultural. De los manija están Toni Santamarta (primera guitarra) y Sebastián Morro (segunda guitarra y coros) y de los Engrupe: Hernán Figueroa (primera guitarra), Sebastián Cavilla (bajo y coros) y Horacio Quiroga (frontman, guitarra y composición). El cuadro se completa con el desopilante Ricardo Mascarpone, piano, percusión, bandoneón y presentador de El Engrupe.
–¿Cómo ven la escena platense, tan rockera, para bandas como El Engrupe y El Manijazo?
Sebastián Morro:— Sería bueno deconstruir el mito de La Plata como “ciudad rockera”. Soy de Cipolletti y ahí también lo que más suena es rock. Eso no significa que no existan otras expresiones. Incluso en Cipolletti cada vez hay más candombe. Pienso que es un mito, que sólo tiene más prensa. Y al mismo tiempo, la mirada es de Buenos Aires para afuera, como siempre fue en este país. De un tiempo a esta parte veo muchos charangos.
Horacio Quiroga:— Y candombe y música brasilera. En La Plata , se comenzaron a escuchar más ritmos desde que abrió la Estación Provincial (Centro Cultural del Barrio Meridiano V). También ayudó viajar a Uruguay, participar de las llamadas de candombe, escuchar la música de Jaime Roos y murga, antes difícil de conseguir. Apareció ese universo que gustó y se incorporó.
Hernán Figueroa:— El mito se sostiene por que dos mega bandas como Los Redondos y Virus salieron de acá. Entonces, el rock siempre está, es una actitud. Pero por ahí quedó en un discurso que no se renovó.
H.Q:— Bersuit y Los Piojos hicieron que se conociera el candombe y que se incorporaran al ámbito del rock elementos del folclore latinoamericano, sobre todo lo rioplatense, y los hicieron masivos. También tiene ese mérito Divididos.
—El contexto incidió profundamente en la conformación de bandas como las de ustedes…
H.Q.:— El contexto abre las puertas a toda esta música y es fundamental para que bandas como El Engrupe se nutrieran de él.
S. M.:— Hay un deseo de renovar discursos. Mucha gente se encuentra en la búsqueda de nuevas variantes y lenguajes.
H.F.:— La ciudad tiene una impronta rockera fuerte pero no es la única. Es un microclima propicio para los músicos en general; hay lugares para tocar, espacios y público. Encontrás personas para armar proyectos; de ahí a que prospere, es otra cosa.
S.M.:– La Plata tiene la Universidad en Bellas Artes, el conservatorio de música y la escuela de arte de Berisso. Con tantos músicos que vienen de todas partes, no es de esperar que todos busquen hacer rock. En todos lados hay mucho rock, incluso en Gualeguaychú, que te hace pensar en el carnaval o el chamamé. En Córdoba no todo es cuarteto. También hay regiones que se estereotipan.
Sebastián Cavilla:– El rock siempre está, y de última juega a favor porque lo tenés más a mano y se incorpora.
—¿Cómo aparece el tango en esa mezcla de estilos?
H.Q.:– En nuestro caso surgió naturalmente. Para mí llegó al ámbito del rock con Spinetta y Charly.
S.M.:– La mayoría de nosotros escuchaba tango, lo llamativo es la reapropiación de esa música tan fuerte en nuestra identidad, que resultó en la emergencia de discursos novedosos.
Tanto en El Engrupe, que apuesta a la canción rioplatense, como en El Manijazo que compone en tango-ska, la libre asociación está al servicio de las combinaciones musicales. Sin perder de vista que desde la estética sonora, visual y discursiva son el tango y la milonga la matriz fundante, el resultado es un híbrido que, lejos de deformarse, se enriquece en el contraste de géneros.
-¿Les cuesta encontrar un espacio, ubicarse en un género definido?
H.Q.:— Cuando hacés híbridos, es difícil. En una entrevista, los integrantes de La Chicana planteaban que no sabían dónde ubicar su música en la batea: tenés tango, folclore, rock nacional. Hay un término que usan en Brasil y es la “MPB” (música popular brasilera). Acá actualmente no está. Y la música popular argentina, esto que retoma lo rioplatense e incluso folclore y lo mezcla, creció muchísimo; al punto de que la Facultad de Bellas Artes creó la carrera de música popular y puso a dar clases a gente que no habían escuchado porque los referentes de esa música no estaban dentro de la Academia.
S.M.:– No hay una etiqueta para la música emergente que labura con estilos del género popular.
H.Q.:— Hay que revalorizar la música popular argentina. Lo creado por los músicos como El Chango Farías Gómez, Verónica Condomí, el Mono Insaurralde. Ellos serían la “MPA”.
Sur, callejón y después: eslabones de una estética.
“Como si camináramos por la galería de una casa chorizo, percibiendo frescura, sombras, olores y colores…una cosa sí es cierta en la partitura de la vida, y es que entre tanta mezcolanza de textura incomprensible, se dibuja extrañamente con cadencia de milonga…”. Las palabras del irrepetible Ricardo Mascarpone están escritas a fuego en la solapa del último disco de El Engrupe. Se podría añadir: para el bolsillo del caballero, la cartera de la dama, acérquese señora, a esta Milonga rara.
Y otras palabras que lo mismo huelen a milonga se imprimieron sobre el empapelado de baldosones que El Manijazo eligió para tapizar su flamante disco: “Y ahí están ustedes, los otros manijas, con toda esa energía para darle rosca al proyecto. Son la parte invisible y fundamental de éste bondi en movimiento que nos trajo hasta su casa, a su barrio. En un disco, más volviendo que llegando. Como el tango”.
Ricardo Mascarpone (o Ricardo Pérez Sbrascini) es actor y el maestro de ceremonias –vestido para la ocasión- que presenta a El Engrupe en cada show. Emulando la voz impostada de los presentadores de orquestas de antaño, su fuerza escénica viaja automáticamente a un pasado de sifones y pingüinos, muchachos con gomina y zaguán. Ni que hablar de los músicos de El Manijazo, que manejan el vestuario propio del inmigrante de la década del ´30, pero misturado con zapatillas y corte de pelo estilo hippie 2.1. Encantadores.
–Desde la escenografía, el vestuario y la onda recuperan la esencia y los valores del inmigrante que construyó una nueva cultura…
Toni Santamarta:— En El Manijazo, la vestimenta y la escenografía del conventillo es parte de la identidad de la banda. La música es algo seminal que mixtura, pero también encierra cuestiones filosóficas y de enfoque que no se limitan a lo musical. En esa época se dio esa mezcla que resultó en cultura popular. El barrio, el inmigrante, el lunfardo: todo es tango.
H.Q.:– El bandoneón no llegó tocando tango, se forjó acá. Lo que hacemos es subconsciente, no es que nos planteamos: “Vamos a buscar una estética del inmigrante”. Sale con los componentes que usamos. Más en la clase obrera. Pienso en músicos itinerantes que venían corriendo del hambre con sus instrumentos y terminaban conociendo a un negro con un tambor y a un tano con un bandoneón; en esa mezcla está el origen. Se conocían a través de la música: es como si ahora fueras a otro lugar del mundo con el bandoneón y encontraras a otro loco como vos que le gusta la música y terminaras haciendo un tango danés. La música es un gran móvil en el viaje de culturas; lo interesante de la nuestra es que es un verdadero regadero de cosas.
S.M.:– Hay un lenguaje visual fuerte. Toda la cosmovisión y vestuario, atmósferas, luces, proyecciones, el disco impreso; todo sostiene el mismo mensaje. Creo que las dos bandas también tenemos en común crear climas a partir de un lenguaje visual.

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