En una velada que prometía lo mejor del reggae en plan indie, Pety y los Reggae All Star entregó un excitante recorrido por las más excelsas bandas inglesas y jamaiquinas de los ’70 y ’80. En cambio, pese a sus esfuerzos de acercar gente del sur a su recital, la lanusense Subur Band no pudo terminar su presentación por una inspección del gobierno porteño.
Por Adrián Pérez
Fotografías de Lucía Baragli
Buenos Aires, junio 15 (Agencia NAN-2010).- En tiempos en los que cada vez es más difícil encontrar sitios para amplificar un trabajo de hormiga que se gesta a puro pulmón, las bandas independientes vienen empujando sus producciones con mucho esfuerzo, ingeniándoselas para llegar a nuevos públicos sin perder a los incondicionales que los siguen desde hace algún tiempo, con una devoción digna del feligrés dominical. ¿Cómo lo hacen? Una de esas fórmulas, que supo cosechar tan bien el «rock chabón» o «rock barrial», se consigue con una simple receta que surge de mezclar dos ingredientes, a saber: entrada al show + traslado en bondi con regreso a casa por un precio razonable. «Gente, el 12/6 Subur Band + Pety & Los Reggae All Stars en The Roxy de Palermo», anunciaba vía Facebook la formación nacida en Lanús para avisar que un micro pasaría cual lechero por «Temperley, Lomas, Banfield y Lanús. Ida y vuelta por 25 pesos».
Así fue como en un inmenso colectivo charteado, Subur Band atrajo a un puñado de pibes y pibas que llegaron el sábado pasado, desde el sur bonaerense, para acompañarlos y «hacerles el aguante» en el boliche de Palermo. Y si bien contaron con un set corto como para mostrar acabadamente lo que saben hacer, pudieron desplegar un envidiable formato de Big Band con tres vientos –incluso, con una mujer ejecutando el saxofón, algo inusual para el machismo imperante en muchos géneros musicales–, dos chicas encargadas de los coros que hicieron bailar hasta a las mesas, un prolijo set de percusión cargado de tumbadoras y, por si faltaba algo, un armoniquista invitado. Sólo bandas mainstream con una estructura aceitada y recursos disponibles pueden subir tanto músico sobre un escenario. Pero los Subur Band demostraron que ellos también pueden hacerlo y no morir en el intento.
El contexto de la fecha: las Revolution Nights, espacio que entrega lo mejor del género pero en plan “indie”. Allí se presentó la Subur Band Reggae de Lanús el sábado pasado junto a Pety y los Reggae All Star (proyecto paralelo del vocalista de Riddim). Para llegar hasta el lugar en donde se levanta el escenario, primero hay que atravesar un salón con barra pero sin más gente que los que se encargan de jugar al coctelero. Atravesando la puerta antipánico, puede verse el escenario. A la izquierda descansa una larga fila de mesas y a la derecha, sobre la pared, una pantalla intercala imágenes de video con niños y niñas jugando en la calle, un mercado callejero atestado de gente, hombres con inmensos dreadlocks bañándose en montañas de agua, la violencia por las peleas entre clanes rivales en las calles de Kingston, The Wailers, Peter Tosh y los primeros pasos musicales de un Bob Marley con pelo corto y sin rastas. Son todas imágenes que remiten a la Jamaica de hace treinta o cuarenta años atrás. El documental: Catch a Fire (1999).
El Roxy, boliche que supo abrir sus puertas en el barrio de Congreso, para mudarse más tarde cerca del Planetario y así poder coquetear con las estrellas en los Arcos de Palermo, ahora se levanta sobre el somnoliento Niceto Vega. El telón se corre antes de la 1.30 e inmediatamente aparecen los Reggae All Stars, con Andrés Castro en teclados y Matías Traut en trombón y coros (compañeros en Riddim del vocalista de Villa Urquiza). La intro acústica le da tiempo a Pety para que se adueñe del micrófono y salude al público con un «Buenas noches, bienvenidos a las Revolution Nights». Como es habitual, los localismos juegan su partido y un pibe le responde «vine desde Villa Gesell para verlos». Así comienza un excitante recorrido por las más excelsas bandas inglesas y jamaiquinas de los ’70 y ’80. En poco menos de una hora suenan versiones de Toot & The maytals, Israel Vibration o Denis Brown, entre otros.
Cerca de las 2.30 todo está preparado para que Subur Band Reggae, el plato fuerte de la noche, arremeta con su reggae sureño. Aunque minutos antes de la hora pautada, una inspección del Gobierno de la Ciudad llegó hasta el local para controlar que todo estuviese en su lugar. «Por lo general, vienen para controlar que nadie fume adentro», susurra uno de los empleados del lugar. Lo cierto es que una señora muy parecida al personaje del Pingüino, interpretado por Danny De Vito en Batman Returns de Tim Burton, parecía estar buscando el pelo al gato a medida que iba y venía, que caminaba por todo el bar. La señora con cara de pocos amigos era la señal de que algo no andaba bien.
Las sospechas toman forma cuando Subur Band no puede terminar el show de una hora que habían planeado. Fue tan intempestiva su salida del escenario que, prácticamente, no pudieron despedirse de su público. Pero sí tuvieron unos treinta minutos para tocar algunas canciones de su último disco, para escuchar el buen registro vocal del cantante Jonatan Mastroiani –con algunas características similares a la voz de Mariano Castro– y las buenas ejecuciones de Diego Leyes en la primera guitarra. Después de la intro, llegaron «Nos pertenece»; «¿Vos dónde estás?»; «Amutuy»; «Hermano» con Roco, invitado de la banda, que se destripa los labios con la armónica; «¿Cuándo será?» y casi cayéndose del escenario, la intro de «Bajo la lluvia», canción que bautiza al material de estudio de una señora banda que supo bancarse el corte abrupto e inesperado.
Sabor a poco. Ése fue el balance que arrojó el desembarco de Subur Band en la comarca que regentea el jefe de Gobierno, Mauricio Macri; el hombre de fuerte desapego y rechazo hacia las actividades culturales independientes y autogestionadas de jóvenes que recorren Buenos Aires en busca de algún espacio que acceda a difundir su arte. Así están las cosas en la ciudad de pobres corazones. Bajo una fina lluvia, los chicos y chicas que viajaron en el bondi de la alegría hasta el boliche de Palermo habrán regresado, seguramente, con algo de bronca a sus casas.