
Buenos Aires, agosto 28 (Agencia NAN-2013).- Hoy, la Corte Suprema escuchó en audiencia pública los argumentos de organizaciones de la sociedad civil, universidades y académicos que se presentaron como «amicus curiae» por parte del Gobierno nacional y Clarín en la causa que debe definir la constitucionalidad de los artículos 45, 48, 41 y 161 de la ley de medios, aquellos que reordenan el mapa mediático para evitar la monopolización de licencias. Desde NaN y junto a la Asociación de Revistas Culturales Independientes de Argentina (AReCIA) acompañamos la jornada de respaldo a la plena aprobación de la norma votada hace cuatro años por el Congreso con la convicción de que puede ser el primer paso para una comunicación que recupere el valor social y democrático, y que recupere el periodismo para los periodistas. En ese sentido, también impulsamos la Ley de Fomento a las Revistas Culturales, que viene a completar la pata gráfica de la ley de medios audiovisuales. Nuestro trabajo y respaldo no es para quedarnos en la puerta de un debate polarizado sino para exigir también que se cumpla con la asignación del 33 por ciento del espectro radioeléctrico para los medios comunitarios, populares y alternativos.
Desde aquel 7D, ya perdido entre cautelares y demoras judiciales, poco se ha avanzado en el espíritu de la ley de medios, que va más allá de la desmonopolización del Grupo Clarín, la cual deseamos y esperamos que no se repita bajo ningún otro nombre. Por eso, decidimos abrir el archivo de NaN, buscar el editorial escrita por este colectivo de periodistas en diciembre y apelar a la memoria reciente para seguir adelante por la democratización de los medios:
Pasan los días, y cada vez es mayor la intensidad de bombardeos publicitarios y operaciones mediáticas que anuncian la llegada del 7D como el Apocalipsis o el ingreso al Paraíso de la liberación de la información y la pluralidad de voces. Todo depende, claro, del lado de la raya que divide a este campo de combate por el poder simbólico de la comunicación en el que uno se pare. La aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual continúa siendo una batalla por dar, pese a la victoria obtenida luego de más de 20 años de militancia en pos de una norma que reemplazó a la legislación de la última dictadura militar.
Los que hacemos NaN no somos partícipes directos de esa lucha, no hacemos radio ni televisión, pero en tanto comunicadores no podemos no tomar posición. Lo hacemos cuando desde la Asociación de Revistas Culturales e Independientes de la Argentina (Arecia) defendemos el espíritu de la Ley de Medios presentándole al Congreso un proyecto para que la pluralidad alcance a las revistas culturales de todo el país. Lo hicimos en los foros públicos donde se discutió la ley, previo a su presentación en el Parlamento; estuvimos presentes en la calle para celebrar la aprobación; la seguimos defendiendo a diario. Por eso, creemos importante publicar nuestra postura respecto de lo que consideramos una metonimia de la Ley de Medios: la parte por el todo. La furiosa disputa por el 7D no refleja plenamente el espíritu de la ley, como sus principales combatientes exponen, exclaman a los cuatro vientos, tironeando los girones de la comprensión de los televidentes, de los radioescuchas, de los lectores. La guerra del 7D es, tanto desde el discurso del Gobierno nacional como desde el del Grupo Clarín, la metonimia del espíritu novedoso, vanguardista a nivel mundial, de la ley sancionada en 2009.
Pasaron tres años desde la aprobación de la ley y el sector de radios y televisoras comunitarias y autogestivas no tiene acceso aún a las bondades de esta legislación innovadora: el 33 por ciento del espectro radioeléctro que la norma reserva para las organizaciones sociales. Esa parte del todo que sólo entra en el 7D discursivo, elegimos mirar los que hacemos NaN. Ninguno de nosotros duda del daño que provoca al derecho a la información la instalación de poderosos grupos empresarios que monopolicen el flujo de la comunicación y uniformen el mensaje. La historia, si estamos dispuestos a cambiarla, demostró que cuando los emisores privados o estatales se reducen a pocas voces el daño es, cuanto menos, feroz. Por estos días, no dudamos del poder que el Grupo Clarín tiene en sus manos y de la imperiosa necesidad de que se ajuste a regla. Sin embargo, y sin ir más lejos, existen interlocutores que lo dirán en las siguientes páginas: la solución no está sólo en quitarle a Clarín.
Existe un espacio, un cúmulo de actores de la comunicación comunitaria y autogestiva a los que el Estado tuvo en cuenta en la palabra escrita, pero ni mira en la práctica. Reiteramos: pasaron tres años de la sanción de la ley y el sector autogestivo no ha sido nunca una opción a desarrollar como vía, si quiera complementaria, para desactivar la monopolización de la información. Ellos nacieron para luchar contra los monopolios de la comunicación, pero necesitan del Estado para fortalecerse, terminar de profesionalizarse y poder competir sin que el “gigante tomatodo” —como el titular de la Autoridad de Servicios de Comunicación Audiovisual, Martín Sabbatella, definió a los grandes grupos empresarios— siga haciendo sordas sus voces. A mediados de 2011, una quincena de medios audiovisuales aunados en el Espacio Abierto de Televisoras Populares, Alternativas y Comunitarias se vieron excluidos de la ley que por primera vez los integraba: los concursos que permitían su acceso a licencias para Televisión Digital Abierta eran no sólo excesivamente caros, sino pensados para empresas y no para colectivos con otro tipo de organización productiva. Un año después, la Afsca decidió suspender esos concursos por falta de participantes. Prometió a los medios comunitarios crear nuevos, más adecuados, específicos, que realmente los integraran. Al día de hoy, no existen.
La prioridad sigue siendo la metonimia. NaN propone romper con los monopolios desde la autogestión, la horizontalidad, la política de Estado plural. Gracias a los lectores por confiar y sostener en esta propuesta de “ingenuos”, “locos”, “adolescentes” durante 10 números. /// NaN.
*El editorial integra la edición numero 10 de revista NaN, correspondiente a los meses de noviembre y diciembre de 2012. Se trata de una publicación producida por el mismo colectivo de periodistas, fotógrafos y diseñadores que sostiene esta agencia.